Hospital Clínico Universidad de Chile
Hospital Clínico Universidad de Chile

Abstracts Publicaciones 2021   Quiénes somos     Instrucciones a autores    Responsabilidad autoría     Contacto   Portal Revistas U. de Chile  

Síndrome genitourinario de la menopausia: revisión de la literatura

Introduction: genitourinary syndrome of menopause (GSM) is a highly prevalent, chronic, and progressive condition secondary to hypoestrogenism that affects the quality of life of menopausal women. Objective: to analyze and synthesize recent scientific evidence on the diagnosis, efficacy, and safety of treatment strategies for GSM. Methods: a literature review was conducted, prioritizing randomized controlled trials, prospective studies, and systemic reviews published between 2020 to 2025. Results: the diagnosis of GSM is primarily clinical and is based on the evaluation of patient-reported symptoms, such as the most bothersome symptom (MBS) or the Visual Analog Scale (VAS), as objective signs do not reliably correlate with subjective complaints. Non-hormonal interventions constitute first-line therapy for mild symptoms, providing symptomatic relief without reversing the underlying atrophy. Local hormonal therapies, together with oral ospemifene, represent the most effective options for moderate-to-severe symptoms, with an adequate safety profile at low doses. In contrast, energy-based therapies show low-certainty evidence, precluding their routine recommendation. Discussion: despite its high prevalence, GSM remains underdiagnosed. Methodological limitations of this study are lack of standardized diagnostic criteria, heterogeneity in outcome measures, and the short follow-up duration of clinical trials. Conclusion: GSM requires individualized management and long-term follow-up. Comparative and long-duration studies are needed to strengthen clinical recommendations and optimize shared decision-making.
Keywords: genitourinary syndrome of menopause, local estrogen, ospermifene, dehydroepiandrosterone, laser therapy

Rev Hosp Clín Univ Chile 2026; 37: 137 - 44. DOI: 10.5354/2735-7996.2026.81555
Sebastián Ojeda A., Lucas Pérez R., Arturo Radwell B. Hugo Salinas P.

El síndrome genitourinario de la menopausia (SGM) es una condición crónica y progresiva que afecta profundamente la calidad de vida y la salud sexual de la mujer posmenopáusica(1,2). Este síndrome engloba un conjunto de signos y síntomas causados por la deficiencia de estrógenos y otros esteroides sexuales en el tracto genitourinario(1). El término SGM, establecido por consenso en 2014, reemplazó denominaciones previas como atrofia vulvovaginal (AVV), buscando integrar la variedad de problemas que afectan la vulva, el vestíbulo, el introito, la vagina y el tracto urinario inferior(1).

El SGM es una condición de alta prevalencia, afectando entre el 27% y el 84% de las mujeres posmenopáusicas(3,4); sin embargo, a pesar de su alta frecuencia, se encuentra subdiagnosticado(5). Una proporción significativa de mujeres no busca atención médica, a menudo debido a la vergüenza o a la creencia errónea de que estos cambios son una parte normal y esperada del envejecimiento(5,6). Esta brecha en el diagnóstico, conlleva una falta de tratamiento oportuno, lo que tiene un impacto profundo en la salud mental, la calidad de vida y la esfera sexual, asociándose a una disminución de la función sexual e interferencia con las relaciones de pareja(6-8). 

La etiología central del SGM es el hipoestrogenismo(1). La drástica caída de estrógenos induce alteraciones estructurales, como el adelgazamiento del epitelio vaginal y la pérdida de rugosidad y elasticidad(2). Además, se modifica la flora vaginal, disminuyendo la presencia de Lactobacillus, lo que resulta en la alcalinización del pH vaginal, aumentando el riesgo de infecciones(6,9). Clínicamente, esto se manifiesta como sequedad vaginal, ardor, irritación, dispareunia y síntomas urinarios bajos(6). Si no se interviene, los síntomas suelen ser progresivos, por lo que requiere un seguimiento y tratamiento a largo plazo(10). 

Los tratamientos farmacológicos establecidos, como los estrógenos locales, la dehidroepiandrosterona (DHEA) vaginal y el ospemifeno, han demostrado ser opciones seguras y efectivas para los síntomas moderados a severos(1). No obstante, la insatisfacción reportada en estudios clínicos, subraya la necesidad de optimizar las estrategias terapéuticas(8). En este contexto, han emergido nuevas modalidades basadas en energía, como los láseres de CO2 y Erbium:YAG y la radiofrecuencia (RF)(11), inspiradas en el rejuvenecimiento cutáneo(12). Estas terapias se basan en la capacidad de inducir daño térmico controlado para estimular la neocolagenogénesis y el remodelado tisular(11). No obstante, la falta de evidencia sólida impide su recomendación rutinaria(10). 

