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Perfil clínico, social y asistencial de pacientes hospitalizados en un servicio de medicina
interna de un hospital universitario
Background: Internal medicine services play a central role in the hospital care of patients with multimorbidity, social vulnerability, and complex care needs. Characterizing this population is essential to better understand clinical burden, hospital care pathways, patient safety events, and outcomes in high-complexity hospitals. Aim: To characterize the clinical, social, and care-related profile of patients hospitalized in a high-complexity internal medicine service, and to describe their main care pathways, safety events, and hospital outcomes. Methods: A descriptive observational study was conducted in the Internal Medicine Service of the Hospital Clínico de la Universidad de Chile. A cross-sectional census of hospitalized patients was performed on June 18, 2025 (n = 30), complemented by a retrospective analysis of institutional records, including clinical management data, hospital transfers, patient safety notifications, and in-hospital emergency activations. Data was analyzed using descriptive statistics. Results: The mean age was 63.8 years (SD 17.8), and 19/30 patients (63.3%) were female. Per capita income was ≤ CLP 200,000 in 40% of patients, 53.3% had not completed formal education, and 36.7% had some degree of functional dependency. Multimorbidity was frequent, with two or more comorbidities in 27/30 patients (90%). The main source of admission was a critical care or intermediate care unit (15/30; 50%), followed by the Emergency Department (10/30; 33.3%). Median length of stay in the Internal Medicine service was 4.5 days (IQR 2.0–11.0), while the estimated total hospital length of stay was 12 days (IQR 5.0–24.0). In historical clinical management records, in-hospital mortality was 21/149 patients (14.1%), mostly in the context of limitation of therapeutic effort (20/21; 95.2%). No 7-day readmissions were recorded among patients discharged alive. Between January and May 2025, 36 patient safety notifications were analyzed, with a rate of 4.95 per 1.000 patients cared for; most corresponded to adverse events (29/36; 80.6%). Conclusions: Patients hospitalized in internal medicine showed high multimorbidity, social vulnerability, functional dependency, and complex care needs. These findings support the need to strengthen interdisciplinary care models, patient safety strategies, early discharge planning, and continuity of care in high-complexity hospitals.
Keywords: internal medicine, hospitalization, comorbidity, functional status
Rev Hosp Clín Univ Chile 2026; 37: 107 - 19. DOI: 10.5354/2735-7996.2026.83023
Valentín López F., Gonzalo Díaz V., Fabián Miranda O., Sebastián Chávez A., Francisco González A., Camila Valencia M., Natalia Sarmiento F., Alejandro Feliu S., Benjamín Lewkow G., Ariane Hernández K., David Valdés G., Magdalena Schwerter T., Gustavo Vial B.
Los servicios de medicina interna cumplen un rol central en la atención hospitalaria de pacientes adultos con enfermedades agudas y crónicas complejas. En estos servicios se concentra una población heterogénea, frágil, con riesgo de dependencia funcional con necesidad de apoyo interdisciplinario y alto uso de recursos diagnósticos y terapéuticos. Estudios internacionales han mostrado que los pacientes hospitalizados en unidades de medicina interna presentan una elevada carga de enfermedad, múltiples diagnósticos concurrentes, estadías hospitalarias relevantes y desenlaces clínicos variables(1).
Este fenómeno adquiere especial relevancia en el contexto del envejecimiento poblacional. En Chile, la proporción de personas mayores ha aumentado progresivamente, junto con una mayor prevalencia de enfermedades crónicas, discapacidad y dependencia(2,3). La multimorbilidad se ha asociado a mayor riesgo de hospitalización y rehospitalización, lo que incrementa la presión sobre los servicios hospitalarios(4).
La hospitalización en Medicina Interna no solo implica el manejo de patologías biomédicas, sino también la coordinación de cuidados integrales de los pacientes, lo que convierte al internista en un articulador del cuidado hospitalario. Esto se vuelve fundamental en la población octogenaria con grado de dependencia(5).
Sin embargo, la información sobre el perfil de pacientes hospitalizados en servicios de medicina interna de hospitales universitarios sigue siendo limitada. En este contexto, caracterizar esta población permite comprender mejor la carga asistencial, los flujos de ingreso y egreso, los requerimientos clínicos y los principales desenlaces hospitalarios. Esta información puede contribuir a orientar estrategias de gestión clínica, seguridad del paciente, planificación de recursos, coordinación interdisciplinaria y continuidad del cuidado.
