Hospital Clínico Universidad de Chile
03/06/2026
Hospital Clínico Universidad de Chile

Hablemos sobre esquizofrenia

Especialistas de nuestro Hospital y la Facultad de Medicina de la U. de Chile abordaron los síntomas y factores de riesgo, la importancia del diagnóstico temprano y los desafíos pendientes para mejorar la atención y disminuir el estigma asociado a esta enfermedad.

Especialistas de la Clínica Psiquiátrica Universitaria (CPU), entre ellos los psiquiatras Pablo Gaspar y Manuel Reyes —jefe de la Unidad de Psicosis— y la doctora y psicóloga Rocío Mayol, directora del Laboratorio de Psiquiatría Traslacional, junto al psicólogo y académico de la Universidad de Chile Gianfranco Foschino, reflexionaron sobre los principales desafíos clínicos, sociales y comunitarios que enfrenta el país en torno a la esquizofrenia. Asimismo, entregaron herramientas para comprender esta enfermedad desde una mirada más humana e integral, en el marco de una fecha destinada a visibilizar un trastorno históricamente rodeado de prejuicios y desinformación.

Más allá de los prejuicios

La esquizofrenia es un trastorno de salud mental, habitualmente crónico, que suele manifestarse entre la adolescencia tardía y el inicio de la adultez, y cuya causa directa aún se desconoce. “Aparece entre los 15 y 30 años, y sus síntomas pueden incluir alteraciones en la percepción de la realidad, dificultades en el funcionamiento cotidiano, aislamiento social, síntomas anímicos —como tristeza, miedo y ansiedad— y experiencias psicóticas, como alucinaciones o ideas delirantes”, señaló el doctor Manuel Reyes. 

Históricamente, ha sido entendida como una enfermedad incapacitante, visión que hoy ha sido cuestionada por la evidencia clínica y científica: “Antes se pensaba que las personas que la padecían no podrían llevar una vida normal. Hoy sabemos que existen distintas trayectorias y que, si se pesquisa e interviene tempranamente, el pronóstico puede ser mucho mejor, señaló el doctor Manuel Reyes.

En esa línea, el doctor Reyes aclaró que, si bien la esquizofrenia suele confundirse en el debate público y mediático con la psicosis, ambos conceptos son distintos: La psicosis es un estado mental de desconexión con la realidad, en el que las personas tienen dificultades para distinguir lo real de lo que no lo es. Este fenómeno puede presentarse en distintos trastornos de salud mental, como el trastorno bipolar o la depresión. Sin embargo, la enfermedad más representativa de la psicosis es la esquizofrenia, donde constituye un elemento central. En otros cuadros, como el trastorno bipolar, puede aparecer de manera secundaria. Muchas veces, hoy se utiliza el concepto de psicosis también para intentar disminuir el estigma asociado a la palabra esquizofrenia”, indicó.

Vulnerabilidad, factores de riesgo y señales de alerta temprana

La aparición de la esquizofrenia no obedece a una causa única, sino que se explica por una combinación entre factores de vulnerabilidad (biológica) y factores gatillantes (ambientales), lo que produce un desbalance que afecta la plasticidad y funcionalidad del cerebro.

Entre los primeros se encuentra la vulnerabilidad genética y neurobiológica, con una heredabilidad estimada de un 80%. “Esto significa que el riesgo aumenta de forma escalonada según el grado de parentesco con una persona que padezca la enfermedad”, explicó la doctora Rocío Mayol. También son relevantes los factores prenatales y perinatales: “El neurodesarrollo temprano es clave. Las infecciones virales de la madre durante el segundo trimestre de embarazo, como la influenza o la rubeóla, constituyen un factor de riesgo para el futuro desarrollo de la enfermedad”, añadió.

Asimismo, entre los factores ambientales y psicosociales, una mayor carga de estrés puede detonar los síntomas en población vulnerable. Dentro de estos se encuentran “la urbanicidad (nacer y crecer en entornos urbanos), la adversidad socioeconómica, la contaminación, la falta de cohesión social, así como el trauma y la adversidad temprana”, mencionó la psicóloga. Además, “se ha documentado que las personas migrantes de primera y segunda generación, y las minorías étnicas y sociales que habitan en barrios de bajos ingresos pueden enfrentar condiciones de vulnerabilidad adicionales”, agregó.

En ese contexto, destacó que uno de los factores ambientales más estudiados es el consumo de sustancias durante la adolescencia, especialmente de cannabis, en personas con mayor vulnerabilidad neurobiológica. “La cannabis no causa esquizofrenia por sí sola, pero sí puede precipitar síntomas psicóticos en personas vulnerables. El uso frecuente durante etapas tempranas puede duplicar los riesgos de psicosis, actuando como un gatillante”, afirmó.