El objetivo de esta revisión es analizar y sintetizar la evidencia científica más reciente sobre el SGM, mediante la evaluación de artículos publicados entre 2020 y 2025, enfocándose en el diagnóstico y la eficacia y seguridad de las estrategias de tratamiento disponibles, incluyendo las terapias no hormonales emergentes. 

METODOLOGÍA
Se realizó una revisión bibliográfica selectiva y narrativa, enfocada en la literatura científica reciente sobre el SGM, considerando mayoritariamente estudios prospectivos y revisiones sistemáticas. La búsqueda se llevó a cabo en las bases de datos electrónicas PubMed, Cochrane Library y UpToDate, limitando los resultados a publicaciones entre 2020 y 2025. Se emplearon los términos de búsqueda clave genitourinary syndrome, vaginal atrophy y menopause para identificar la literatura relevante. Los datos extraídos de los artículos seleccionados fueron sintetizados de forma descriptiva y narrativa para estructurar la revisión, con el objetivo de presentar una perspectiva actualizada sobre el diagnóstico y manejo del SGM. 

RESULTADOS
Para una exposición más ordenada y comprensible, la sección de resultados, fundamentada en la revisión de la literatura seleccionada, se dividirá en dos apartados: diagnóstico y tratamiento, a fin de ofrecer una exposición más clara y coherente del tema. 

DIAGNÓSTICO
El diagnóstico del SGM es principalmente clínico y requiere una evaluación exhaustiva que combine la historia de la paciente y el examen físico para confirmar los síntomas de atrofia y excluir otras etiologías o patologías concurrentes. Dentro de la anamnesis se debe documentar la cronicidad y severidad de los síntomas genitourinarios, así como su impacto en la calidad de vida y la función sexual. Las manifestaciones clínicas se pueden agrupar en tres dominios(10): 

• Síntomas genitales/vulvovaginales: incluyen sequedad vulvar, vestibular y vaginal, ardor, irritación o prurito. La sequedad vaginal y la irritación se encuentran entre los síntomas reportados con mayor frecuencia. 
• Síntomas sexuales: lo más común es la dispareunia, dada por la falta de lubricación. Además, puede asociarse a disfunciones sexuales secundarias como disminución del deseo sexual, la excitación y el orgasmo. 
• Síntomas urinarios: comprenden la disuria, urgencia miccional, nicturia y el aumento de las infecciones recurrentes del tracto urinario. 

El establecimiento de la severidad de los síntomas del SGM es fundamental, ya que la elección de la terapia se basa en la intensidad de las molestias y en si la paciente responde o no a tratamientos de primera línea. La severidad se establece principalmente mediante la evaluación subjetiva y centrada en la paciente, debido a que generalmente los hallazgos físicos no se correlacionan directamente con la experiencia sintomática(10). 

Existen distintas maneras de determinar la severidad de los síntomas que presenta la paciente. Un criterio es aquel basado en el síntoma más molesto (most bothersome symptom, MBS). La severidad se establece requiriendo que un síntoma, como sequedad vaginal o la dispareunia, sea de intensidad moderada a severa. Esto se cuantifica frecuentemente mediante una escala de 4 puntos, siendo 0 sin molestias y 3 molestias severas, donde un puntaje de MBS de 2 o más indica la severidad necesaria para la inclusión en ensayos clínicos de tratamiento(10). 

Otro método corresponde al uso de la escala visual análoga (EVA), la cual es una herramienta ampliamente utilizada en ensayos controlados aleatorizados para evaluar la gravedad de síntomas individuales del SGM, como dispareunia, sequedad, ardor o irritación. Esta escala generalmente se presenta en un rango de 0 a 10 o 0 a 100, donde una puntuación más alta representa una mayor severidad(10). 

También existen cuestionarios validados. Se recomienda el uso de Vulvovaginal Symptoms Questionnaire (VSQ) o el Cervantes-GSM 15-item Questionnaire para documentar y cuantificar la severidad de los síntomas y su impacto en la calidad de vida. Una puntuación total más alta en el VSQ indica mayor molestia sintomática(7). 