El objetivo del presente estudio fue caracterizar el perfil clínico, social y asistencial de los pacientes hospitalizados en un servicio de medicina interna, así como describir sus principales motivos de ingreso, flujos asistenciales, eventos adversos y desenlaces hospitalarios.
MÉTODO
Diseño y ámbito del estudio
Se realizó un estudio observacional descriptivo con dos componentes complementarios: un componente transversal, basado en un censo de pacientes hospitalizados, y un componente retrospectivo, basado en la revisión de registros históricos. Ambos componentes fueron analizados y reportados por separado.
El estudio se desarrolló en la unidad de hospitalización a cargo del Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínico Universidad de Chile, hospital universitario de alta complejidad. El Servicio cuenta con 40 camas clínicas médico-quirúrgicas distribuidas en distintos sectores del hospital y atiende pacientes adultos con diferentes patologías médicas, provenientes del Servicio de Urgencia, así como de unidades de mayor complejidad y de otros servicios clínicos.
Componente transversal: censo
El día 18 junio de 2025 se incluyó consecutivamente a todos los pacientes adultos hospitalizados bajo el cuidado del Servicio de Medicina Interna. No se aplicaron criterios de exclusión. El tamaño final del censo fue de 30 pacientes.
La información fue obtenida de la historia clínica electrónica, mediante un formulario estandarizado. Se recolectaron variables sociodemográficas, clínicas, funcionales y asistenciales.
Las variables sociodemográficas incluyeron edad, sexo, nacionalidad, comuna de residencia, acceso a servicios básicos, ingreso per cápita, nivel educacional y presencia de red de apoyo. La información sobre acceso a servicios básicos, ingreso per cápita y nivel educacional fue obtenida desde los registros disponibles en la historia clínica electrónica, incluyendo anamnesis de ingreso, evaluación social, registros administrativos y antecedentes consignados por el equipo tratante. Cuando dicha información no se encontraba documentada, se clasificó como dato faltante.
Se definió red de apoyo adecuada como la presencia documentada de al menos una persona significativa, familiar, cuidador o red institucional capaz de colaborar en el acompañamiento, cuidado, adherencia a indicaciones, asistencia a controles o planificación del alta. Cuando no existía registro suficiente para establecer esta condición, la variable fue considerada como dato faltante.
Las variables clínicas incluyeron comorbilidades, número de comorbilidades, motivo principal de hospitalización, origen del ingreso, estudios diagnósticos realizados, tratamientos indicados, uso de oxigenoterapia, tromboprofilaxis, profilaxis de úlcera por estrés, control glicémico, uso de antimicrobianos, número de fármacos prescritos, interconsultas realizadas y requerimientos de rehabilitación.
Las variables funcionales incluyeron grado de dependencia y condición de postración. El grado de dependencia fue extraído desde la historia clínica electrónica según la categorización consignada por el equipo tratante, enfermería, kinesiología, terapia ocupacional o evaluación social. Se consideró dependencia funcional cuando existía registro de necesidad de asistencia parcial o total para actividades básicas de la vida diaria. La condición de postración se definió como la permanencia habitual en cama o la imposibilidad de deambulación autónoma, según lo consignado en la ficha clínica. No se aplicó de manera sistemática una escala funcional validada a todos los pacientes, por lo que esta variable fue interpretada como una aproximación clínica basada en registros asistenciales.
Las variables asistenciales y de desenlace incluyeron estadía en el Servicio de Medicina Interna, estadía hospitalaria total, destino al egreso, mortalidad intrahospitalaria, condición de manejo paliativo y reingreso hospitalario a 7 días.
Componente retrospectivo: registros históricos
Para contextualizar la actividad asistencial, los flujos hospitalarios y los indicadores de seguridad del paciente, se realizó una revisión retrospectiva de registros históricos. Estos datos fueron analizados separadamente del censo y no fueron utilizados para estimar prevalencias clínicas de la cohorte censada.
Se revisaron las siguientes fuentes:
1. Informes de entrega de turno del Servicio de Medicina Interna correspondientes al período enero-junio de 2025. Se analizaron 149 informes, registrando motivos de ingreso, evolución clínica, criterios de alta y situaciones clínicas relevantes.
