Hospital Clínico Universidad de Chile
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Papel de las vitaminas en el manejo del climaterio y la menopausia

Objective: To evaluate the role and efficacy of key vitamins (D, E, K, and B Complex) in managing climacteric and menopausal symptoms, providing evidence-based supplementation recommendations. Methods: A systematic literature search was conducted in PubMed, Cochrane, and LILACS for systematic reviews and meta-analyses published between January 2020 and September 2025 using the terms (menopause OR climacteric) AND (vitamins). Results: Evidence supports targeted non-hormonal benefits. Vitamin D demonstrates crucial importance for postmenopausal bone health and muscle strength, with a minimum dose of 800 IU/day required for sufficiency. Vaginal vitamin E is effective for genitourinary symptoms, while oral supplementation alleviates mild-to-moderate vasomotor symptoms. The combination of vitamins D and K shows synergistic effects on bone formation biomarkers. B vitamins, particularly L-methylfolate, serve as effective adjuncts for depressive disorders and mitigate hyperhomocysteinemia—a modifiable cardiovascular and neurocognitive risk factor. Conclusion: Vitamins D, E, K, and B represent valid non-hormonal strategies for menopausal management. Clinical application requires evidence-based approaches considering specific vitamins, formulations, and dosages, with therapeutic doses typically exceeding nutritional recommendations. Future research should prioritize clinical outcomes including fractures and cardiovascular events.
Keywords: climacteric, menopause, vitamins

Rev Hosp Clín Univ Chile 2026; 37: 145 - 58. DOI: 10.5354/2735-7996.2026.81569
Lucas Pérez R., Sebastián Ojeda A., Nedenka Morales G., Hugo Salinas P.

El climaterio es el periodo de transición biológica que marca el paso de la vida reproductiva a la no reproductiva en la mujer. Suele abarcar desde los 40 hasta los 65 años aproximadamente e incluye varias fases: premenopausia, perimenopausia, menopausia y posmenopausia. Se caracteriza por una disminución progresiva de la función ovárica y de las hormonas sexuales(1). Por su parte, la menopausia es un evento puntual dentro del climaterio, definido como la última menstruación de la mujer, confirmada retrospectivamente tras doce meses consecutivos de amenorrea sin otra causa aparente(1). 

El climaterio impacta significativamente la salud debido a la disminución estrogénica, manifestándose mediante síntomas vasomotores, alteraciones del sueño, riesgo aumentado de osteoporosis, enfermedades cardiovasculares y síntomas psicológicos como ansiedad y depresión(2). 

Actualmente, el climaterio afecta a una proporción creciente de la población femenina debido al aumento de la esperanza de vida, lo que incrementa la exposición a síntomas y enfermedades asociadas a esta etapa(2,3). Los síntomas vasomotores, trastornos del sueño, alteraciones metabólicas, osteoporosis, enfermedades cardiovasculares y problemas de salud mental son frecuentes y pueden deteriorar significativamente la calidad de vida y aumentar la carga para los sistemas de salud(2). 

La alta prevalencia e impacto del climaterio en la calidad de vida constituye un problema de salud pública de primera magnitud, como lo demuestra un amplio estudio multicéntrico publicado en 2008, realizado en doce países latinoamericanos que incluyó a 8.373 mujeres entre 40 y 59 años, revelando que más del 50% experimenta síntomas moderados a severos(4). De manera alarmante, Chile registró la prevalencia más elevada, con un 80,8% de las mujeres, reportando un deterioro moderado o severo de su calidad de vida asociado a esta transición(4). 

Si bien el tratamiento hormonal es el más eficaz para los síntomas del climaterio(5), no todas las mujeres pueden o desean usarlo debido a contraindicaciones o preocupaciones sobre riesgos. Por su parte las vitaminas ofrecen una opción no hormonal, generalmente segura y bien tolerada, que puede ser utilizada a largo plazo y sin efectos secundarios graves(6). 

Esta revisión bibliográfica busca analizar y resumir la evidencia científica reciente, proveniente de revisiones sistemáticas y metaanálisis respecto a la eficacia y el papel de las vitaminas en el manejo integral del climaterio y la menopausia. 

METODOLOGÍA
Se realizó una búsqueda bibliográfica en PubMed, Cochrane y LILACS, utilizando los términos menopause OR climacteric AND vitamins y filtrando por revisiones sistemáticas y metaanálisis publicadas entre enero de 2020 y septiembre de 2025. Se excluyeron estudios sobre bifosfonatos, aquellos que no incluyeran la población menopáusica/climatérica, y aquellos estudios que no fueran de libre acceso. Para complementar la información, en ocasiones se consultaron las fuentes primarias de los estudios incluidos. 

VITAMINA D

Una revisión sistemática Cochrane (2023) evaluó el efecto de la suplementación con calcio y/o vitamina D en mujeres premenopáusicas sanas(7) y encontró que no produjo aumentos significativos en la densidad mineral ósea (DMO). Los resultados mostraron efectos nulos o clínicamente irrelevantes, tanto para la DMO de cadera total como para la columna lumbar, independientemente de que se utilizara calcio, vitamina D sola o la combinación de ambos(7). 