De manera concomitante, es crucial excluir otras patologías que causan síntomas similares, como vaginitis infecciosa, vulvodinia o dermatosis inflamatorias, como el liquen escleroso. Si se sospechan estas patologías, se puede requerir pruebas adicionales para confirmar los diagnósticos(13). 

Los signos físicos del SGM no siempre se correlacionan con la intensidad de los síntomas subjetivos reportados por la paciente. Los hallazgos típicos de atrofia durante el examen físico incluyen palidez o eritema en la mucosa vaginal y vulvar, pérdida de la rugosidad y de la elasticidad de las paredes vaginales, adelgazamiento de los labios mayores y menores, que pueden llevar a la estenosis del introito o a la fusión de los labios menores. El epitelio puede tornarse friable, lo que provoca petequias o sangrado fácil al tacto o durante la especuloscopía. Además, en el tracto urinario inferior se puede encontrar la prominencia del meato uretral o carúnculas uretrales(13). 

Aunque el diagnóstico es clínico, ciertas medidas objetivas son útiles para apoyarlo o para realizar el seguimiento evaluando la respuesta al tratamiento. Entre estas medidas destacan(6): 

1. pH vaginal: un pH vaginal mayor a 5.0 (o 5.5 o superior) es indicativo de atrofia, siempre que se excluyan infecciones. 
2. Índice de maduración vaginal (VMI) e índice de salud vaginal (VHI): el VMI y el VHI son herramientas citológicas y clínicas que demuestran el adelgazamiento epitelial y la reducción de la salud vaginal. 

Una vez realizado el diagnóstico, descartado otros cuadros que generan clínica similar y determinado el grado de severidad de los síntomas, se debe escoger el tratamiento que más se adecue a las preferencias de la paciente. 

Tratamiento

La elección de la terapia para el SGM es una decisión compartida entre médico y paciente, tomando en cuenta la severidad de los síntomas, la eficacia de los tratamientos, su perfil de seguridad y la preferencia individual de la paciente. Dado que el SGM es una condición crónica y progresiva, se requiere frecuentemente un manejo a largo plazo y seguimiento continuo para evaluar la respuesta al tratamiento(10). 

Como estrategia de tratamiento se recomienda un enfoque escalonado, donde se inicia con intervenciones menos invasivas. No obstante, se puede optar por un enfoque multimodal y concomitante para un alivio óptimo de los síntomas(10). 

Los tratamientos se dividen principalmente en intervenciones no hormonales, intervenciones hormonales (locales y sistémicas) e intervenciones basadas en energía. 

Intervenciones no hormonales

Las terapias no hormonales se consideran el tratamiento de primera línea para la mayoría de las mujeres con síntomas leves de SGM(10). Entre las alternativas no hormonales se encuentran: 

Humectantes vaginales
Corresponden a productos en gel aplicados regularmente para imitar las secreciones naturales y aumentar el flujo vaginal(10). Han demostrado efectividad a corto plazo para mejorar la sequedad vaginal y la dispareunia(14). En ensayos controlados aleatorizados, el ácido hialurónico vaginal en dosis de 5 mg por aplicación con una frecuencia de 2 veces por semana ha mostrado una eficacia comparable a la del estrógeno vaginal, aunque en algunos casos la diferencia en la mejora no fue estadísticamente significativa después de las 12 semanas(15,16). 

Lubricantes vaginales
Los lubricantes, como los basados en agua, silicona o aceite, se utilizan específicamente durante la actividad sexual para reducir la fricción(14). Se pueden usar en combinación con otras terapias; sin embargo, no tienen efecto a largo plazo en las manifestaciones de atrofia(15). 

Intervenciones hormonales

Las terapias hormonales son los tratamientos más efectivos para los síntomas moderados a severos(10). Entre estas intervenciones destacan: 

Estrógeno vaginal
Es el tratamiento estándar más efectivo para pacientes que no responden a terapias no hormonales(10) y para la prevención de infecciones urinarias recurrentes(1). Se ha demostrado su efecto en la mejora en la sequedad vaginal, dispareunia y la irritación(1). El mecanismo incluye el cambio de la citología vaginal hacia células superficiales, generando un engrosamiento epitelial y, por ende, una reversión de la atrofia, lo que disminuye directamente la fragilidad y la dispareunia. Además, produce la restauración del pH vaginal, lo que normaliza la microbiota, reduciendo la irritación y el riesgo de infección(1,6,10). 