Las primeras señales de alerta de aparición de esquizofrenia, en su mayoría, suelen ser muy inespecíficas y a menudo pueden confundirse con los cambios emocionales propios de la adolescencia. Sin embargo, según el profesor Gianfranco Foschino, hay varios signos a los que se debe prestar especial atención: “En etapas tempranas de la enfermedad, empiezan a aparecer alteraciones del ánimo y sentimientos de extrañeza, cambios en la forma de pensar o experiencias perceptuales poco habituales. Esto no necesariamente significa que una persona desarrollará esquizofrenia, pero sí son indicios que requieren atención y acompañamiento”, sostuvo.

Dentro de las señales a tener en consideración, se encuentran:


• Oír voces o ver cosas que no existen.

• Creencias firmes que no son reales (por ejemplo, pensar que los están siguiendo o que alguien quiere hacerles daño).

• Hablar de forma confusa o saltar de una idea a otra.

• Evitar a amigos y familiares.

• Actuar de forma extraña o muy emocional.

• Dejar de lado el cuidado personal (por ejemplo, no ducharse ni comer con regularidad).

• Problemas en la escuela o en el trabajo (por ejemplo, no lograr avanzar a la par de los compañeros, o no cumplir con los plazos de entrega).


La pérdida de funcionalidad constituye un indicio fundamental: “La persistencia y el impacto funcional de los síntomas son elementos clave para diferenciar cambios esperables de la adolescencia de señales que requieren evaluación clínica. La tristeza ocasional o ciertas conductas de aislamiento pueden formar parte del desarrollo adolescente. El problema aparece cuando esos síntomas se vuelven persistentes y afectan la capacidad de estudiar, relacionarse o desenvolverse socialmente”, afirmó el doctor Manuel Reyes.

Diagnóstico oportuno y tratamiento para una mejor calidad de vida

El diagnóstico y la detección temprana de la esquizofrenia son fundamentales para mejorar el pronóstico de quienes viven con esta enfermedad. Identificar los primeros signos e intervenir oportunamente permite modificar de manera significativa la evolución del cuadro clínico, favoreciendo una mejor calidad de vida y mayores posibilidades de integración social, académica y laboral.

En ese sentido, el doctor Manuel Reyes explicó que la intervención precoz “abre una importante ventana de oportunidad para evitar que los síntomas iniciales progresen hacia manifestaciones más severas. Incluso cuando la enfermedad finalmente se desarrolla, un abordaje temprano puede retrasar su aparición durante varios años, permitiendo que adolescentes y jóvenes continúen desarrollando habilidades sociales, emocionales y cognitivas esenciales para enfrentar de mejor manera el proceso de la enfermedad”, afirmó.

Sobre lo mismo, la profesora Mayol añadió que intervenir precozmente permite acompañar a las personas en momentos de alta angustia: “El acompañamiento temprano ayuda a que las personas comprendan las experiencias y alteraciones que están viviendo, disminuyendo la ansiedad y el desconcierto que suelen acompañar los primeros episodios, lo que también favorece una mejor toma de decisiones protectoras, como evitar el consumo de drogas u otros factores que puedan actuar como desencadenantes de crisis psicóticas. Cada episodio psicótico no tratado genera consecuencias neurobiológicas acumulativas, por lo que retrasar la atención puede tener efectos significativos en la evolución clínica de las personas”. Por ello, insistió en que “una intervención oportuna no solo mejora el bienestar emocional y social de los pacientes, sino que también contribuye a proteger la salud cerebral a largo plazo, reduciendo el impacto de la enfermedad y favoreciendo una evolución más favorable”.

Esta intervención oportuna está asociada a recibir un tratamiento adecuado. “Durante las últimas décadas, el tratamiento de la esquizofrenia ha experimentado importantes cambios, dejando atrás una mirada centrada en lo farmacológico, para avanzar hacia un enfoque integral y multidisciplinario”, señaló el doctor Reyes. “Si bien el tratamiento con medicamentos sigue siendo fundamental para controlar los síntomas y prevenir recaídas, ya no se considera suficiente por sí solo. Se requiere de estrategias terapéuticas orientadas al bienestar global de las personas”, aseguró.

En esa línea, la doctora Rocío Mayol explicó que el abordaje actual incorpora intervenciones no farmacológicas como la psicoterapia —idealmente con enfoque cognitivo-conductual—, la terapia ocupacional, la psicoeducación y la rehabilitación cognitiva. “Estas herramientas buscan fortalecer la autonomía, las habilidades sociales y el funcionamiento cotidiano de los pacientes, favoreciendo procesos de recuperación más amplios y sostenidos en el tiempo”, afirmó.

Asimismo, el doctor Reyes destacó que el concepto de “recuperación” ha cambiado: “Hoy se entiende que las personas pueden mantener algunos síntomas y aun así desarrollar una vida plena. Por ello, el foco del tratamiento pasó de centrarse en ‘hacer desaparecer’ los síntomas, a promover la independencia, la reinserción ocupacional y una mejor calidad de vida”.