2. Órdenes de traslado hospitalario correspondientes al período 2022-2025. Se analizaron 725 órdenes, registrando motivo de traslado, unidad de origen, unidad de destino, horario y carácter programado o no programado del traslado.
3. Notificaciones: 36 notificaciones reportadas a la Unidad de Calidad y Seguridad del Paciente, clasificadas según tipo de evento, severidad, evitabilidad y presencia de daño.
4. Activaciones de emergencias intrahospitalarias correspondientes al período 2022-2025. Se analizaron 295 activaciones, registrando tipo de emergencia, intervención realizada, requerimiento de traslado a unidad de mayor complejidad y desenlace inmediato.
Se utilizaron distintos períodos de análisis dado la naturaleza, disponibilidad y frecuencia de cada fuente, sumado a la frecuencia de eventos de interés.
Protocolo de extracción de datos y control de calidad
La extracción de datos se realizó mediante un protocolo predefinido antes del inicio de la recolección. Se elaboró una ficha estandarizada que incluyó las variables sociodemográficas, clínicas, funcionales, asistenciales y de desenlace definidas para el censo, así como una matriz estructurada para la revisión de registros institucionales históricos.
En el censo, dos investigadores, entre estos el médico tratante, revisaron la historia clínica electrónica de todos los pacientes hospitalizados bajo el cuidado del Servicio de Medicina Interna el día 18 junio de 2025. Cada variable fue codificada de acuerdo con definiciones operacionales previamente establecidas.
Para los registros históricos, la información fue extraída desde las bases administrativas correspondientes y codificada en una matriz de datos estructurada.
Las variables categóricas fueron codificadas según definiciones operacionales previamente acordadas por el equipo investigador. En caso de registros incompletos, ambiguos o discordantes, se revisó nuevamente la fuente original y el caso fue evaluado por un segundo investigador. Las discrepancias fueron resueltas por consenso.
La proporción global de datos faltantes en el censo fue menor al 3%. Las variables con mayor proporción de datos faltantes corresponden al ámbito social, especialmente aquellas relacionadas con ingreso per capita, nivel educacional y acceso a servicios básicos habitacionales. En cuanto a registros históricos, los datos faltantes fueron menores al 1%.
Todos los datos fueron anonimizados antes del análisis.
Análisis estadístico
El análisis se realizó mediante estadística descriptiva. Las variables categóricas se expresaron como frecuencias absolutas y porcentajes, utilizando como denominador el número de pacientes o registros con información disponible para cada variable. Las variables cuantitativas se evaluaron según su distribución y se expresaron como media y desviación estándar o como mediana y rango intercuartílico, según correspondiera.
No se realizaron comparaciones inferenciales ni modelos multivariables dado el carácter descriptivo del estudio y el tamaño muestral del censo transversal. Los resultados del censo de pacientes y de los registros institucionales históricos fueron analizados y presentados por separado.
Consideraciones éticas
El protocolo fue aprobado por el Comité de Ética del Hospital Clínico Universidad de Chile mediante el certificado número 35, emitido el 18 de junio de 2025. Se autorizó el uso de datos secundarios anonimizados, sin requerimiento de consentimiento informado.
RESULTADOS
Censo
En el censo se incluyeron 30 pacientes hospitalizados bajo el cuidado del Servicio de Medicina Interna. La edad media fue de 63,8 años (DE 17,8), con predominio del sexo femenino (19/30 (63,3%). La nacionalidad chilena se registró en 29/30 (96,7%) pacientes. La comuna de residencia estuvo disponible en 28/30 pacientes y la comuna más frecuente fue Independencia (5/28;17,9%).
Desde el punto de vista social, la mayoría contaba con vivienda adecuada (27/30; 90%); sin embargo, se observó una proporción relevante de vulnerabilidad socioeconómica, con 12 pacientes (40%) con ingreso per capita menor o igual a $200.000. Asimismo, 16 pacientes (53,3%) no habían completado su educación formal y un paciente presentaba analfabetismo (1/30; 3,3%). En relación con las redes de apoyo, 25 pacientes (83,3%) contaban con red familiar presente, mientras que 10 (33,3%) no disponían de red socio-comunitaria local. El CESFAM o consultorio fue la red local más frecuentemente identificada (19/30; 63,3%).