Los estudios con estrógenos vaginales basan el tratamiento en un régimen estándar que incluye una fase de inicio, donde se administran diariamente durante dos semanas, seguida de una fase de mantenimiento, espaciando la aplicación a dos veces por semana o una a tres veces dependiendo la formulación(1). Se han incluido distintas presentaciones para la indicación del tratamiento, entre las que destacan(1,10): 

• Cremas vaginales: existen cremas vaginales de 17β-estradiol al 0,01% o estrógenos conjugados 0,625 mg/g. En ambos casos, en la fase de inicio se administran 0,5-1 g/día por dos semanas. Luego, en la fase de mantención se continúa con 0,5-1 g, 1 a 3 veces por semana. 
• Insertos vaginales de 17β-estradiol: inicialmente se indican 4 o 10 µg/día durante dos semanas, luego dos veces por semana. 
• Tabletas de estradiol hemihidrato: la dosis de inicio es 10 µg/día por dos semanas, luego dos veces por semana. 
• Anillo vaginal: no sigue el esquema estándar. Libera aproximadamente 7.5 µg/día y debe reemplazarse cada 90 días. 

El estrógeno vaginal de dosis baja produce niveles séricos insignificantes de estradiol, lo que significa que no se ha encontrado evidencia que lo vincule con un aumento del riesgo de cáncer de mama, hiperplasia endometrial o tromboembolismo(10). 

Dehidroepiandrosterona vaginal (DHEA vaginal)
La DHEA, una prohormona esteroide, se aplica localmente y se convierte en estrógenos y andrógenos dentro de la célula. Se recomienda para mejorar la sequedad vaginal y la dispareunia. La dosis aprobada por la Food and Drug Administration (FDA) para el tratamiento del SGM es un inserto vaginal, óvulo o supositorio, que contiene 6.5 mg de prasterona, administrado diariamente(14). Al igual que los estrógenos vaginales, no se asocia con un aumento en los niveles circulantes de estradiol, por lo que no aumenta el riesgo de cáncer de mama ni de hiperplasia endometrial(10). 

Ospemifeno oral
El ospemifeno es un modulador selectivo del receptor de estrógeno administrado por vía oral que actúa como agonista en el epitelio vaginal. Los ensayos han mostrado que el ospemifeno oral en dosis de 60 mg diarios mejora significativamente la sequedad vaginal y la dispareunia en comparación con el placebo(14). 

Se deben considerar los posibles riesgos sistémicos inherentes a una terapia oral, en relación con eventos trombóticos y accidente cerebrovascular, aunque los ensayos sugieren seguridad a corto plazo(10). 

Intervenciones basadas en energía

Estas terapias incluyen el láser de CO2 fraccionado, el láser Erbium:YAG (Er:YAG) y la radiofrecuencia. Las terapias láser buscan estimular la formación de colágeno y el engrosamiento epitelial mediante microtraumatismos o calor(17). 

Un metaanálisis reciente concluyó que, si bien el láser CO2 puede mejorar síntomas como la dispareunia, la sequedad y el ardor, la certeza de la evidencia es baja, lo que impide la recomendación de incorporar la terapia láser para el manejo del SGM(18). 

La guía de la Asociación Urológica Americana (AUA) 2025 concluye que la evidencia no apoya el uso de láser CO2, Er:YAG o radiofrecuencia para la sequedad vaginal o dispareunia relacionadas con el SGM. El tratamiento con láser y radiofrecuencia se considera experimental fuera de los ensayos clínicos(10). 

Si bien los eventos adversos suelen ser transitorios, como secreción vaginal, irritación o ardor leve(10), se han reportado eventos adversos graves, incluyendo casos de úlceras, cicatrización y lesiones por penetración(17). 

DISCUSIÓN
La presente revisión destaca cómo el SGM, pese a ser una condición altamente prevalente y que impacta profundamente el bienestar y la salud sexual de las mujeres posmenopáusicas, se encuentra a menudo subdiagnosticado. Las principales dificultades que se presentan para la obtención de un diagnóstico y tratamiento oportuno residen, tanto en la percepción de la paciente, asumiendo los síntomas como parte ineludible del proceso de envejecimiento, como en la falta de reconocimiento y búsqueda activa de la sintomatología por parte de los profesionales de la salud. Dada su naturaleza crónica, la intervención debe ser precoz para evitar el deterioro continuo. La AUA 2025 insta a los médicos a ser proactivos en el screening, mediante una historia detallada. No obstante, no existen estudios que evalúen preguntas clave relacionadas con la eficacia del screening en los resultados de salud. 

