Hospital Clínico Universidad de Chile
19/10/2026
Hospital Clínico Universidad de Chile

Estimulación cerebral profunda: el tratamiento que permite a pacientes con Parkinson recuperar su autonomía

Tras la reactivación de la cirugía de estimulación cerebral profunda en el Hospital Clínico Universidad de Chile, tres de los cuatro pacientes operados por el mismo equipo médico cuentan los cambios que han experimentado con el dispositivo DBS. Si bien el procedimiento no cura la enfermedad, es la mejor herramienta disponible para permitirle a quien la padece controlar mejor sus síntomas recuperar su autonomía. A pesar de ello, su principal barrera de acceso sigue siendo su alto costo inicial.

“Fue como que me quitaran un chaleco de fuerza”. Así describió Luis Rodríguez los efectos de la estimulación cerebral profunda (DBS) después de más de diez años conviviendo con un Parkinson que mezclaba temblores, rigidez y niebla mental. Oriundo de La Serena y funcionario de Carabineros durante 35 años, Don Luis siempre llevó una vida activa: hacía ejercicio, jugaba fútbol y, por su trabajo, realizaba patrullajes a caballo que podían durar cuatro días en el sur de Chile. Diagnosticado en 2015, su enfermedad comenzó como una molestia cualquiera en el brazo. Según cuenta, antes del implante, a causa de la rigidez necesitaba ayuda incluso para taparse de noche. Hoy, sigue en proceso de calibración del dispositivo, pero ya habla de recuperar aquello que la enfermedad le quitó.

“Tenía momentos off durante el día. Usted me hacía una pregunta y procesar una respuesta me costaba mucho. En realidad, el Parkinson no es una enfermedad que afecta solamente algunos órganos, afecta la vida diaria completa (...) Cuando constaté que tenía enfermedad, empecé a hacer averiguaciones propias. Ahí supe del dispositivo DBS y luego empecé a buscar cómo podría calificar para que me lo implantaran porque era muy caro (...) La doctora que me atendió en Coquimbo me recomendó venir acá porque, como fui funcionario de carabineros y había un convenio entre el Hospital y Dipreca, así pude acceder a través de los convenios y afortunadamente califiqué para que me operaran. Se me abrieron las puertas como para nacer de nuevo”, comentó Rodríguez.

Luis fue uno de los cuatro pacientes que se realizaron la cirugía de implantación de neuroestimuladores cerebrales en nuestro Hospital el pasado julio. Su experiencia es distinta a la de Myrtha Vizcarra y Jaime Mena, pero los tres comparten algo: el tratamiento farmacológico ya no era suficiente. Myrtha fue diagnosticada a los 56 años y, pese al Parkinson, mantiene una vida muy activa: nada, va al gimnasio, camina y disfruta bailar cueca con su marido. En su caso, el principal problema eran los temblores. Jaime, en cambio, fue diagnosticado en 2016 y desarrolló principalmente rigidez. Pasó de jugar a la pelota y bailar twist a necesitar apoyo para desplazarse y organizar su vida en torno a los medicamentos.

“Es una cirugía en la que implantamos un cable muy delgado (electrodo) en áreas profundas del cerebro. Este cable se conecta a un dispositivo similar a un marcapasos ubicado en el pecho, el cual envía señales eléctricas para regular el movimiento. Con esto logramos reducir el temblor, los periodos de rigidez y lentitud (OFF), disminuir los movimientos involuntarios (disquinesias) y reducir la cantidad de medicamento. Aunque no cura la enfermedad ni frena su avance, mejora significativamente funcionalidad y la calidad de vida de los pacientes”, explicó el Dr. Juan Cristóbal Núñez, neurólogo de la Unidad de Movimientos Anormales y Parkinson.

En los días posteriores a la cirugía, es común observar una mejora temporal de los síntomas debido a una leve inflamación pasajera en la zona implantada (conocida como efecto microlesional). Sin embargo, el verdadero tratamiento comienza entre tres y cuatro semanas después, cuando la zona ha cicatrizado y el dispositivo finalmente se enciende. Es en esta etapa donde el trabajo del neurólogo resulta fundamental para realizar la "sintonización fina". A través de controles periódicos, se va ajustando la programación del estimulador y, en paralelo, se van modificando las dosis de los medicamentos. Este proceso de calibración puede extenderse durante varios meses para adaptar el tratamiento a la respuesta de cada paciente.