En el ámbito funcional, 19 pacientes (63,3%) eran independientes para actividades básicas de la vida diaria, mientras que 11 (36,7%) presentaban algún grado de dependencia funcional, incluyendo 5 pacientes semidependientes (16,7%) y 6 dependientes (20%). Estos hallazgos muestran una cohorte con predominio de independencia funcional, pero con una carga relevante de dependencia y vulnerabilidad social (Tabla 1).

En relación con el ingreso, destaca que la mitad de los pacientes deriva de unidades de mayor complejidad, lo que sugiere un rol relevante del Servicio de Medicina Interna en la continuidad del cuidado. Una proporción importante de los pacientes tuvo tránsito previo por otras unidades antes de su ingreso al Servicio. Los principales motivos para continuar hospitalizados fueron la necesidad de completar terapia y la persistencia de incertidumbre diagnóstica (Tabla 2).

Destaca una elevada carga de multimorbilidad, con 27 pacientes (90%) que presentaban dos o más comorbilidades. Las condiciones crónicas fueron diversas, lo que refleja una población clínicamente heterogénea y de alta complejidad. En relación con los problemas médicos agudos, predominó el compromiso infeccioso y respiratorio, seguido por manifestaciones hematológicas, neoplásicas y gastrointestinales (Tabla 3).

Los estudios diagnósticos y cuidados clínicos se muestran en la Tabla 4. La mayoría de los pacientes contó con al menos un estudio complementario predefinido, destacando el uso frecuente de imágenes, especialmente tomografía computada de tórax y radiografía de tórax. Asimismo, los estudios microbiológicos e infectológicos fueron ampliamente utilizados, lo que es concordante con la alta proporción de problemas infecciosos y respiratorios observados en la cohorte. En cuanto a los cuidados clínicos, gran proporción recibió tromboprofilaxis. Destaca que un cuarto de la cohorte requirió oxigenoterapia, lo que se condice con que la patología respiratoria/infecciosa era de las más frecuentes.

Se observó una carga farmacológica relevante, con una mediana de 7,5 fármacos por paciente, destacando el uso frecuente de analgésicos, antihipertensivos y antibióticos. La mayoría de los esquemas antimicrobianos fue indicada de forma empírica. Asimismo, una proporción importante de pacientes requirió evaluación por especialistas, especialmente infectología, seguida de neurología, oncología y gastroenterología. En el ámbito de la rehabilitación, destacó el alto uso de kinesioterapia y la participación de fonoaudiología y terapia ocupacional en un subgrupo de pacientes. Estos hallazgos reflejan una población con requerimientos terapéuticos complejos y necesidad frecuente de abordaje interdisciplinario (Tabla 5).

Componente retrospectivo: registros históricos
Desenlaces clínicos
Los desenlaces hospitalarios derivados de los registros históricos de gestión clínica se presentan en la Tabla 6. Destaca que la mortalidad intrahospitalaria fue de 21/149 pacientes (14,1%). La mayoría de los fallecimientos se registró en contexto de limitación del esfuerzo terapéutico (manejo paliativo), correspondiente a 20/21 casos (95,2%). No se registraron reingresos dentro de los primeros 7 días posteriores al alta.

Eventos adversos y seguridad del paciente
Entre enero y mayo de 2025 se analizaron 36 notificaciones de seguridad del paciente generadas en el Servicio de Medicina Interna, con una tasa de 4,95 notificaciones por 1.000 pacientes atendidos. La mayoría correspondió a eventos adversos (29/36; 80,6%), seguidos por eventos centinela (5/36; 13,9%) y casi-error (2/36; 5,6%). Los eventos más frecuentes estuvieron relacionados con el cuidado directo del paciente, principalmente lesiones por presión, otras lesiones cutáneas, flebitis y caídas. Todos los eventos fueron clasificados como evitables y 26/36 (72,2%) se asociaron a daño físico (Tabla 7).

Traslados hospitalarios
A partir del registro institucional de traslados hospitalarios correspondiente al período comprendido entre 2022 y 2025, se analizaron 725 órdenes de traslado. De ellas, 109 (15%) correspondieron a pacientes provenientes del Servicio de Medicina Interna. Los traslados ocurrieron principalmente en horario diurno y tuvieron como destino preferente unidades intermedias. Los motivos clínicos más frecuentes fueron compromiso hemodinámico y ventilatorio (Tabla 8).