En relación con lo anterior, no se ha alcanzado un consenso sobre el número o tipo de síntomas necesarios para diagnosticar el SGM, lo que genera una inconsistencia en los estudios de prevalencia. Existe una necesidad crítica de establecer una definición estándar y criterios diagnósticos uniformes para el SGM y de desarrollar un conjunto común de medidas de resultados validados. Los estudios de eficacia han dependido históricamente de medidas objetivas (pH y VMI) que no se correlacionan de manera fiable con los síntomas reportados por las pacientes, por lo que surge la necesidad de centrar la investigación futura hacia la evaluación de la eficacia terapéutica a través de desenlaces significativos para la paciente, como la mejoría en su síntoma más molesto o su calidad de vida. 

En el ámbito terapéutico, el manejo del SGM se recomienda, mediante un enfoque escalonado e individualizado. Las intervenciones no hormonales, como los lubricantes y los humectantes vaginales, constituyen la línea terapéutica inicial para síntomas leves; sin embargo, estas opciones, incluyendo el ácido hialurónico, aunque proporcionan alivio sintomático de la sequedad y la dispareunia, no corrigen la patología atrófica de base a largo plazo. Caso contrario a lo que ocurre con las terapias hormonales locales, reservadas para el manejo de síntomas moderados a graves, las que representan el tratamiento más eficaz, ya que inducen la reversión de la atrofia al engrosar el epitelio, mejoran la vascularización y restablecen el pH ácido vaginal. 

La evidencia actual revela una profunda desconexión entre el conocimiento científico de las terapias y la implementación clínica efectiva, así como serias deficiencias en la consistencia de los datos para diversas modalidades de tratamiento. Una visión crítica de las opciones terapéuticas revela que muchas alternativas disponibles no tienen evidencia sólida que justifique su uso generalizado o su alto costo, como ocurre con las terapias basadas en energía, donde si bien algunos estudios iniciales han reportado mejoras subjetivas en la dispareunia, la sequedad vaginal y el ardor, la certeza de la evidencia es limitada o baja, lo cual impide su recomendación para el manejo rutinario del SGM. 

Finalmente, una limitación transversal en la literatura examinada es la corta ventana de seguimiento de la mayoría de los ensayos clínicos aleatorizados, la cual típicamente se realiza a doce semanas o menos. Puesto que el SGM es una afección que persiste y se agrava con el paso del tiempo, esta carencia de información sobre la eficacia, la adherencia y el perfil de seguridad a largo plazo impide el desarrollo de pautas clínicas definitivas para el manejo crónico. La dirección futura de la investigación exige la estandarización de criterios de evaluación y la realización de estudios rigurosos con seguimiento prolongado para validar la durabilidad de los beneficios y la seguridad de las aplicaciones sucesivas de cualquier terapia, culminando en la toma de decisiones compartida que integre la evidencia con las expectativas y el contexto de salud individual de la paciente. 

CONCLUSIONES
La literatura actual sobre el síndrome genitourinario de la menopausia, aunque vasta, manifiesta serias lagunas metodológicas que deben orientar decisivamente la agenda de investigación futura. 
Es fundamental unificar la definición del SGM y desarrollar criterios de diagnóstico y severidad estandarizados que se correlacionen mejor con los resultados informados por la paciente, que son los únicos realmente relevantes para dar cuenta de una condición sintomática. 

Se requiere una mayor cantidad de estudios de eficacia comparativa entre las diferentes clases de intervenciones, junto a la evaluación a largo plazo de la eficacia, seguridad y tolerabilidad de las terapias, siendo lo anterior una necesidad crítica para informar las guías de tratamiento de una enfermedad crónica y un paso crucial para determinar, si los pequeños efectos de cualquier intervención son aceptables para las mujeres, especialmente considerando el costo y los posibles efectos secundarios. 

Además, dada la controversia generada en torno a las terapias basadas en energía, debe existir una estandarización de los protocolos de tratamiento, configuración de energía, número de sesiones y tiempo de seguimiento para aumentar la comparabilidad y la fiabilidad de los resultados, y para poder validar o descartar su uso rutinario especialmente en pacientes que no respondan a las terapias estándar. 

Dirigiendo la investigación hacia la resolución de estos desafíos metodológicos y clínicos se podría garantizar que los profesionales de la salud cuenten con directrices sólidas y basadas en la evidencia para ofrecer un diagnóstico temprano y un tratamiento verdaderamente adecuado y seguro a cada paciente con SGM. 