En relación con la salud ósea en la postmenopausia, existe un metaanálisis en red, realizado por Wei et al, publicado en 2025, cuyo objetivo fue proporcionar una comparación integral de la eficacia de múltiples suplementos dietéticos en mujeres después de la menopausia, enfocándose en los biomarcadores de recambio óseo(8). Este metaanálisis posicionó a la combinación de vitamina D y vitamina K como la estrategia más efectiva para mejorar los biomarcadores de formación ósea en mujeres postmenopáusicas(8). 

Para el propéptido N-terminal de procolágeno tipo I (P1NP), esta combinación alcanzó un valor de superficie bajo la curva de clasificación acumulativa (SUCRA) del 100%, mostrando una diferencia media (DM) significativa frente a placebo de 36,27 (IC 95%: 29,34–43,17). Además, demostró una superioridad estadística al ser comparada directamente con la monoterapia de calcio (DM: 45,81; IC 95%: 38,1–53,55) y con la monoterapia de vitamina D (DM: 39,36; IC 95%: 31,51–47,19)(8). De manera consistente, para la osteocalcina (OC) la cosuplementación obtuvo un alto valor SUCRA de 97,05%. La DM observada frente a placebo fue de 5,88 (IC 95%: 2,17–9,6), confirmándose su ventaja frente al calcio solo (DM: 6,92; IC 95%: 2,56–11,1) y la vitamina D sola (DM: 4,86; IC 95%: 0,33–9,26)(8). 

Dos metaanálisis recientes evaluaron el efecto de la suplementación con vitamina D sobre la función muscular en mujeres postmenopáusicas. 

Una revisión sistemática de 13 ensayos clínicos aleatorizados (ECA) en mujeres postmenopáusicas encontró que la suplementación con vitamina D mejoró significativamente la fuerza de agarre (HGS) (diferencia de medias ponderada (WMD): 0,876 kg; IC 95%: 0,180 a 1,571) en un análisis de 9 estudios, pero no mostró un efecto significativo en la movilidad (prueba TUG)(9). Un subgrupo de mujeres mayores de 60 años experimentó una mejora sustancialmente mayor en la HGS(9). 

De manera consistente, otro metaanálisis de 5 ECA en mujeres menopáusicas de 40-60 años mostró que la suplementación mejoró significativamente HGS (DM: 0,267; IC 95%: 0,065 a 0,469), pero no tuvo un efecto significativo en la fuerza de extensión de rodilla(10). No fue posible realizar un metaanálisis para la movilidad (TUG) debido a la insuficiencia de datos(10). 

La evidencia sobre la eficacia de la vitamina D para la incontinencia urinaria de urgencia en mujeres posmenopáusicas es inconsistente. Una revisión sistemática que analizó dos ECA encontró resultados contradictorios: mientras un estudio no alcanzó significación estadística frente al placebo, otro sí reportó una reducción significativa en la severidad de los síntomas(11). 

En relación con la corrección de niveles séricos de vitamina D, la revisión sistemática de Hassanein et al (2023) que analizó 19 ECA con 4.677 mujeres posmenopáusicas estableció que se requiere una dosis mínima de 800 UI/día durante al menos 12 semanas para alcanzar niveles séricos óptimos de 25(OH)D (≥50 nmol/L)(12). Los estudios primarios demostraron que esta dosis elevó consistentemente los niveles basales a rangos de suficiencia(12). Además, el análisis identificó que el calcidiol (25(OH) D3) es significativamente más efectivo que el colecalciferol (D3) para normalizar los niveles séricos(12). 

VITAMINA K

En el metaanálisis en red de Wei et al (2025), la suplementación con vitamina K mostró la mayor probabilidad de ser la intervención más efectiva para aumentar el marcador de formación ósea fosfatasa alcalina ósea (BAP), con un valor SUCRA del 95,50%(8). 

Los análisis de comparación directa demostraron aumentos significativos en BAP con vitamina K en comparación con probióticos (DM: 4,35; IC 95%: 3,14-5,56), calcio (DM: 2,71; IC 95%: 0,26-5,15) y vitamina D (DM: 2,24; IC 95%: 0,24-4,25)(8).

VITAMINA E

Síndrome genitourinario de la menopausia (SGM): La aplicación vaginal de vitamina E demostró ser significativamente superior al placebo en la mejoría de síntomas vaginales (DM: 5,3; IC 95%: 4,4 a 6,2)(13). Sin embargo, fue menos efectiva que el ácido hialurónico (DM: -0,50; IC 95%: -0,95 a -0,05) y mostró eficacia comparable a los estrógenos vaginales en función sexual y calidad de vida tras 12 semanas(13). 

