29/09/2026
Ansiedad y depresión en adultos mayores: cuando el dolor físico tiene un origen emocional
Dolores de cabeza, molestias digestivas, tensión muscular o incluso cambios en la presión pueden aparecer o intensificarse frente a situaciones de estrés, ansiedad o depresión. El Dr. Rafael Jara, geriatra de nuestro Hospital, explica cómo se produce esta relación y por qué estos síntomas deben ser tomados en serio.
En Chile, un 11.9% de las personas mayores de 65 años presentan algún tipo de trastorno mental, siendo la depresión y ansiedad algunos de los más frecuentes en ellos. Ambas condiciones pueden manifestarse no sólo a nivel emocional, sino a través de síntomas físicos. Un dolor de cabeza que aparece siempre a la misma hora, un malestar estomacal que no parece tener explicación o una presión que se eleva después de una situación de preocupación pueden generar un círculo difícil de romper: la persona se siente mal, se preocupa por lo que le ocurre y esa misma preocupación puede aumentar las manifestaciones físicas.
En las personas mayores, esta relación entre salud emocional y física puede ser especialmente relevante. La ansiedad es una respuesta frente a situaciones que generan preocupación, miedo o estrés. “Hay una relación bidireccional; la mente alimenta las enfermedades y las enfermedades a la mente. Se puede estar ansioso, sin estar enfermo, y aun así tener descompensaciones. Muchas veces es una suerte del dicho del huevo y la gallina. El miedo por el síntoma provoca la enfermedad y la enfermedad provoca miedo generando síntomas”, comenta el Dr. Jara.
Según explica el especialista, “cuando los adultos mayores presentan reacciones por ansiedad prolongada, los niveles de cortisol se elevan generando distintas reacciones en el organismo”. Por ejemplo, “se altera el sistema inmunológico, las enfermedades infecciosas tienen peor evolución, hay mayor riesgo de cáncer de páncreas, hematológicos, linfomas, leucemia. También está asociada a más enfermedades autoinmunes, como el lupus y las vasculitis, y a otros trastornos como enfermedades cardiovasculares. La depresión cursa con niveles bajos de serotonina, lo que aumenta la probabilidad de que las plaquetas interactúen y pueden provocar trombos”, indicó.
En personas mayores no sólo hablamos de posibles enfermedades; la depresión y la ansiedad también pueden expresarse en molestias que afectan directamente la vida cotidiana. “Las manifestaciones somatomorfas, o lo que llamábamos somatizaciones, son muy comunes. La cefalea tensional, dolor a los lados de la cabeza y en la región de la nuca que se irradia al cuello, alteraciones digestivas como colon irritable, meteorismo y estitiquez o diarrea sin explicación. También signos de fibromialgia, o sea, dolores difusos en muchas zonas del cuerpo. El dolor crónico genera depresión, pero la depresión también estimula el dolor crónico. Muchas veces un coadyuvante del tratamiento del dolor crónico es el uso de antidepresivos”, detalló el especialista.
La relación también puede expresarse a nivel cognitivo. En las personas mayores, la depresión puede presentarse con deterioro cognitivo y la ansiedad puede afectar procesos como la memoria, el cálculo y el lenguaje. A esto se suma la anhedonia, es decir, la pérdida de la capacidad de disfrutar, que puede llevar progresivamente al aislamiento y a una menor vida social. “En los jóvenes es habitual ver síntomas de tristeza, sentimiento de inutilidad y pesimismo relacionados a la depresión. En los mayores vemos eso, pero además vemos deterioro cognitivo. Hemos visto casos de personas con un deterioro cognitivo importante y este estaba más asociado a una depresión que a un Alzheimer”.
Si bien esta sintomatología proviene de un lugar emocional, el Dr. Jara llama a tomarla en serio pues estamos frente a dolores reales. “Las personas no deben ser desestimadas por el hecho de tener un componente emocional en sus dolencias. A los mayores les afectan más los cambios porque tienen menos reserva de capacidades para enfrentarlos. Si, por ejemplo, asocia la llegada de los hijos desde su trabajo a una situación de estrés y eso provoca cefalea, el dolor de cabeza es real”.
Por ello, una vez descartado un problema físico, abordar el entorno y la rutina de la persona también puede ser parte de la ayuda. El geriatra sostiene: “Vi muchas veces el cuadro de colitis irritable asociado a la rutina familiar de la tarde. Se saca a la persona de la rutina y el cuadro pasa. Hay que tratar de que el cambio sea hacia algo que les genere entusiasmo, les ayuda mucho el ejercicio, luz solar, relaciones interpersonales, contactarse con los amigos, participar en actividades y tener días exigentes. También es importante recordar que la evaluación del estado de salud con un geriatra es muy útil para detectar cuándo detrás de un conjunto de molestias hay un problema de salud mental que requiera atención.”, concluyó.
Por: Rocío Cortez
Edición General: Fernanda Farfán
Comunicaciones Corporativas HCUCH