Hospital Clínico Universidad de Chile
Hospital Clínico Universidad de Chile

Abstracts Publicaciones 2021   Quiénes somos     Instrucciones a autores    Responsabilidad autoría     Contacto   Portal Revistas U. de Chile  

Uroanálisis durante el embarazo: interpretación por parámetro

Background: Urinalysis and urine culture are fundamental and non-invasive diagnostic tools in obstetric care. Physiological changes in renal function during pregnancy can modify urine composition, requiring precise interpretation to differentiate normal adaptations from pathological findings. Objective: To summarize the physiological basis, interpretation, and clinical value of urinary parameters and urine culture during pregnancy for the detection of metabolic, infectious, renal, and hepatic disorder. Methods: A narrative review of international literature on urinalysis and its impact on obstetric pathologies was conducted using the SCOPUS and PubMed databases in English or Spanish. The review addressed glucose, protein, leukocytes, nitrites, bilirubin, urobilinogen, pH, erythrocytes, specific gravity, ketones, ascorbic acid, and urine culture. Results: Mild or transient changes may be physiological, but persistent or marked abnormalities suggest gestational diabetes, urinary tract infection, preeclampsia, or hepatic dysfunction. Combined dipstick and microscopic evaluation increase diagnostic accuracy. Urine culture is the gold standard for the diagnosis of urinary tract infections. Conclusions: Urinalysis remains an essential prenatal screening tool. Accurate interpretation supports early detection and management of maternal and fetal complications.
Keywords: urinalysis, pregnancy, preeclampsia, urinary tract infection, gestational diabetes

Rev Hosp Clín Univ Chile 2026; 37: 159 - 69. DOI: 10.5354/2735-7996.2026.81868
Lorena Altamirano B., Victoria Estrada B ., Hugo Salinas P.


El examen general de orina y el urocultivo constituyen herramientas diagnósticas fundamentales en el control prenatal, debido a su sencillez, bajo costo y alta capacidad para detectar alteraciones metabólicas, infecciosas y renales de manera precoz. Durante el embarazo, múltiples adaptaciones fisiológicas en la función renal y en la composición de la orina pueden modificar los resultados del análisis, lo que exige una interpretación cuidadosa que distinga los cambios fisiológicos de los patológicos(1-3).

El embarazo normal se caracteriza por un aumento del flujo plasmático renal y del filtrado glomerular en torno al 30–50 %, así como por una disminución del umbral de reabsorción tubular para ciertos solutos, entre ellos la glucosa y los aminoácidos(1,2). Estos cambios pueden dar lugar a hallazgos como glucosuria o proteinuria leves, consideradas fisiológicas cuando se presentan de forma aislada y transitoria(3). Sin embargo, la persistencia o magnitud de estas alteraciones puede indicar condiciones de riesgo, como diabetes mellitus gestacional o enfermedad renal subyacente(4-6). 

La evaluación de la orina en la gestante también desempeña un papel esencial en la detección de infecciones del tracto urinario (ITU), una de las complicaciones bacterianas más frecuentes del embarazo y causa importante de morbilidad maternofetal(7-9). La combinación de leucocituria, nitritos positivos y bacteriuria significativa permite orientar el diagnóstico y tratamiento oportuno, incluso en casos asintomáticos, cuya identificación y manejo reducen el riesgo de pielonefritis y parto prematuro(10-12). La interpretación adecuada del urocultivo y de las pruebas rápidas, como la tira reactiva, ha sido ampliamente validada como método de cribado eficaz en la atención obstétrica(13-16). El urocultivo permite diagnosticar la bacteriuria asintomática y aplicar un tratamiento dirigido. Esta intervención es clave para prevenir la progresión a pielonefritis y reducir complicaciones obstétricas graves, como el parto pretérmino y la preeclampsia(4). 

Otros parámetros, como la bilirrubina y el urobilinógeno, aportan información sobre el estado hepático y la presencia de colestasis intrahepática del embarazo, mientras que la detección de proteínas en cantidades elevadas constituye un criterio diagnóstico clave para la preeclampsia(17-22). Esta última, junto con los trastornos hipertensivos del embarazo, continúa siendo una de las principales causas de complicaciones maternas y perinatales a nivel mundial, motivo por el cual las guías internacionales enfatizan la necesidad de un control urinario periódico durante la gestación(23-25). 

Asimismo, el pH urinario, la gravedad específica y la presencia de cetonas o eritrocitos ofrecen información complementaria sobre el equilibrio ácidobase, el estado de hidratación y la función tubular renal(26-28). Alteraciones sostenidas en estos parámetros pueden reflejar deshidratación, urolitiasis, daño glomerular o complicaciones metabólicas como la cetoacidosis diabética(29-31). 