Emergencias intrahospitalarias
De acuerdo con el registro institucional de activaciones de emergencia intrahospitalaria o “clave azul”, entre el año 2022-2025 se analizaron 295 activaciones. De ellas, 12 (4,1%) ocurrieron en dependencias del Servicio de Medicina Interna, correspondiendo principalmente a pacientes hospitalizados.
Los motivos más frecuentes fueron compromiso de conciencia, paro cardiorrespiratorio y hemorragia. Tras la activación, más de la mitad de los casos requirió traslado a una unidad de mayor complejidad, mientras que 2 pacientes fallecieron.
Se consideró traslado a unidad de mayor complejidad cuando el destino final correspondió a unidades intermedias o intensivas. Las activaciones ocurridas en Medicina Interna incluyeron pacientes hospitalizados y eventos ocurridos en dependencias del servicio.

DISCUSIÓN
El presente estudio describe el perfil clínico, social, funcional y asistencial de pacientes hospitalizados en un servicio de medicina interna de un hospital universitario. Mediante un censo complementado con registros históricos, se observó una población caracterizada por elevada multimorbilidad, vulnerabilidad social, requerimientos diagnósticos y terapéuticos frecuentes, necesidad de apoyo interdisciplinario y participación relevante del Servicio de Medicina Interna en la continuidad del cuidado.
Desde el punto de vista demográfico, la cohorte censada presentó una edad media de 63,8 años, con predominio de pacientes de sexo femenino y nacionalidad chilena. Esta edad se sitúa por debajo de la descrita en cohortes internacionales de medicina general(1). Sin embargo, esta comparación debe interpretarse con cautela, considerando diferencias relevantes entre sistemas sanitarios, criterios de hospitalización, estructura hospitalaria y complejidad de los centros incluidos.
Uno de los hallazgos relevantes fue la presencia de vulnerabilidad social en una proporción importante de pacientes. Aunque la mayoría contaba con vivienda adecuada y red familiar presente, una proporción significativa tenía ingresos per capita bajos, educación formal incompleta o ausencia de red socio-comunitaria local. Estos elementos pueden influir en la comprensión de indicaciones, la adherencia terapéutica, la disponibilidad de cuidados posteriores al alta y la coordinación con la red ambulatoria. Estudios nacionales han descrito que factores sociales y de soporte pueden influir en la duración de la hospitalización y en la oportunidad del egreso, aunque estas comparaciones deben considerar diferencias en el tipo de hospital y población estudiada(6).
Desde el punto de vista funcional, más de un tercio de los pacientes presentó algún grado de dependencia para actividades básicas de la vida diaria. Aunque esta evaluación fue obtenida desde registros clínicos y no mediante una escala funcional aplicada sistemáticamente, el hallazgo es relevante porque identifica una población con mayor riesgo de deterioro funcional, necesidad de rehabilitación y dependencia posterior al alta. La literatura internacional ha descrito que el deterioro funcional en adultos mayores hospitalizados se asocia a factores como edad, hospitalizaciones previas, deterioro cognitivo, delirium, menor apoyo social, multimorbilidad y polifarmacia(5). La coexistencia de dependencia funcional, multimorbilidad y vulnerabilidad social refuerza la necesidad de evaluación integral precoz durante la hospitalización.
La carga de comorbilidad fue elevada: nueve de cada diez pacientes presentaban dos o más comorbilidades, lo que es concordante con lo descrito en series latinoamericanas(7,8).
En términos asistenciales, la estadía en Medicina Interna fue menor que la estadía hospitalaria total, lo que refleja que una proporción importante de la carga hospitalaria ocurrió antes del ingreso formal al servicio. Los principales motivos para mantener la hospitalización fueron completar terapia y resolver dudas diagnósticas, lo que refuerza el papel del internista en la integración diagnóstica, terapéutica y de planificación del alta.
La mortalidad intrahospitalaria observada en los registros históricos de gestión clínica fue de 14,1%, con predominio de fallecimientos en contexto de limitación del esfuerzo terapéutico. Esta proporción debe interpretarse considerando el perfil de complejidad del hospital, la alta frecuencia de pacientes provenientes de unidades de mayor complejidad, la presencia de enfermedad neoplásica y la carga de multimorbilidad. Más que constituir una comparación directa con otras series, este hallazgo destaca la importancia de identificar oportunamente trayectorias de fin de vida, integrar cuidados paliativos y establecer objetivos terapéuticos proporcionales. El único estudio latinoamericano comparable reportó una mortalidad intrahospitalaria de 8,3%, mientras que la evidencia nacional disponible se limita a la descripción de las defunciones hospitalarias. Por ello, las comparaciones deben interpretarse con cautela debido a diferencias en el diseño de los estudios, el nivel de complejidad de los hospitales y las características de la población atendida(7,9).
