13/08/2026
Cirugía de estimulación cerebral profunda mejora la calidad de vida de personas con Parkinson
Tras varios años sin realizar este procedimiento, nuestro Hospital Clínico volvió a realizar la cirugía de implantación de neuroestimuladores cerebrales en pacientes con enfermedad de Parkinson. La técnica, considerada una de las principales alternativas quirúrgicas para controlar los síntomas de esta patología, reduce los movimientos involuntarios en quienes la padecen y recupera la funcionalidad. Al respecto, el Prof. Dr. Marcos Baabor, jefe de los servicios de Neurología y Neurocirugía de nuestro Hospital, explica cómo esta cirugía de alta complejidad logra devolver la calidad de vida a los pacientes y proyecta un nuevo impulso para el desarrollo de la neurocirugía funcional.
“Uno ve un cambio inmediato e increíble en la vida de los pacientes. Hay quienes no podían tragar ni los medicamentos, tenían un gran problema de deglución: ahora con la función estimuladora comen de todo. Por eso vale la pena hacerlo. Es la mejor oportunidad que tienen estos pacientes para tener una mejor calidad de vida con la enfermedad. Después de haber operado muchas cosas, pienso que la mayor función de un neurocirujano es la neurocirugía funcional, donde puedes intervenir el cerebro para devolverle la vida a los pacientes”, comentó el Dr. Baabor.
La enfermedad de Parkinson es el segundo trastorno neurodegenerativo más frecuente después del Alzheimer y afecta aproximadamente al 3% de las personas mayores de 65 años. Se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas que producen dopamina, lo que provoca síntomas como rigidez, temblores, lentitud de movimientos y alteraciones en el equilibrio. Aunque no tiene cura, existen tratamientos farmacológicos y quirúrgicos que permiten controlar los síntomas durante años y preservar la autonomía de quienes viven con esta enfermedad.
Tras cerca de seis años sin realizar este procedimiento, nuestro Hospital retomó la implantación de neuroestimuladores cerebrales profundos (deep brain stimulation o DBS), una cirugía de alta complejidad destinada a pacientes con Parkinson cuyos síntomas no logran controlarse adecuadamente sólo con medicamentos. Esta alternativa se instaló nuevamente gracias a la gestión de financiamiento para los dispositivos, ya que su altísimo costo suele ser la principal barrera de acceso.
“El estudio del Parkinson en este Hospital es antiguo. Hace mucho tiempo creé una unidad de cirugía neurofuncional: estamos hablando de hace 15 o 20 años atrás, donde hacíamos cirugía lesional. Con el tiempo la Unidad dejó de existir por diversas razones y la cirugía también cambió a lo que hacemos ahora, que son los neuroestimuladores, ya que supone un menor riesgo para los pacientes”, explicó el especialista.
A diferencia de las antiguas cirugías lesionales, que quemaban de forma permanente los núcleos en el cerebro responsables de los movimientos anormales, esta técnica utiliza electrodos conectados a un neuroestimulador que envía impulsos eléctricos para modular la actividad cerebral. El sistema tiene un software que le permite ajustarse desde un marcapasos con el tiempo, según la evolución de la enfermedad del paciente. De esta manera, presenta una alternativa reversible y mucho más flexible en el manejo del Parkinson.
“Cualquier medida, sobre todo lo que tenga que ver con el estilo de vida, no es replicable de un país a otro, a diferencia de una pastilla. Acá demostramos que las personas son capaces de entrenarse de manera metódica, sistemática, y mejorar su cognición. Como nuestra población tiene muchos factores de riesgo, esto sería una herramienta que va a tener mucho impacto”, mencionó la especialista. “Los estimuladores son dispositivos que, en vez de quemar el núcleo, lo paralizan a través de ondas eléctricas. Es espectacular porque funcionan a través de un marcapasos —como el del corazón, pero cerebral— y un software con el que puedes ir regulando su funcionamiento. Generalmente existe un impedimento económico para realizar la operación porque el aparato no lo cubre ni los seguros ni Isapre ni Fonasa. En el fondo, la gente no puede operarse por el costo millonario del aparato, no de la operación en sí, pero encontramos la forma de financiarlo. Nosotros conseguimos que la empresa que vende el dispositivo nos provea de todo lo necesario para operar dos pacientes al día por dos días y esa misma empresa viene con todos sus aparatos y nos presta un equipo de ingenieros que sabe utilizar el software”.
La cirugía requiere una planificación minuciosa y la participación de un equipo altamente especializado. Mediante imágenes de una resonancia magnética y escáner sacados el mismo día de la operación, los neurocirujanos identifican con precisión milimétrica la zona del cerebro donde debe instalarse el electrodo. Durante parte del procedimiento el paciente permanece despierto, lo que permite evaluar en tiempo real la respuesta clínica antes de implantar el dispositivo definitivamente. Posteriormente, el neuroestimulador se activa y ajusta de manera personalizada en conjunto con el equipo de Neurología.
“Los pacientes quedaron muy bien, no hubo complicaciones. Tengo un equipo súper motivado en la realización de esta técnica: los doctores Joaquín Bustos, Vásquez, Zomosa y yo. Además, contamos con el trabajo fundamental de los doctores Marcos Franchello y Juan Cristóbal Núñez, neurólogos de la Unidad de Movimientos Anormales y Parkinson, quienes son indispensables en la selección de los pacientes y en su seguimiento. Ellos, además, manejan el neuroestimulador junto con el tratamiento farmacológico de estos pacientes”.
Y continúa: “A veces las cosas cuestan, pero esta es de las mejores alternativas para tratar los síntomas del Parkinson. La enfermedad va a seguir, pero la cirugía más los medicamentos le van a dar tiempo al paciente que no podría ser obtenido de otra forma. Este es un tratamiento sintomático, justamente para mejorar la vida de las personas, mientras ellos evolucionan a la invalidez final. Porque esta enfermedad no es mortal, es invalidante”.
Según el especialista, el éxito de la técnica depende, tanto de la precisión quirúrgica como del seguimiento posterior, trabajo que se realiza de forma multidisciplinaria y coordinada. “Después de la instalación de los electrodos que conectamos con el marcapasos, hay que dejarlo reposar y se prende 15 o 20 días después. Ahí recién empieza a trabajar el neurólogo con la sintonía fina. Él decide la zona que estimula para que el efecto sea cada vez mejor. Entonces es un trabajo que agrupa a varios especialistas”.
Finalmente, para el Dr. Marcos Baabor, el retorno de esta cirugía representa mucho más que la recuperación de una técnica: también abre nuevas oportunidades para el desarrollo académico y científico de la neurocirugía funcional. “El cerebro es un órgano que todavía está tan poco estudiado que debemos tener curiosidad y entusiasmar a los jóvenes. En este momento estamos empezando por lo fácil para ganar experiencia, pero las posibilidades son enormes. Es un tremendo campo virgen en este país y donde quizás después se pueda, por ejemplo, buscar un target para adicciones o epilepsia. Además, son pocos los centros que funcionan como nosotros, que son centros universitarios, donde se hace investigación y se trabaja de forma mixta entre varias especialidades. Deberíamos aprovechar más estas oportunidades para explorar nuevas técnicas. Este centro debería ser pionero en la neurocirugía funcional, no solo en el país, sino que a nivel latinoamericano o incluso mundial, porque tenemos lo necesario”, concluyó.
Por: Rocío Cortez
Edición general: Fernanda Farfán
Fotografías: Víctor Clavijo
Diseño web: Inti Maldonado