Síntomas vasomotores y psiquiátricos: La suplementación oral con vitamina E demostró eficacia en el manejo de síntomas menopáusicos. Un ECA administrando 400 UI/día durante 4 semanas mostró una reducción significativamente mayor en intensidad y frecuencia de sofocos comparado con placebo(6). Otro ECA con la misma dosis (400 UI/ día) durante 8 semanas confirmó este efecto, observándose el primer resultado significativo a las 8 semanas de tratamiento(6). 

Para síntomas psicológicos, un ECA que utilizó 500 mg dos veces al día durante 8 semanas demostró una reducción significativa en ansiedad y síntomas generales comparado con placebo(6). Adicionalmente, un ensayo que empleó una combinación de isoflavonas, aceite de onagra y vitamina E (10 o 20 mg/día) durante 6 meses reportó una influencia positiva en la disminución de nerviosismo, sofocos e insomnio(6). 

Salud ósea: En el metaanálisis de Wei et al. (2025), la vitamina E obtuvo el valor SUCRA más alto (82,37%) para la reducción del marcador de resorción ósea C-telopéptido de colágeno tipo I (CTX), indicando la mayor probabilidad de ser la intervención más efectiva para este fin(8). 

Salud cardiovascular: La evidencia sobre los efectos cardiovasculares de la vitamina E es mixta. Un ensayo con 400 UI/día durante 4 semanas no mostró influencia significativa en el perfil lipídico(6). Otra investigación de 10 semanas de duración con la misma dosis no afectó la rigidez arterial o la presión arterial(6). 

Sin embargo, en regímenes de combinación se observaron beneficios. Un estudio demostró que añadir 800 UI/día de vitamina E a la terapia estrogénica mejoró la función vasodilatadora dependiente del endotelio(6). Asimismo, otro trabajo encontró que la combinación de 400 UI/día de vitamina E con aceite de pescado (omega-3) durante 3 meses disminuyó significativamente los niveles de colesterol total y LDL(6). 

VITAMINAS DEL COMPLEJO B

En la esfera de salud mental las revisiones sistemáticas refieren que el folato en su forma activa como adyuvante (15 mg/día) al tratamiento farmacológico produce una mejoría significativa en los síntomas depresivos (DM: -0,38; IC 95%: -0,66 a -0,09; p=0,01) con heterogeneidad I²=71% y se asocia con mayor tasa de remisión (RR: 1,46; NNT: 8; p=0,008)(22). En ECA específicos, la combinación de citalopram con 2,5 mg de ácido fólico mostró reducción significativa en puntajes BDI-II (p=0,01 a las 6 semanas, p=0,001 a las 8 semanas) y mayor tasa de respuesta (73,3% vs 40,0%; p menor que 0,001)(22). Otra combinación con 2 mg de ácido fólico, 0,5 mg de B12 y 25 mg de B6 demostró reducción del 6,5% en riesgo absoluto de depresión(22). Las dosis nutricionales de ≈400 mcg/día no mostraron eficacia significativa(22). 

Respecto a lo cardiovascular, estudios revelan que los niveles séricos de homocisteína en ayunas se encuentran significativamente elevados en pacientes con enfermedad arterial coronaria versus controles (p menor que 0.001)(14), mostrando correlación con la gravedad de la enfermedad(14). La revisión sistemática confirma que la deficiencia de vitaminas B6, B12 y ácido fólico contribuye a esta hiperhomocisteinemia(14), por lo que su suplementación atenuaría los factores de riesgo cardiovascular. 

En la esfera de la neuroprotección, un estudio en humanos reportó que,, la administración conjunta de ácido fólico, vitamina B6, de vitamina B12 por vía oral a pacientes de edad avanzada con hiperhomocisteinemia y deterioro cognitivo leve mejoró la función de la BHE(15). 

Respecto a la salud ósea, en un ensayo incluido un metaanálisis en red se evaluó la suplementación combinada de ácido fólico, vitamina B6 y B12 sobre el riesgo de fracturas en mujeres(8). Los resultados mostraron que esta intervención no redujo significativamente el riesgo de fractura(8); sin embargo, el análisis evidenció que los niveles bajos de vitamina B12 se asocian con disminución de la densidad mineral ósea(8). 

VITAMINA D

El declive estrogénico del climaterio aumenta la vulnerabilidad a morbilidades crónicas (osteoporosis, la sarcopenia y los trastornos metabólicos cardiovasculares) donde la vitamina D es crucial para la homeostasis ósea y muscular(14); sin embargo, existe una paradoja: pese a la alta frecuencia de su deficiencia, la evidencia sobre el beneficio clínico de su suplementación, especialmente en premenopausia, es controversial(7,16). Esta revisión evalúa críticamente dicha evidencia en los desenlaces clave del climaterio. 

1. Salud ósea: densidad mineral ósea (DMO) y prevención primaria en premenopausia
La revisión sistemática Cochrane (2023) concluye que la suplementación con calcio y/o vitamina D en mujeres premenopáusicas sanas no produce aumentos significativos en la DMO, con efectos nulos o irrelevantes en cadera y columna lumbar, y beneficio improbable para fracturas(7). Aunque metodológicamente robusta, la evidencia tiene certeza baja a moderada debido a limitaciones, como alto riesgo de sesgo y falta de reporte de desenlaces clínicos. Se desaconseja la suplementación universal; los autores la categorizan como “cuidado de bajo valor”(16) y se sugiere dirigir esfuerzos a subpoblaciones con factores de riesgo específicos(7). 

