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Día Mundial de la Alergia: ¿Cómo identificarlas y tratarlas?

Cada 8 de julio se celebra el Día Mundial de la Alergia, efeméride que tiene por objetivo concientizar a la población respecto de la importancia de estas patologías, sobre su prevención, diagnóstico y tratamiento. Es por esto que conversamos con la Prof. Dra. María Antonieta Guzmán, jefa de la Sección de Inmunología, Alergias y VIH de nuestro Hospital, para abordar los diferentes tipos de alergias, el impacto del cambio climático en su desarrollo y sus respectivas terapias.

Una alergia es una reacción mediada por un mecanismo de hipersensibilidad, donde el organismo se ha expuesto al alérgeno previamente y con las exposiciones repetidas se va demostrando sensibilización en diversos exámenes, efectuados ya sea en sangre o en piel. Además el paciente presenta síntomas como tos, rinorrea, rash y dificultad respiratoria ante la exposición al alérgeno, es decir, contra la sustancia a la cual los tests de diagnóstico resultan positivos. El sistema inmunológico de las personas alérgicas genera mecanismos inflamatorios como respuesta, los cuales están determinados por un anticuerpo denominado inmunoglobulina E o IgE, que es específico del alérgeno.

Según la Organización Mundial de Alergias, alrededor del 20% de la población mundial sufre de algún tipo de alergia, cifra que corresponde a 400 millones de personas aproximadamente, debutando frecuentemente desde la niñez. En Chile se realizó el estudio ISAAC en menores de edad, en el que se evidenció una prevalencia de rinitis alérgica de un 25%; asma alérgica de un 10%; dermatitis atópica, un 10%, demostrando en las tres patologías una tendencia al aumento.

Tipos de alergias

La Dra. Guzmán comentó: “Las alergias generalmente son crónicas y muy variables, dependiendo del órgano de choque al que llegan los alérgenos. Por ejemplo, las respiratorias y oculares son la rinitis alérgica, la conjuntivitis que con frecuencia acompaña a la rinitis, porque la conjuntiva ocular también sufre con las alergias y a veces son graves; y el asma alérgica. Por otro lado, otras reacciones alérgicas son la dermatitis atópica; las alergias alimentarias que tienen muchos síntomas gastrointestinales y se relacionan con la dermatitis atópica del lactante; las reacciones alérgicas súbitas y graves que requieren un manejo en servicios de urgencia (anafilaxia), porque pueden poner en peligro la vida de un paciente si no se trata de una manera adecuada y rápida. Las anafilaxias más frecuentes son las causadas por reacciones a alimentos y a medicamentos, pero también pueden asociarse a picaduras por abeja o avispa, por exposición a látex, etc., entre otras causas menos frecuentes”.

Existen cofactores que aumentan la intensidad de las reacciones o expresiones sintomáticas de las alergias alimentarias, de las cuales la especialista destacó: “Beber alcohol, la administración de antiinflamatorios y el ejercicio físico. Estas prácticas aumentan la permeabilidad intestinal, por lo que el alimento al que el paciente es alérgico entra más rápido a la sangre. Un ejemplo es la anafilaxia por alimentos y ejercicio, lo cual requiere que la persona coma el alimento del cual es alérgica, que normalmente lo tolera, y que realice actividad física dentro de las primeras seis horas de la ingesta”.

Los tests de alergias existentes son el prick test, la prueba intradérmica de lectura inmediata y tardía, las pruebas epicutáneas, medición en sangre de la inmunoglobulina E o IgE y diagnóstico molecular en alergias.

La relación entre el cambio climático, la polución y las alergias respiratorias

La urbanización y los altos niveles de emisiones de gases contaminantes por parte de vehículos están correlacionados en el incremento de enfermedades alérgicas inducidas por el polen en personas que habitan en ciudades, comparado con las que viven en áreas rurales. El gas de efecto invernadero antropogénico más importante es el dióxido de carbono (CO2), cuya concentración atmosférica ha aumentado especialmente durante las últimas dos décadas, pero los componentes más comunes de la contaminación en el aire de áreas urbanas son el dióxido de nitrógeno (NO2), el ozono (O3) y material particulado.

El NO2 es un precursor de smog fotoquímico en zonas industriales y es generado por autos, camiones junto a plantas de energía. Su exposición está asociada con un aumento en visitas a servicios de urgencia, sibilancias y uso de medicación de emergencia en menores con asma.