En conjunto, el uroanálisis constituye un examen de primer orden en la valoración integral de la embarazada, no solo por su capacidad para detectar patologías, sino también por su valor en la vigilancia del curso fisiológico del embarazo. La comprensión de los cambios renales y metabólicos que ocurren durante este período es esencial para interpretar correctamente los resultados y evitar diagnósticos erróneos o intervenciones innecesarias. En este contexto, el examen de orina se mantiene como una herramienta insustituible en la práctica obstétrica, contribuyendo a la prevención, detección temprana y seguimiento de complicaciones maternas y fetales(32-35). 

El presente trabajo se estructura en torno al análisis detallado de los principales parámetros del examen de orina durante el embarazo, abordando tanto sus fundamentos fisiológicos como su valor diagnóstico en distintos contextos clínicos. Se analizan de manera individual parámetros clave como glucosa, proteínas, leucocitos, nitritos, bilirrubina, urobilinógeno, pH, eritrocitos, cetonas, gravedad específica y urocultivo, enfatizando su interpretación y relevancia clínica. Finalmente, se sintetizan las implicancias del uroanálisis en la práctica obstétrica y se discuten sus limitaciones, destacando la necesidad de una evaluación integral que combine la evidencia de laboratorio con la valoración clínica y obstétrica para garantizar una atención prenatal segura y de calidad. 

METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa de literatura internacional sobre el uroanálisis y su impacto en patologías obstétricas, inicialmente entre el año 2015 y 2025, usando como bases de datos SCOPUS y Pub- Med en inglés o español, buscando analizar los siguientes parámetros: glucosa, proteínas, leucocitos, nitritos, bilirrubina, urobilinógeno, pH, eritrocitos, densidad, cetonas, ácido ascórbico y urocultivo. Se seleccionaron como palabras claves: urinalysis OR pregnancy OR preeclampsia OR urinary tract infection OR gestational diabetes. 

Glucosa
La glucosuria refleja la excreción renal de este carbohidrato cuando la concentración plasmática supera la capacidad de reabsorción tubular. En condiciones normales, el túbulo proximal reabsorbe casi toda la glucosa filtrada, por lo que la orina de una embarazada sana no contiene glucosa detectable o, en algunos casos, trazas aisladas (±) sin significado patológico(1,2). 

Durante el embarazo, el aumento del filtrado glomerular (30-50%) y la disminución del umbral renal de reabsorción de glucosa explican que hasta un 40% de las gestantes presenten glucosuria leve transitoria, especialmente después de las comidas o durante el segundo y tercer trimestre(3). Este hallazgo es considerado fisiológico, siempre que la glucemia capilar o plasmática se mantenga dentro de los valores normales. 

Sin embargo, la presencia persistente de glucosuria marcada (≥ 1+ o ≥ 250 mg/dL) es anormal y debe hacer sospechar diabetes mellitus preexistente o gestacional, particularmente si se asocia a cetonuria o síntomas como poliuria, polidipsia y fatiga(4-6). En la diabetes gestacional, la glucosa urinaria no siempre se correlaciona con la hiperglucemia sérica, pero su detección constituye un signo de alarma que justifica la realización de una curva de tolerancia oral a la glucosa (CTOG). 

La glucosuria también puede observarse en síndromes de malabsorción tubular o nefropatías intersticiales, aunque estas causas son menos frecuentes. En síntesis, en el embarazo la glucosa urinaria puede ser un fenómeno benigno, si es leve y aislado, pero su persistencia o intensidad elevada tiene valor diagnóstico en el cribado metabólico y obstétrico, ya que puede ser un indicador precoz de diabetes gestacional o alteración tubular renal. 

Leucocitos
La presencia de leucocitos en la orina refleja inflamación del epitelio urotelial. En condiciones normales, el sedimento urinario de una gestante puede contener hasta 0–30 leucocitos/µL, equivalentes a 0–5 leucocitos por campo de alto poder (HPF), rango considerado fisiológico(7,3). Se define piuria significativa cuando existen >5–8 leucocitos/HPF o una esterasa leucocitaria positiva en la tira reactiva(7,8). 

La leucocituria presenta una alta sensibilidad para infección urinaria, pero baja especificidad, ya que puede deberse a contaminación vaginal, inflamaciones no infecciosas o bacteriuria asintomática. En embarazadas, la llamada piuria estéril (leucocitos sin crecimiento bacteriano) es frecuente y puede representar contaminación o infección por gérmenes no cultivables(11,12). Por ello, la detección de leucocitos debe interpretarse junto al cultivo urinario y los síntomas clínicos. 

La leucocituria forma parte del diagnóstico diferencial de tres cuadros principales: bacteriuria asintomática, definida como ≥10⁵ UFC/mL sin síntomas urinarios, que requiere tratamiento para prevenir pielonefritis(7-9); cistitis aguda con piuria marcada y síntomas urinarios bajos, generalmente sin fiebre y pielonefritis aguda con piuria intensa, bacteriuria y cilindros leucocitarios, acompañada de fiebre y dolor lumbar(7,13). En resumen, la leucocituria es un indicador sensible, pero inespecífico de infección urinaria en el embarazo; su confirmación siempre debe apoyarse en el cultivo bacteriológico. 

