logo corp hcuch
12/06/2026
Hospital Clínico Universidad de Chile

Pie plano: una condición que también puede aparecer en la adultez

Aunque suele asociarse a la infancia, el pie plano es una condición que no sólo puede acompañarte desde la niñez, sino que puede desarrollarse en la adultez. El Dr. Sebastián Gericke, traumatólogo de Clínica Universidad de Chile Quilín, explica cuáles son sus síntomas más frecuentes y qué alternativas existen para aliviar las molestias que provoca.

Se estima que el pie plano afecta a un 30% de la población adulta y ocurre cuando el arco longitudinal del pie (la curvatura natural en la cara interna) no se desarrolla completamente o pierde estructura con el paso de la vida. De esta manera, gran parte de la planta queda apoyada directamente sobre el suelo, provocando dolor, alteraciones en la marcha y limitaciones para realizar actividad física. Si bien existen distintos tratamientos, no en todos los casos va a ser necesario. La mayoría de los niños presenta un pie plano flexible, considerado una etapa normal del desarrollo. A medida que los músculos y ligamentos se fortalecen, el arco se desarrolla espontáneamente, por lo que la observación es suficiente.

"Uno nace con un pie plano. Si no es sintomático, no hay que hacer nada más que observar. El arco termina de desarrollarse alrededor de los 11 años. Después de esa edad, si el paciente presenta molestias, podemos decir que va a tener pie plano por el resto de su vida y ahí hay que empezar con un tratamiento", explica el especialista.

Sin embargo, no todos los casos comienzan en la infancia. En algunas personas el arco plantar puede colapsar progresivamente durante la adultez debido al desgaste natural de los ligamentos y tendones que sostienen al pie. Según el traumatólogo, "Nos hemos dado cuenta de que hay pacientes que tenían un pie normal y que con el tiempo comienzan a desarrollar esta enfermedad. Con la edad, los ligamentos se van aflojando o venciendo y el pie empieza a colapsar. Por eso, ya no hablamos solamente de pie plano, sino de enfermedad colapsante del pie. Es más frecuente después de los 60 años, pero hay personas que comienzan a tener síntomas mucho antes".

Sobre las razones que pueden desatar esta patología, el Dr. Gericke indica que está fuertemente ligada a un componente genético. No obstante, también advierte que el sobrepeso, el paso de los años y algunas enfermedades subyacentes inflamatorias como la artritis pueden acelerar el colapso. “Con el envejecimiento, los tejidos pierden elasticidad de forma natural, lo que puede comprometer la estabilidad del pie. Además, las enfermedades inflamatorias debilitan las articulaciones y favorecen la aparición de problemas. Aunque no está completamente demostrado, el exceso de peso también podría contribuir al aumentar la presión sobre el arco. Las personas que realizan actividad física suelen presentar menos molestias, ya que una musculatura más desarrollada compensa la deformidad”, comenta.

Los síntomas más frecuentes incluyen dolor en la planta del pie, molestias en la cara interna del tobillo, alteraciones en la marcha que se evidencian en el desgaste irregular del calzado hacia la zona del talón y dificultades para realizar ciertas actividades físicas. "Muchas veces los pacientes refieren que el pie se les va hacia adentro. Hay una desviación hacia el interior y por eso aparece un desgaste irregular de los zapatos, especialmente en el talón", menciona.

Cuando aparecen los síntomas, el tratamiento comienza con medidas observatorias como el uso de plantillas. Estas buscan mejorar la distribución de las cargas y disminuir el dolor durante la marcha. Si las molestias persisten o la deformidad progresa, pueden considerarse alternativas quirúrgicas en personas adultas. "En los casos leves usamos plantillas simples y evaluamos la respuesta durante algunos meses. Si eso no funciona, podemos utilizar plantillas más rígidas. Cuando el problema es más severo, existen distintas cirugías, dependiendo de la edad del paciente y del grado de deformidad", explica.

Dependiendo de la edad del paciente, las intervenciones pueden incluir procedimientos para corregir la alineación del pie, como osteotomías, que son cortes controlados en los huesos para modificar su posición, o artrodesis, una técnica que estabiliza determinadas articulaciones para recuperar una posición más funcional.

Si bien no es una enfermedad que se pueda prevenir, existen actividades físicas que pueden favorecer al desarrollo muscular del pie y mejorar su capacidad de compensación, especialmente en la infancia. Según el traumatólogo estas son: “Caminar descalzo, caminar en puntas de pie o hacerlo sobre la arena fortalece mucho el músculo tibial posterior, que es una de las estructuras más importantes para sostener el arco plantar”, concluyó.

Por: Rocío Cortez

Edición General: Fernanda Farfán

Comunicaciones Corporativas HCUCH