“A través de una conexión inalámbrica podemos calibrar de forma precisa los parámetros de la estimulación eléctrica. Esto nos permite ir modulando síntomas como el temblor, la lentitud o la rigidez, buscando siempre el beneficio máximo y evitando estimular zonas que puedan generar efectos no deseados, como hormigueos, problemas en el habla, contracciones musculares involuntarias, mareos o alteraciones visuales. Una de las grandes ventajas de esta terapia es que es totalmente personalizable y dinámica: se puede ir ajustando de manera continua a medida que la enfermedad avanza”, explicó el Dr. Núñez.

La señora Myrtha Vizcarra, diagnosticada con Parkinson a los 56 años, ya lleva su segundo ajuste del dispositivo y, aunque todavía se encuentra en una etapa inicial, ya percibe diferencias. “Yo lo tengo cargado al mínimo, en 0,5 o 1, pero yo siento y me doy cuenta de que estoy mejor. Siempre me dicen, ‘Pero cómo tienes Parkinson si no se te nota’. Aún tengo temblores, pero no en la cantidad que yo manifestaba. Voy a un club de adulto mayor y un compañero me preguntó ayer cómo estaba, le conté que tenía control y me dijo ‘te va a ir bien’. Entonces, le dije, ‘¿cómo sabes tú?’ y me dijo: ‘Te he observado toda la tarde y no se te ha movido ni un brazo’. Son cosas que ya ve la gente”.

Si bien esta intervención es una excelente alternativa para la enfermedad de Parkinson, no todos los pacientes son candidatos. Se estima que entre un 10% y un 15% de las personas diagnosticadas cumplen con los criterios necesarios, los cuales se determinan tras una evaluación exhaustiva. En esta valoración se analiza la evolución de la enfermedad, la presencia de fluctuaciones motoras o movimientos involuntarios, la buena respuesta previa a los medicamentos, así como la ausencia de deterioro cognitivo relevante y un estado de salud mental estable.

Don Jaime Mena pasó varios exámenes antes de calificar a la cirugía: neurólogo, neuropsiquiatra, psicólogo, entre otros. Su hija Javiera recuerda que, antes de la operación, el Parkinson había llegado a afectar su voz, movilidad e independencia. Tomaba medicamentos cada tres horas y debía considerar los tiempos de ayuno para cada dosis, aislándose socialmente. “Muchas personas están sensibilizadas con el Parkinson como una enfermedad de temblores, pero hay una gran población cuyo síntoma principal es la rigidez. Él ya no sonreía, no hablaba, no se le entendía, no caminaba. El día de la operación tuvo que dejar los medicamentos y el nivel de rigidez era impresionante. Los médicos nos cuentan la dificultad que tuvieron para pasarlo a la camilla de pabellón y, como es una cirugía en que está consciente, cómo empezaron a observar al tiro los cambios. Cuando recién salió y escuchamos la claridad de su voz, fue como: ¡Wow! Y eso que está apagado”.

Una alternativa efectiva, pero de difícil acceso

La experiencia de los tres pacientes ocurre en un contexto en que el acceso sigue siendo una de las principales dificultades para este procedimiento. Aunque la evidencia internacional muestra que la estimulación cerebral profunda puede ser costo efectiva en el mediano y largo plazo, el alto costo inicial del dispositivo limita su disponibilidad en Chile.

“En diversos países, estos dispositivos cuentan con cobertura de salud pública gracias a la contundente evidencia que demuestra su costo-efectividad: no solo mejoran la funcionalidad del paciente, sino que reducen significativamente el gasto en salud a mediano y largo plazo, especialmente en personas jóvenes en edad laboral. En Chile, las garantías GES cubren la atención y los medicamentos para la enfermedad de Parkinson, pero no el dispositivo ni la cirugía de estimulación cerebral profunda. Por su parte, la Ley Ricarte Soto financia esta tecnología sólo para la distonía generalizada. Así, el alto costo sigue siendo la principal barrera de acceso en nuestro país. Esperamos que esta situación cambie pronto para que todos los pacientes que sean candidatos puedan beneficiarse de esta terapia”, concluyó el Dr. Núñez.

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Por: Rocío Cortez

Edición General: Fernanda Farfán

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