En relación con la seguridad del paciente, las notificaciones analizadas corresponden principalmente a eventos adversos relacionados con el cuidado directo del paciente. La proporción de eventos clasificados como evitables y asociados a daño físico identifica áreas prioritarias de mejora. Estos resultados deben interpretarse como notificaciones institucionales y no como una incidencia real de eventos adversos, dado que los sistemas de notificación dependen de la cultura de reporte, la sensibilidad del registro y los criterios institucionales de clasificación. La literatura internacional ha demostrado que el daño prevenible asociado a la atención sanitaria constituye un problema relevante, estimándose que cerca de la mitad de los eventos adversos podrían prevenirse mediante intervenciones dirigidas a mejorar los procesos asistenciales. Sin embargo, la magnitud reportada varía ampliamente entre los estudios debido a diferencias en la metodología utilizada para detectar eventos (revisión de fichas clínicas, sistemas de notificación o vigilancia activa), el tipo de institución evaluada, la población incluida y las definiciones empleadas para clasificar la evitabilidad y la gravedad del daño(10).
La polifarmacia fue frecuente, con una mediana de 7,5 fármacos por paciente hospitalizado. Además, el uso de antibióticos fue común y la mayoría de los esquemas antimicrobianos fue indicada de forma empírica. Estos hallazgos son concordantes con la alta carga infecciosa y respiratoria observada, pero también subrayan la importancia de fortalecer estrategias de conciliación farmacológica, revisión periódica de indicaciones y uso racional de antimicrobianos. La asociación entre polifarmacia y desenlaces adversos ha sido ampliamente descrita, particularmente en poblaciones mayores y con multimorbilidad(11).
No hubo reingresos, pero este hallazgo debe interpretarse con cautela, ya que depende de la capacidad del registro para capturar rehospitalizaciones en el mismo centro y no necesariamente identifica consultas o ingresos en otros establecimientos. Estudios internacionales han descrito tasas relevantes de rehospitalización en otros sistemas sanitarios, pero su comparación directa con este estudio no resulta adecuada por diferencias en seguimiento, cobertura, criterios de reingreso y tipo de hospital(12).
Las implicancias de estos resultados son clínicas y organizacionales. La coexistencia de multimorbilidad, dependencia funcional, vulnerabilidad social, polifarmacia, alto requerimiento diagnóstico y necesidad de coordinación interdisciplinaria sugiere que los servicios de medicina interna requieren modelos de atención estructurados. Entre las estrategias potencialmente relevantes se incluyen la evaluación precoz del riesgo funcional y social, la planificación anticipada del alta, la integración sistemática con rehabilitación y el trabajo social.
Entre las fortalezas del estudio destaca la integración de un censo transversal con registros institucionales históricos, lo que permite describir no solo el perfil clínico de los pacientes hospitalizados, sino también aspectos de gestión, seguridad y flujos asistenciales; sin embargo, el estudio presenta limitaciones. El censo incluyó un número reducido de pacientes y corresponde a una medición en un solo día, por lo que sus resultados pueden variar según estacionalidad, ocupación hospitalaria o contingencias clínicas. Además, algunas variables funcionales y sociales fueron obtenidas desde registros clínicos y no mediante instrumentos aplicados sistemáticamente. Por último, los registros históricos provienen de fuentes administrativas y de notificación, por lo que pueden estar sujetos a subregistro, variabilidad en la calidad del dato y diferencias en los períodos de observación.
CONCLUSIÓN
En síntesis, este estudio muestra que los pacientes hospitalizados en medicina interna en un hospital universitario presentan una combinación relevante de multimorbilidad, vulnerabilidad social, dependencia funcional y alta demanda asistencial. Estos hallazgos apoyan la necesidad de fortalecer modelos de atención interdisciplinarios, estrategias de seguridad del paciente y mecanismos de continuidad del cuidado adaptados a una población hospitalaria compleja.
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Correspondencia:
Dr. Valentín López Fernández
Servicio Medicina Interna, Departamento de Medicina, Hospital Clínico Universidad de Chile
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