2. Salud ósea: recambio óseo en postmenopausia
Para interpretar los resultados del metaanálisis en red de Wei et al (2025) es clave el valor SUCRA, una medida estadística que clasifica los tratamientos del mejor al peor (0-100%): un valor cercano al 100% indica la mayor probabilidad de ser la intervención más efectiva. 

Este metaanálisis posiciona a la combinación de vitaminas D y K como la más efectiva para mejorar marcadores de formación ósea (P1NP y osteocalcina) en postmenopáusicas, con valores SUCRA del 97,05 y 100% respectivamente(8). Esto se basa en un efecto sinérgico: la vitamina D estimula la producción de osteocalcina y la vitamina K la activa mediante carboxilación, promoviendo una mineralización ósea efectiva(8). 

Sin embargo, analizando críticamente los estudios primarios, resulta que se administraron en protocolos multimicronutrientes: 

Maria et al (2017): 2000 UI de vitamina D3 + 60 µg de vitamina K2 MK-7 + 5 mg de melatonina + 450 mg de citrato de estroncio(17). 

Braam et al (2003): ≈320 UI de vitamina D + 1 mg de vitamina K1 + 500 mg de calcio + 10 mg de zinc + 150 mg de magnesio(18). 

Esto implica que no puede aislarse rigurosamente el efecto exclusivo de la combinación de vitaminas D+K y los altos valores SUCRA reflejan la eficacia del protocolo completo. No obstante, la evidencia respalda estos regímenes de cosuplementación como la estrategia dietética más prometedora para la formación ósea en osteoporosis postmenopáusica, superando claramente a las monoterapias con vitamina D o calcio(8). 

La solidez de la evidencia es moderada, suficiente para generar una recomendación práctica: en el manejo nutricional de la osteoporosis postmenopáusica, la cosuplementación con vitaminas D y K descrita en los protocolos emerge como la estrategia dietética más prometedora para favorecer la formación ósea, superando claramente a la suplementación con vitamina D o calcio por separado(8). 

Este hallazgo sienta las bases para futuros ensayos clínicos que evalúen desenlaces primarios, como fracturas, y determinen qué componentes de estos protocolos generan el mayor impacto en los marcadores óseos. 

3. Función muscular, sarcopenia y movilidad
La evidencia de dos metaanálisis confirma que la suplementación con vitamina D mejora específicamente la fuerza de agarre en mujeres postmenopáusicas(9,10); sin embargo, este beneficio es selectivo, ya que no se observaron mejoras en fuerza de extensión de rodilla(10) ni en movilidad funcional(9). 

El perfil de respuesta se refina en subgrupos: mujeres mayores de 60 años y aquellas sin suplementación concurrente de calcio experimentaron mayores mejorías(9). Esta selectividad sugiere que el beneficio muscular de la vitamina D podría ser independiente de su rol en el metabolismo cálcico o que muestre mejores beneficios en personas subsuplementadas. 

Estos hallazgos abren importantes ventanas de oportunidad: la naturaleza selectiva del efecto sugiere la existencia de mecanismos diferenciales de la vitamina D sobre distintos grupos musculares y aspectos de la función física. La marcada heterogeneidad en protocolos (dosis de 400-300,000 UI)(9,10) resalta la necesidad de establecer dosis y formulaciones óptimas específicas para la salud muscular. Además, la mayor eficacia en mayores de 60 años sugiere que la ventana de intervención podría ser crítica en estadios más avanzados de la sarcopenia. 

Para la práctica clínica, la suplementación con vitamina D representa una estrategia efectiva para mejorar la fuerza de agarre en mujeres postmenopáusicas, especialmente mayores de 60 años(9,10), aunque su impacto en otros dominios de la función muscular requiere más investigación. 

4. Incontinencia urinaria
El razonamiento para emplear la vitamina D en el manejo de la incontinencia urinaria de urgencia se sustenta en un mecanismo biológico directo(11). Durante el climaterio, el SGM genera atrofia en el tracto urinario inferior. La base para intervenir con vitamina D reside en la presencia confirmada de receptores de vitamina D (VDR) en el músculo detrusor de la vejiga y en el papel de la vitamina D en la síntesis de proteínas musculares(11). Se postula que, al activar los VDR en el músculo liso vesical, la vitamina D podría mejorar la respuesta contráctil y la distensibilidad vesical, especialmente en mujeres con deficiencia(11). A pesar de una base teórica contundente, los autores de la revisión sistemática concluyeron que el uso de vitamina D arroja resultados contradictorios y no se puede emitir una declaración sobre su eficacia para mejorar los síntomas(11). 

