La atención de salud no solo implica entregar cuidados clínicos de calidad, sino también garantizar una experiencia basada en la dignidad, el respeto, la empatía y el reconocimiento de las necesidades de cada persona. En Chile, distintas normativas, como la Ley de Derechos y Deberes de los Pacientes, la Ley Dominga y la Ley Mila, entre otras, han fortalecido progresivamente un enfoque de atención más humano, reconociendo derechos fundamentales como recibir información comprensible y oportuna, contar con acompañamiento, ser tratado con respeto y resguardar la intimidad y autonomía de las personas. A estas disposiciones se suman protocolos y buenas prácticas de atención respetuosa que orientan a los equipos de salud hacia un cuidado centrado en las personas y sus familias, entendiendo que la calidad asistencial también se construye en la forma en que acogemos, escuchamos, informamos y acompañamos a quienes confían su salud en nuestras manos.