El glaucoma es una enfermedad ocular que daña progresivamente el nervio óptico, la estructura encargada de transmitir la información visual desde el ojo al cerebro. En muchos casos, este daño está asociado a un aumento de la presión dentro del ojo, conocida como presión intraocular.
Actualmente, el glaucoma es considerado la segunda causa de ceguera en el mundo, después de la catarata. La pérdida visual que produce es permanente, pero con un diagnóstico y tratamiento oportunos es posible detener o enlentecer la progresión de la enfermedad.
¿Cómo funciona la presión dentro del ojo?
En el interior de un ojo sano circula fluidamente un líquido transparente llamado humor acuoso, que se encuentra en la parte anterior del ojo y ayuda a mantener la presión ocular estable.
El ojo produce continuamente pequeñas cantidades de este líquido, el cual se elimina a través de un sistema de evacuación o drenaje microscópico ubicado en el ángulo iridocorneal, llamado red trabecular, estructura anatómica situada entre la raíz del iris y la córnea. Cuando este sistema de drenaje se obstruye o no funciona correctamente, el líquido se acumula y la presión dentro del ojo aumenta. Este aumento de presión puede dañar el nervio óptico y favorecer el desarrollo de glaucoma.
¿Qué tan frecuente es el glaucoma?
El glaucoma afecta aproximadamente al 3.4% de la población, y su frecuencia aumenta con la edad. Se estima que alrededor de 80 millones de personas en el mundo padecen esta enfermedad.
La buena noticia es que, en muchos casos, el tratamiento permite detener el daño visual. Por esta razón, mientras más temprano se realice el diagnóstico, mayores serán las posibilidades de conservar la visión.
¿Cuáles son los síntomas?
El glaucoma no produce síntomas en sus etapas iniciales. La visión central suele mantenerse normal durante mucho tiempo, y el paciente no experimenta dolor, enrojecimiento ocular ni molestias evidentes.
El daño ocurre principalmente en el campo visual, es decir, dificulta la capacidad de ver por los lados *o de reojo* cuando está mirando fijamente un punto al centro. Inicialmente, la persona comienza a perder pequeñas áreas de visión periférica de forma muy lenta y progresiva. Si la enfermedad no se trata, puede perderse gran parte de la visión lateral, quedando solo la visión central, situación conocida como visión tubular.
En etapas avanzadas, incluso la visión central puede verse afectada, lo que puede llevar a ceguera completa.
Por esta razón, realizar controles oftalmológicos periódicos es fundamental para detectar la enfermedad antes de que se produzca una pérdida significativa de visión.
El glaucoma se diagnostica mediante un examen oftalmológico completo. Durante la evaluación, el especialista puede realizar diferentes estudios, entre ellos:
● Medición de la presión intraocular
● Evaluación del nervio óptico
● Examen del campo visual
● Estudios de imagen del nervio óptico
● Evaluación del ángulo de drenaje del ojo
Dado que el glaucoma suele ser asintomático en sus primeras etapas, las revisiones periódicas son fundamentales para detectar la enfermedad de manera temprana y prevenir la pérdida irreversible de visión.
¿Qué ocurre en el nervio óptico?
El nervio óptico está formado por más de un millón de fibras nerviosas, que funcionan de manera similar a los cables de un sistema eléctrico.
Cuando estas fibras se dañan o mueren, aparecen zonas de pérdida visual llamadas puntos ciegos. En las primeras etapas, estos cambios pueden pasar desapercibidos, ya que el cerebro compensa las áreas afectadas. Sin embargo, a medida que el daño progresa y se pierden más fibras nerviosas, la pérdida visual se vuelve cada vez más evidente. Es como si una pantalla de televisión tuviera algunos pixeles apagados. Al principio son pocos y casi no se notan, pero si aumentan, la imagen comienza a perder partes.
El daño causado por el glaucoma es irreversible. No obstante, mediante tratamiento médico o quirúrgico es posible detener o enlentecer la progresión de la enfermedad.
Por ello, es fundamental realizar controles oftalmológicos periódicos y seguir las indicaciones médicas para proteger la visión.
¿Quiénes tienen mayor riesgo de desarrollar glaucoma?
Algunas personas tienen mayor probabilidad de desarrollar glaucoma. Entre los principales factores de riesgo se encuentran:
● Presión ocular elevada
● Edad mayor de 40 años
● Antecedentes familiares de glaucoma
● Miopía, especialmente miopía alta
● Personas de ascendencia africana o asiática
● Uso prolongado de corticoides
● Diabetes
● Antecedentes de traumatismo ocular
Las personas con estos factores de riesgo deberían realizar controles oftalmológicos periódicos.
Tipos más frecuentes de glaucoma
Glaucoma crónico de ángulo abierto
Es el tipo más frecuente de glaucoma. En esta forma de la enfermedad, el sistema de drenaje del ojo funciona de manera menos eficiente, lo que provoca un aumento gradual de la presión ocular.
El proceso suele ser lento y sin síntomas al inicio. Con el tiempo, el aumento de presión puede dañar el nervio óptico. El tratamiento puede incluir gotas para disminuir la presión ocular, procedimientos láser o cirugía, dependiendo de cada caso.
Uno de los tratamientos con láser utilizados es la trabeculoplastía con láser, que ayuda a mejorar el drenaje del humor acuoso y reducir la presión ocular.
Glaucoma de ángulo cerrado
Este tipo de glaucoma ocurre cuando el ángulo de drenaje del ojo se estrecha o se bloquea, impidiendo la salida normal del humor acuoso.
Cuando el drenaje se bloquea completamente, la presión ocular puede aumentar rápidamente, produciendo una crisis de glaucoma agudo, que constituye una urgencia médica.
El tratamiento suele realizarse mediante un procedimiento láser llamado iridotomía, que consiste en crear un pequeño orificio en el iris para facilitar el drenaje del líquido dentro del ojo.