02/04/2026
¿Cómo impacta el cambio de hora en el sueño y por qué es clave mantener rutinas en los niños?
Este 4 de abril comienza el horario de invierno en Chile, una modificación que puede alterar el descanso, especialmente en los más pequeños. Al respecto, especialistas de nuestro Hospital explican cómo ayudar a nuestros niños a enfrentar los primeros días tras este cambio y por qué una buena rutina de sueño es fundamental para el desarrollo infantil.
El cambio de horario es un tema polémico para muchos. Hay quienes se alegran de retrasar los relojes, pues tendrán una hora más de sueño. Otros no están muy contentos de ver que se oscurece más temprano. Sin importar de qué equipo seas, lo que es innegable es que cuesta acostumbrarse, ya que, según distintos expertos, este tipo de modificaciones puede desordenar el reloj biológico, generando efectos que van desde la somnolencia hasta dificultades en la concentración. En niños, este impacto puede ser aún más evidente.
Según el Dr. Gabriel Abudinén, neurólogo de nuestro Hospital, este sistema puede desajustarse con modificaciones bruscas, provocando insomnio, fatiga y somnolencia diurna. Además, puede tardar entre 3 y 5 días en adaptarse completamente, por lo que es importante adoptar hábitos que favorezcan una mejor adaptación, como mantener horarios regulares para dormir y despertar, evitar el uso de pantallas antes de acostarse y privilegiar ambientes adecuados para el descanso.
Si bien estos efectos suelen ser transitorios, en el caso de los niños se suma un factor clave: la importancia de contar con una rutina de sueño bien establecida. La Dra. Mariela Muñoz, jefa del Servicio de Pediatría de nuestro Hospital, enfatiza que el descanso adecuado varía según la etapa de desarrollo y cumple un rol esencial en el crecimiento físico y cognitivo.
“Las necesidades de sueño varían según la edad y el desarrollo. Mientras un recién nacido de cero a tres meses puede dormir entre 15 y 17 horas al día, a partir de los cuatro meses ese tiempo disminuye a entre 12 y 15 horas. En la primera infancia, los niños de uno a dos años requieren entre 11 y 14 horas de sueño; los preescolares, entre 10 y 13, y en la etapa escolar, desde los 6 a 12 años, se recomienda entre 9 y 12 horas. En tanto, los adolescentes hasta los 18 años, van a requerir entre 8 y 10 horas diarias. Entonces, los cambios de horario vienen a desordenar estos ciclos, incluyendo las siestas en los más pequeños, al alterar el ritmo biológico de los niños. Por lo tanto, es necesario facilitar la adaptación con tiempo,” explicó la especialista.
Si las horas de sueño cambian, lo queramos o no, también lo hace la rutina. Este desfase no siempre va a manifestarse como cansancio evidente, también puede confundirse con problemas conductuales. “En sí, la falta de sueño puede verse como irritabilidad, dificultad para concentrarse, hiperactividad o problemas de conducta, incluso, somnolencia durante el día o gran dificultad para despertarse en la mañana. Ahora, como los cambios de horario pueden alterar el ritmo biológico, se adhieren síntomas como la dificultad para conciliar el sueño, incluso cuando hay cansancio evidente; despertares nocturnos y menor rendimiento escolar”, advierte la especialista.
En este contexto, establecer una rutina clara y constante se vuelve fundamental, especialmente en periodos de ajuste de horario para hacer la transición más amena. Según la Dra. Muñoz, “una rutina de sueño consistente ayuda a que el niño se prepare física y emocionalmente para descansar. Es importante definir horarios regulares para acostarse y levantarse que incluyan los fines de semana, crear una rutina con ambiente tranquilo previo al sueño, mantener un ambiente adecuado que sea oscuro y silencioso, y evitar pantallas al menos dos horas antes de dormir. La consistencia es clave, incluso si al inicio cuesta que el niño se adapte”.
Respecto al cambio de hora, la pediatra recomienda acompañar el proceso con ajustes progresivos y hábitos saludables que faciliten la adaptación. “Para enfrentar el cambio de horario, se sugiere adelantar o retrasar gradualmente los horarios de sueño en los días previos (15–20 minutos por día), exponer a los niños a luz natural en la mañana para ayudar a regular el reloj biológico y mantener rutinas estables de alimentación, actividad física y descanso. También es importante evitar siestas muy tardías o prolongadas durante este periodo”, indica la pediatra.
Finalmente, la Dra. Muñoz subraya que “en caso de persistencia del problema, es necesario consultar con su pediatra para buscar otras alternativas”.
Por: Rocío Cortez
Edición General: Fernanda Farfán
Comunicaciones Corporativas HCUCH