Por su parte, la inhalación de O3 induce daño epitelial y consiguientes respuestas inflamatorias en las vías respiratorias superiores e inferiores. La exposición a niveles atmosféricos altos de ozono provoca una reducción de la función de los pulmones, aumenta la hiperreactividad de las vías respiratorias a los agentes broncoconstrictores y es un factor de alto riesgo de exacerbaciones en pacientes asmáticos.

Por otro lado, el material particulado es una mezcla de partículas sólidas, líquidas, orgánicas e inorgánicas de diferente tamaño y composición. Su origen radica en partículas de escape diésel y juegan un rol importante en las emisiones de vehículos. Las partículas de 2,5mm de diámetro pueden penetrar las vías respiratorias inferiores y podrían ser responsables de un gran riesgo en la salud al acceder a los pulmones a nivel de los alvéolos.

En cuanto al calentamiento global, la temperatura media de nuestro planeta ha aumentado alrededor de 1°C durante el presente siglo. Se han evidenciado cambios significativos en el clima como olas de calor, sequías, inundaciones, lluvias intensas y huracanes. En cuanto a las tormentas, se han asociado como un agente para gatillar ataques de asma en pacientes que tienen alergia al polen, al inhalar una alta concentración de alérgenos que están dispersos en la atmósfera con un aumento de la humedad y bolsones de calentamiento del aire. Incluso, debido a campos eléctricos intensos, iones positivos son liberados desde el suelo y podrían adherirse a partículas o cargas eléctricas que aumentan la ruptura de polen, incrementando así la hiperreactividad bronquial. Esto es un gran factor de riesgo en pacientes que no están siguiendo su tratamiento antiasmático.

Tratamientos y/o terapias

Inmunoterapia: se trata de inyecciones subcutáneas regulares del alérgeno al que se reacciona. Son más útiles cuando la persona está monosensibilizada, por ejemplo, a polen o ácaros. Se aplica durante 4 o 5 años con el objetivo de disminuir los síntomas y uso de medicamentos. De esta manera, el paciente podría presentar una menor reacción cuando se enfrente al alérgeno particular. Sin embargo, la inmunoterapia no es necesariamente curativa. Las más exitosas son las de la rinitis y asma por sensibilización a pólenes, ácaros, y algunos epitelios animales y hongos, y alergias graves por picaduras de abejas o avispas. También existe la posibilidad de utilizar inmunoterapia sublingual, especialmente en niños.

Antihistamínicos: son medicamentos que bloquean el efecto de la histamina. Combaten la congestión, la secreción nasal, los estornudos o la picazón, la hinchazón de las vías nasales, la urticaria y otras erupciones cutáneas, la picazón y la secreción de los ojos.

Corticoides inhalados: son aerosoles nasales efectivos contra la rinitis y el asma alérgica. Su uso puede ser de manera continua o intermitente, dependiendo de las necesidades de cada paciente en diferentes estaciones del año. Son mucho más efectivos que los antihistamínicos en el control de la congestión nasal, y actúan controlando la inflamación de las vías aéreas.

Adrenalina: en casos de pacientes que presentan un shock anafiláctico, se debe administrar adrenalina o epinefrina intramuscular en dosis proporcionales a las manifestaciones clínicas y al peso de los pacientes.

*Anticuerpos monoclonales: son un complemento de las terapias anteriores y están indicados para pacientes con alergias, asma grave o con urticaria crónica refractaria al tratamiento convencional.

Recomendaciones complementarias

Aparte de evitar exponerse a las sustancias a las que se es alérgico, la Dra. Guzmán señaló: “Es relevante estar atentos ante una exposición inadvertida. Por ejemplo, un paciente que es alérgico al maní debe revisar las etiquetas de los alimentos que consume, porque podría estar el producto enmascarado en trazas. Incluso, en un vuelo se podría repartir maní y aunque el paciente no lo consuma, hay muchas personas a su alrededor que abren el envase del alimento y la persona podría respirar el contenido, desencadenando una reacción alérgica, por lo que debe portar su adrenalina autoinyectable en caso de ser necesario”.

Por: Matías Bustos

Edición general: Fernanda Farfán

Diseño web: Inti Maldonado