5. Niveles séricos de vitamina D y riesgo de morbilidad
La deficiencia de vitamina D es prevalente en la postmenopausia y constituye un factor de riesgo modificable para múltiples morbilidades crónicas, incluyendo osteoporosis, trastornos metabólicos y enfermedades cardiovasculares(14). La evidencia demuestra que la suplementación es efectiva para alcanzar niveles séricos óptimos (≥50 nmol/L), requiriéndose una dosis mínima de 800 UI/ día durante al menos 12 semanas(12). El calcidiol (25(OH)D3) muestra superioridad significativa sobre el colecalciferol (D3) para normalizar rápidamente los niveles séricos(12). 

Estos hallazgos consolidan una recomendación práctica clara: la corrección del déficit de vitamina D es una prioridad clínica en el manejo de la mujer postmenopáusica(14). El protocolo de 800 UI/día durante 12 semanas, preferentemente con calcidiol, emerge como estrategia eficiente para alcanzar la suficiencia vitamínica y mitigar el riesgo asociado de morbilidad crónica(12). 

VITAMINA K

La vitamina K, particularmente la forma K2 (menaquinona) es un nutriente esencial cuya relevancia en la menopausia reside en la salud ósea, debido a la alteración del metabolismo óseo postestrogénica. Su mecanismo fisiopatológico clave es la activación de la OC, una proteína crucial que dirige el calcio hacia el hueso, facilitando la mineralización. 

Su combinación con vitamina D ya fue comentada previamente. Por su parte la suplementación con vitamina K sola, a dosis bajas, 1.5 mg/ día de vitamina K2 MK 4, se asoció con la mayor probabilidad aumentos significativos de los niveles del marcador de formación BAP (SUCRA 95.50%)(19), al compararlo con otros suplementos como probióticos, calcio, y vitamina D. 

En la práctica clínica, estos hallazgos apoyan la suplementación con vitamina K como una estrategia coadyuvante dirigida a optimizar la formación ósea; sin embargo, persiste una brecha crítica: si bien mejora biomarcadores, ningún estudio ha demostrado reducción de fracturas. Esto representa la principal oportunidad de investigación futura para establecer el rol clínico definitivo de la vitamina K en la osteoporosis postmenopáusica. 

VITAMINA E

La vitamina E, una sustancia liposoluble que funciona como un potente antioxidante y cuyos tocoferoles y tocotrienoles actúan como fitoestrógenos, ha sido propuesta como alternativa para síntomas menopáusicos(6). Esta revisión analiza críticamente su eficacia en dominios clave. 

1. Síndrome genitourinario de la menopausia
La vitamina E vaginal emerge como una alternativa no hormonal sustentada por evidencia clínica creciente para el SGM(,13). En los estudios se demuestra que en dosis bajas (1 mg/2,22 UI) es significativamente superior al placebo, pero menos efectiva que el ácido hialurónico (5 mg)(13). En dosis altas (100 UI) muestra eficacia comparable al estrógeno conjugado vaginal (0.5 g) en mejoría de función sexual y calidad de vida tras 12 semanas(6,13). 

Los protocolos mejor documentados incluyen:

Dosis bajas: supositorio vaginal de aplicación diaria por 2 semanas, luego cada 48-72 horas hasta completar 8 semanas(6,13). 

Dosis altas: supositorio vaginal de aplicación diaria inicial por 2 semanas, luego dos veces por semana hasta completar 12 semanas(13). 

La solidez de la evidencia es moderada-baja, limitada por muestras pequeñas y heterogeneidad metodológica(13). Es importante considerar los efectos adversos locales, reportándose en aproximadamente 13% de las pacientes con dosis altas, incluyendo ardor, flujo y sangrado vaginal(13). 

En práctica clínica, representa una opción viable para SGM leve a moderado en mujeres con contraindicaciones a terapia hormonal(6,13), aunque requiere validación mediante ECA más rigurosos que establezcan dosis óptima y evalúen seguridad a largo plazo(6,13). 

2. Síntomas vasomotores y psiquiátricos
La evidencia disponible demuestra que la suplementación oral con vitamina E ofrece beneficios para síntomas menopáusicos más allá de los síntomas genitourinarios. Para los sofocos, la dosis de 400 UI/día ha mostrado consistentemente reducir su intensidad y frecuencia en comparación con placebo, aunque este efecto requiere varias semanas para manifestarse(6). 

En el ámbito de los síntomas psicológicos, regímenes con dosis más altas (500 mg dos veces al día) han demostrado eficacia en la reducción de ansiedad y síntomas generales(6). Los estudios en combinación con otros compuestos como isoflavonas y aceite de onagra, refuerzan su potencial para mejorar síntomas ansiosos y el insomnio(6). 

Es crucial contextualizar que, si bien estos efectos son estadísticamente significativos, la terapia hormonal mantiene superioridad para el control de síntomas vasomotores moderados a severos(6). La interpretación de la evidencia se ve limitada por la inconsistencia en las unidades de medida (UI vs. mg), lo que refleja la naturaleza compleja de los compuestos de vitamina E y dificultando las comparaciones directas(6). 