Por otra parte, la doctora Mayol resaltó que actualmente existen iniciativas innovadoras de tratamiento, que no se limitan al desarrollo de nuevos medicamentos. “Entre los avances recientes está el uso de herramientas de realidad virtual para trabajar síntomas positivos y fortalecer la regulación emocional; además de aplicaciones móviles que funcionan como apoyo terapéutico y dispositivos de psicoeducación para los pacientes”.

Sobre esto, el doctor Pablo Gaspar agregó que a estas iniciativas se suma “el desarrollo de algoritmos y biomarcadores que buscan mejorar la precisión y oportunidad de los diagnósticos, así como un cambio de paradigma clínico que incorpora activamente la experiencia de los propios pacientes en las decisiones terapéuticas. En este contexto, iniciativas como las voluntades anticipadas permiten que las personas participen de manera más activa en la planificación de sus tratamientos y cuidados. No basta con replicar experiencias exitosas de países desarrollados, sino que es necesario considerar las determinantes sociales, brechas de acceso y particularidades del sistema de salud chileno para implementar estrategias realmente efectivas y sostenibles”, afirmó el psiquiatra.

Chile y los desafíos pendientes

En Chile, la cobertura de salud actual para el tratamiento de la esquizofrenia presenta un panorama que combina avances importantes en materia de políticas públicas con múltiples desafíos a nivel clínico, estructural y social. Un aspecto sumamente positivo es que la esquizofrenia es una patología cubierta por las Garantías Explícitas en Salud (GES), lo que asegura garantías de acceso y oportunidad para los tratamientos, situando a Chile en una posición bastante más avanzada en comparación con otros países del sur global. “Tenemos un buen piso al ser una enfermedad cubierta por GES, lo que asegura el acceso y oportunidad de tratamiento. El desafío ahora es complejizar y ampliar las prestaciones, fortalecer las intervenciones preventivas y llegar antes del debut de la enfermedad”, aseguró el doctor Manuel Reyes.

Otra de estas es la concentración geográfica de los servicios: “La atención especializada sigue muy concentrada en la Región Metropolitana y algunas capitales regionales, lo que dificulta enormemente el acceso para las personas de zonas rurales o regiones extremas”, señaló la doctora Mayol. Además, existe una escasez de especialistas: “El número de psiquiatras en el país está por debajo de los promedios de la OCDE, y la mayoría de ellos se concentra en el sector privado, siendo necesario aumentar su presencia en la red de salud pública”, añadió la psicóloga.

Además, actualmente existe una dependencia del modelo hospitalario, por lo que las labores de prevención y detección temprana en población vulnerable son poco accesibles para las comunidades. “Lo ideal sería avanzar hacia estrategias insertas en la comunidad y en la atención primaria, donde adolescentes y jóvenes puedan consultar tempranamente y recibir acompañamiento oportuno, disminuyendo las barreras de acceso. Esa es una de las grandes oportunidades que tenemos como sistema de salud y como sociedad”, señaló el doctor Reyes.

Por otra parte, el doctor Pablo Gaspar sostuvo que es necesario adaptar la estrategia de salud mental al contexto local: “El desafío es integrar una mirada académica y clínica que considere los determinantes sociales locales, junto con la mirada de personas que padecen la enfermedad, desde su experiencia personal y a modo de voluntades anticipadas. Hay que entender que el abordaje multidisciplinario de la esquizofrenia en Chile enfrenta barreras distintas a las de países desarrollados, por lo que la estrategia implementada debería ir acorde a las necesidades de nuestro país”.

Finalmente, el alto nivel de estigma que enfrentan las personas con esquizofrenia continúa siendo uno de los principales desafíos. “El persistente prejuicio social hacia quienes viven con esquizofrenia genera importantes barreras que dificultan su vida cotidiana. Muchas veces enfrentan dificultades para acceder a un trabajo o integrarse plenamente en espacios sociales. Aún persisten creencias erróneas que asocian automáticamente la esquizofrenia con violencia, incapacidad o marginalidad. Se suele pensar que las personas con esquizofrenia están ‘locas’, que son violentas o que no pueden llevar una vida normal”, afirmó el psicólogo Gianfranco Foschino.

El llamado de los especialistas es a fortalecer el diagnóstico temprano, ampliar el acceso a tratamientos integrales y derribar los estigmas que aún rodean a la esquizofrenia, una enfermedad que, con el acompañamiento adecuado, puede permitir a las personas desarrollar una vida cotidiana plena, autónoma y con integración social. “Es fundamental entender que los pacientes con esquizofrenia, antes que nada, son personas con derechos, que sienten y merecen respeto. Toda atención debiese partir desde esa base”, concluyó el profesor Gianfranco Foschino.

Por: Facultad de Medicina, U. de Chile

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