REFERENCIAS
1. The NAMS 2020 Genitourinary Syndrome of Menopause Position Statement Editorial Panel. The 2020 genitourinary syndrome of menopause position statement of The North American Menopause Society. Menopause 2020;27:976-92. 
2. Cucinella L, Tiranini L, Cassani C, Martini E, Cumetti A, Memoli S et al. Insights into the vulvar component of the genitourinary syndrome of menopause (GSM). Maturitas 2024;186:108006. 
3. Woods NF, Shaver JF, Berg JA. Genitourinary syndrome of menopause: prevalence and predictors. Clin Obstet Gynecol 2023;67:4-12. 
4. Mili N, Paschou SA, Armeni A, Georgopoulos N, Goulis DG, Lambrinoudaki I. Genitourinary syndrome of menopause: a systematic review on prevalence and treatment. Menopause 2021;28:706-16. 
5. Angelou K, Grigoriadis T, Diakosavvas M, Zacharakis D, Athanasiou S. The genitourinary syndrome of menopause: an overview of the recent data. Cureus 2020;12:e7586. 
6. Sarmento ACA, Costa APF, Vieira-Baptista P, Giraldo PC, Eleutério J, Gonçalves AK. Genitourinary syndrome of menopause: epidemiology, physiopathology, clinical manifestation and diagnostic. Front Reprod Health 2021;3:779398. 
7. Baquedano L, Rejas-Gutierrez J, Coronado PJ. Development and psychometric properties of a measurement to ascertain the impact of genitourinary symptoms on health-related quality of life in menopausal women: the Cervantes-GSM questionnaire. Menopause 2023;30:512-21. 
8. Stair SL, Chyu J, Rangwala S, Palmer CJ, Lucioni A, Lee UJ. Experiences with genitourinary syndrome of menopause and barriers to vaginal estrogen usage reported by a national sample of 1500 women. Urology 2025;196:115-23. 
9. Srinivasan S, Hua X, Wu MC, Sean Proll, D J Valint, Susan D Reed et al. Impact of topical interventions on the vaginal microbiota and metabolome in postmenopausal women: a secondary analysis of a randomized clinical trial. JAMA Netw Open 2022;5:e225032. 
10. Kaufman MR, Ackerman LA, Amin KA, MCoffey M, Danan E, Faubion SS et al. The AUA/SUFU/AUGS Guideline on Genitourinary Syndrome of Menopause. J Urol 2025;214:242-50.
11. Sarmento ACA, Lírio JF, Medeiros KS, Marconi C, Costa APF, Crispim JC et al. Physical methods for the treatment of genitourinary syndrome of menopause: a systematic review. Int J Gynaecol Obstet 2021;153:200-19. 
12. Li FG, Abbott J. Laser for genitourinary syndrome of menopause: what we know and what we need to know. Climacteric 2025;28):414-22. 
13. Phillips NA, Bachmann GA. The genitourinary syndrome of menopause. Menopause 2021;28:579–88. 
14. Danan ER, Diem S, Sowerby C, Ensrud K Forte ML, Zerzanet N al. Hormonal treatments and vaginal moisturizers for genitourinary syndrome of menopause: a systematic review. Ann Intern Med 2024;177):1400–4.
15. Nappi RE, Martella S, Albani F, Cassani C, Martini E, Landoni F. Hyaluronic acid: a valid therapeutic option for early management of genitourinary syndrome of menopause in cancer survivors? Healthcare 2022;10:1528. 
16. Agrawal S, Agrawal A, Agrawal E, Agrawal R, Stambough K, Lin Y et al A randomized, pilot trial comparing vaginal hyaluronic acid to vaginal estrogen for the treatment of genitourinary syndrome of menopause. Menopause 2024;31:750-5. 
17. Mortensen OE, Christensen SE, Løkkegaard E. The evidence behind the use of LASER for genitourinary syndrome of menopause, vulvovaginal atrophy, urinary incontinence and lichen sclerosus: A state-of-the-art review. Acta Obstet Gynecol Scand 2022;101:657– 92. 
18. Pessoa LLMN, de Souza ATB, Sarmento ACA, Costa APF, Santos IK, Azevedo Epet al. Laser therapy for genitourinary syndrome of menopause: systematic review and metaanalysis of randomized controlled trial. Rev Bras Ginecol Obstet 2024;46:e-rbgo38.

Correspondencia:

Hospital Clínico Universidad de Chile

Hospital Clínico Universidad de Chile

Hospital Clínico Universidad de Chile

Hospital Clínico Universidad de Chile