La solidez global de esta evidencia se clasifica como moderada-baja. Si bien se sustenta en ECAs, está limitada por una notable heterogeneidad metodológica, la dificultad para aislar el efecto específico debido al uso frecuente en combinaciones y preocupaciones de seguridad potenciales asociadas a dosis elevadas basadas en metaanálisis no específicos de menopausia(6,20). 

En la práctica clínica, estos hallazgos apoyan el uso de vitamina E oral como una alternativa para el manejo de síntomas leves a moderados en mujeres que rechazan o presenten contraindicaciones para la terapia hormonal(6). Los esquemas mejor documentados incluyen 400 UI/día para sofocos y 500 mg dos veces al día para síntomas generales y ansiedad(6). Sin embargo, se debe ejercer precaución con las dosis elevadas y considerar que, debido a la evidencia limitada, guías internacionales como NICE 2022 aún no recomiendan su uso en poblaciones especiales como supervivientes de cáncer de mama(6). 

Persisten brechas importantes en la determinación de dosis óptimas, la evaluación de seguridad a largo plazo y la exploración de sinergias, aspectos que requieren futuros estudios mejor diseñados(6). 

3. Salud ósea
El análisis de la evidencia disponible revela que la vitamina E ejerce efectos particularmente interesantes en la salud ósea de la mujer posmenopáusica. Según un metaanálisis mencionado previamente en esta revisión, la suplementación con vitamina E, particularmente con tocotrienoles, se posiciona como la intervención simple más efectiva para reducir los niveles de CTX, un marcador clave de resorción ósea, con un valor SUCRA del 82.37%(8). Este efecto se explica por su potente acción antioxidante que mitiga las especies reactivas de oxígeno y las citoquinas proinflamatorias que estimulan la actividad osteoclástica(8). 

La solidez de la evidencia que respalda el efecto sobre la resorción ósea es alta, sustentada en la robustez metodológica del metaanálisis en red, aunque se ve matizada por el número limitado de estudios primarios que evalúan la vitamina E en monoterapia y por la controversia histórica sobre la seguridad de las dosis altas(8). 

En la práctica clínica, estos hallazgos apoyan la consideración de la vitamina E como estrategia coadyuvante en el manejo de la osteoporosis posmenopáusica, con dosis de 400 UI/día para la supresión de la resorción ósea(8). No obstante, persisten cruciales brechas de conocimiento, particularmente en determinar, si esta reducción en marcadores de resorción se traduce en mejoras en densidad mineral ósea y reducción de fracturas, así como en dilucidar los mecanismos moleculares específicos mediante los cuales ejerce su acción osteoprotectora(8). 

4. Salud cardiovascular
El interés en la vitamina E para la salud cardiovascular en la menopausia surge de su acción antioxidante, crucial frente al deterioro del perfil lipídico postestrogénico(6). La evidencia demuestra consistentemente su capacidad para inhibir la oxidación de las LDL de manera dosis-dependiente, estableciendo una sólida base fisiopatológica(6). 

Sin embargo, su eficacia como monoterapia es inconsistente. Estudios con 400 UI/día durante 4 semanas no logró reducir significativamente el LDL-C, ni 400 UI/día durante 10 semanas afectó la rigidez arterial o presión sanguínea en mujeres posmenopáusicas(6). 

El potencial real emerge en regímenes de combinación. La adición de 800 UI/día a la terapia estrogénica mejoró sustancialmente la función vasodilatadora endotelial(6). De manera similar, la combinación de 400 UI/día de vitamina E (o 400 mg/día de α-tocoferol acetato) con 1g de omega-3 (540 mg EPA + 360 mg DHA) demostró una disminución significativa en colesterol total y LDL(6,21). 

En la práctica, estos hallazgos posicionan a la vitamina E no como monoterapia, sino como un coadyuvante antioxidante en esquemas combinados, particularmente con terapia hormonal u omega- 3(6,21). Su uso requiere cautela y no sustituye a las terapias hipolipemiantes estándar. Futuras investigaciones deben establecer su seguridad a largo plazo, elucidar el perfil de sus distintos subtipos moleculares y determinar si sus beneficios antioxidantes y vasculares se traducen en reducción de eventos cardiovasculares. 

VITAMINAS DEL COMPLEJO B

Las vitaminas del complejo B son micronutrientes esenciales cuya función como cofactores en el metabolismo de un solo carbono y en la biosíntesis de metionina resulta crucial para la homeostasis en la mujer postmenopáusica(14,22). La deficiencia o los niveles desequilibrados de estas vitaminas están intrínsecamente ligados a un aumento del riesgo de morbilidades crónicas y problemas de salud mental comunes en esta etapa de la vida, como trastornos neuropsiquiátricos, enfermedades cardiovasculares y osteoporosis(14). Esto será abordado a continuación. 

Salud mental
La vitamina B9/ácido fólico, en conjunto con las vitaminas B6 y B12, es un cofactor coenzimático esencial en la vía metabólica de un solo carbono, necesaria para la síntesis de S-adenosilmetionina (SAM), que a su vez, es vital para la síntesis de neurotransmisores, como la norepinefrina, la serotonina y la dopamina(22). 

La evidencia revela una asociación consistente entre la deficiencia de folato y los trastornos depresivos, con especial relevancia en la depresión postmenopáusica(22). Este vínculo se ve potenciado por el polimorfismo C677T, en el gen de la enzima encargada de catalizar la conversión de una forma inactiva de folato a su forma biológicamente activa - enzima metilentetrahidrofolato reductasa (MTHFR) —donde las portadoras homocigotas para el alelo variante (T/T) presentan un riesgo cuadruplicado de desarrollar depresión en comparación con las portadoras del genotipo CC(22). 

Los suplementos de folato, en particular la forma biológicamente activa, el L-metilfolato (o levomefolato), han demostrado mejorar los resultados clínicos en el trastorno depresivo mayor (MDD) —incluyendo la depresión postmenopáusica— cuando se utilizan como farmacoterapia adjunta a tratamiento con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) en general(22). El L-metilfolato puede atravesar la barrera hematoencefálica y de esta manera ser utilizada directamente para la síntesis de neurotransmisores, evitando el metabolismo deficiente causado por el polimorfismo MTHFR(22). 

En resumen, la evidencia más fuerte apoya el uso de L-metilfolato (15 mg/día) como terapia adjunta a los ISRS en pacientes con depresión que no responden adecuadamente a la monoterapia(22). Además, igualmente se observó en los ensayos que la asociación de ácido fólico (forma inactiva) con citalopram o fluoxetina también mejoraron los resultados clínicos(22). En particular, se observa un efecto dosis dependiente en la coadyuvancia con fluoxetina, optimizando sus beneficios al aumentar la dosis de ácido fólico de 5 mg/día a 10 mg/día(22). En el caso del citalopram, se utilizó una combinación de ácido fólico 2 mg + vitamina B6 25 mg + vitamina B12 0.5 mg al día, resultando mejorar la respuesta al tratamiento con citalopram, reduciendo el riesgo de depresión(22). 

Cabe destacar que en cuatro estudios que no demostraron eficacia del folato en la depresión utilizaron dosis de ácido fólico próximas a los 400 mcg/ día, equivalentes a la ingesta diaria recomendada. Esto sugiere que las dosis nutricionales convencionales resultan insuficientes para alcanzar efectos terapéuticos en el ámbito de la salud mental, respaldando el uso de dosis más elevadas en contextos psiquiátricos(22). 

La evidencia disponible presenta una sólida base metodológica sustentada en revisiones sistemáticas rigurosas que incluyen múltiples ECA, con mecanismos de acción bien establecidos que justifican la superioridad del L-metilfolato, particularmente en la población postmenopausica(22). Sin embargo, se identifica una limitación crítica en la aplicabilidad poblacional: si bien las mujeres en etapa de climaterio/ menopausia estaban representadas en los estudios, ningún ECA se diseñó específicamente para esta población, ya que las investigaciones incluyeron muestras más amplias de adultos con trastorno depresivo mayor(22). Esta particularidad, sumada a la heterogeneidad en formulaciones y dosis de folato utilizadas, dificulta la extrapolación directa de los resultados y resalta la necesidad de estudios específicamente diseñados para esta población. 

Neuroprotección
El papel neuroprotector del complejo B en el climaterio se fundamenta en la modulación del metabolismo del carbono único. La deficiencia de vitamina B12 y folato conduce a hiperhomocisteinemia(14), factor altamente neurotóxico que sobreestimula receptores NMDA, generando estrés oxidativo, daño endotelial y apoptosis neuronal, lo que contribuye al deterioro cognitivo y riesgo cerebrovascular(14,22). 

La evidencia más directa proviene de estudios que demuestran mejoría en la función de la barrera hematoencefálica (BHE). Un ensayo en humanos, a quienes se les administró por vía oral 10 mg de ácido fólico, 80 mg de vitamina B6 y 2mg de B12; mostró mejoría en la función de la BHE en pacientes con hiperhomocisteinemia y deterioro cognitivo leve(15). 

Sin embargo, se requiere el uso de dosis altas debido a la alta prevalencia del polimorfismo C677T del gen MTHFR (presente hasta en el 70% de la población), que compromete la conversión del ácido fólico a su forma activa(22). Por ello, la forma preferida de suplementación es el L-metilfolato (B9 activo), que puede cruzar la BHE sin necesidad de la enzima MTHFR(22). Se extrapola que la dosis de 15 mg/día de L-metilfolato, establecida en ECAs para depresión resistente, constituye el rango terapéutico necesario para superar este defecto metabólico(22). 

Es crucial destacar que el uso de ácido fólico inactivo en dosis altas puede, paradójicamente, inhibir el transporte de folato activo a través de la BHE(22).

Es imperativo que la investigación futura se dirija a ensayos con L-metilfolato en mujeres postmenopáusicas que midan directamente la incidencia de demencia como desenlace primario. 

Hiperhomocisteinemia y salud cardiovascular
La principal utilidad cardiovascular de las vitaminas B6, B9 y B12 en la menopausia radica en su papel como cofactores esenciales en el metabolismo del carbono único. Su deficiencia conduce a hiperhomocisteinemia, un factor de riesgo sistémico que aumenta la vulnerabilidad a enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares y aterosclerosis(14). La evidencia muestra una correlación directa entre los niveles de homocisteína y la severidad de la enfermedad arterial coronaria(14). 

Sin embargo, metodológicamente no se han reportado ECA cuyo desenlace primario sea la reducción de eventos cardiovasculares duros mediante suplementación con vitaminas B. Cualquier inferencia sobre dosis efectivas se basa en la extrapolación de estudios con desenlaces intermedios. Las dosis utilizadas en estos estudios que logran reducir la homocisteína plasmática y mejorar la función neurovascular corresponden a ácido fólico 10 mg/día (con B6) para corrección metabólica y mejora de la BHE(22), o bien, ácido fólico 2 mg + B6 25 mg + B12 0,5 mg en regímenes combinados(22). 

La evidencia refuerza el manejo preventivo enfocado en la mitigación del riesgo metabólico. El mensaje práctico es la evaluación y corrección de la hiperhomocisteinemia en mujeres postmenopáusicas con riesgo vascular, reconociendo que la evidencia existente no proviene de estudios diseñados específicamente para esta población. 

Salud ósea
El principal mecanismo fisiopatológico que vincula las vitaminas del complejo B (B6, B9/folato, B12) con la salud ósea es la hiperhomocisteinemia(14). La deficiencia de vitamina B12 y ácido fólico, al estar involucrada en el metabolismo de la homocisteína, contribuye a la elevación de sus niveles(14). 

Los niveles altos de homocisteína se asocian con una disminución de la densidad mineral ósea (DMO), lo que incrementa la fragilidad y discapacidad en mujeres de edad avanzada(14). La homocisteína daña el hueso al interferir con la reticulación del colágeno, un proceso fundamental para la estabilidad y fortaleza de la matriz ósea(14). Además, se ha encontrado una asociación entre niveles bajos de vitamina B12 y la disminución de la DMO(14). 

El ensayo más riguroso en este campo fue el RCT doble ciego y controlado con placebo(23). El estudio no encontró efectos significativos ni beneficiosos ni perjudiciales de esta suplementación en el riesgo de fractura no vertebral. La reducción de la homocisteína lograda por el tratamiento no se tradujo en un beneficio clínico en la prevención de fracturas(23). 

Aunque la intervención directa falló en la prevención de fracturas, la evidencia sugiere que la deficiencia de vitamina B12 y folato debe ser corregida, ya que se asocia con una disminución de la DMO y el riesgo de fragilidad(14). 

CONCLUSIÓN

La evidencia analizada consolida el papel de las vitaminas como intervenciones válidas en el manejo integral del climaterio, aunque con eficacia variable según la vitamina, la forma de administración y el síntoma específico. Lejos de ser meros suplementos nutricionales, vitaminas como la D, E, K y el complejo B demuestran mecanismos de acción específicos y efectos medibles, posicionándose como alternativas no hormonales sólidas para mujeres con contraindicaciones o preferencia por este tipo de abordaje. Su mayor valor reside en la capacidad de abordar comorbilidades clave de esta etapa, como la osteoporosis, el síndrome genitourinario y los trastornos del estado de ánimo. 

Sin embargo, la aplicación clínica exige un discernimiento crítico. El beneficio no es universal; está condicionado a factores como la etapa del climaterio (ej., suplementación con vitamina D es inefectiva en premenopausia, pero crucial en postmenopausia), la formulación (ej., L-metilfolato vs. ácido fólico) y la dosis (ej., dosis nutricionales vs. terapéuticas). El hallazgo más significativo es el potencial de las combinaciones sinérgicas que en varias ocasiones demostraron ser superiores a la monoterapia. Esto sugiere un cambio de paradigma, orientando el manejo hacia regímenes combinados que imitan la complejidad de la fisiopatología menopáusica. 

En definitiva, esta revisión no aboga por una suplementación indiscriminada de vitaminas en la menopausia, sino por una prescripción basada en la evidencia. No obstante, se reconocen como limitaciones de esta revisión, la heterogeneidad metodológica de los estudios primarios incluidos y el enfoque en marcadores sustitutos en lugar de desenlaces clínicos primarios. Se deben realizar nuevos estudios para investigar con mayor rigor los desenlaces clínicos duros (fracturas, eventos cardiovasculares) y refinar los protocolos de combinación y dosificación para así poder integrar las vitaminas de manera definitiva y precisa en las guías de práctica clínica para el climaterio.

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Correspondencia:

Hospital Clínico Universidad de Chile

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