Nitritos
La prueba de nitritos detecta la reducción de nitratos a nitritos por bacterias nitrato-reductoras, como E. coli, Klebsiella o Proteus(12-14). En mujeres sanas —incluidas las gestantes— la orina es negativa para nitritos, por lo que su positividad tiene alta especificidad (94–98 %) para infección urinaria(14-16). Sin embargo, la sensibilidad es baja (35–60 %), debido a factores que producen falsos negativos: micción frecuente (tiempo corto en vejiga), dieta pobre en nitratos, antibióticos previos o gérmenes no reductores (Enterococcus, Pseudomonas)(10,11). 

La combinación de nitritos y esterasa leucocitaria positivas mejora el rendimiento diagnóstico con una sensibilidad cercana al 90% y especificidad del 95% para infección urinaria confirmada por cultivo(7,15). 

Urobilinógeno
El urobilinógeno es un pigmento biliar intermedio que se forma en el intestino a partir de la reducción de la bilirrubina conjugada excretada en la bilis. Una pequeña fracción de este compuesto es reabsorbida al torrente sanguíneo y eliminada posteriormente por los riñones, por lo que pequeñas cantidades están presentes de forma normal en la orina. En mujeres embarazadas, el valor fisiológico de urobilinógeno en orina se mantiene entre 0,1 y 1,0 mg/dL y su presencia en trazas se considera normal y esperable(3,17,18). 

Durante el embarazo, la ligera hemodilución y el aumento del flujo renal no modifican significativamente la excreción de urobilinógeno; sin embargo, valores elevados (>2 mg/dL o resultados “++”/“+++”) indican aumento en la degradación de hemoglobina o disminución del aclaramiento hepático, como ocurre en anemias hemolíticas, hepatitis viral, colestasis intrahepática del embarazo o alteración hepatobiliar asociada a preeclampsia severa (19-21). 

Por el contrario, la ausencia total de urobilinógeno en orina puede observarse en obstrucción biliar completa, ya que la bilirrubina conjugada no alcanza el intestino para transformarse. En estos casos, la tira reactiva muestra urobilinógeno negativo acompañado de bilirrubina positiva, lo que orienta al diagnóstico diferencial de colestasis o ictericia obstructiva(18,20). 

En la práctica obstétrica, la evaluación del urobilinógeno tiene valor complementario para la detección de trastornos hepáticos y hemolíticos durante el embarazo. Su interpretación siempre debe correlacionarse con las concentraciones séricas de bilirrubina, transaminasas y hemoglobina. 

Bilirrubina
La bilirrubina urinaria representa la fracción conjugada (directa) de la bilirrubina plasmática que, al ser hidrosoluble, puede filtrarse por el glomérulo y eliminarse en la orina. En condiciones normales, la bilirrubina no se detecta en la orina de mujeres embarazadas ni de la población general, ya que la bilirrubina conjugada plasmática se mantiene en niveles bajos y la no conjugada es insoluble en agua. Por tanto, su presencia en el examen de orina siempre se considera anormal y debe motivar la búsqueda de una causa hepatobiliar o hemolítica(3,17,20). 

Durante el embarazo, la excreción urinaria de bilirrubina puede aumentar en presencia de colestasis intrahepática del embarazo, hepatitis viral, preeclampsia con compromiso hepático o síndrome HELLP, cuadros en los que la disfunción hepatocelular o la obstrucción biliar impiden la excreción normal de bilirrubina hacia el intestino(19,21,22). En estas condiciones, la tira reactiva muestra bilirrubina positiva (+, ++ o +++) a menudo acompañada de urobilinógeno disminuido o ausente, lo que orienta hacia un origen obstructivo o colestásico. 

Asimismo, algunos medicamentos (sulfonamidas, anticonceptivos, metildopa) o infecciones virales pueden inducir colestasis medicamentosa o hepatitis leve con bilirrubinuria transitoria(20,21). En casos más graves, la bilirrubina en orina puede ser uno de los primeros signos de daño hepático asociado a preeclampsia severa o síndrome HELLP, precediendo incluso las alteraciones enzimáticas séricas. Su detección indica alteración en el metabolismo hepático o en el flujo biliar y requiere confirmación mediante estudios de función hepática, determinación sérica de bilirrubina fraccionada y evaluación obstétrica integral, dada su asociación con patologías hepáticas y obstétricas de alto riesgo. 

Proteínas
La presencia de proteinuria durante el embarazo permite diferenciar entre cambios fisiológicos y manifestaciones tempranas de patología renal o hipertensiva. En la gestación normal, el aumento del filtrado glomerular y la expansión del volumen plasmático generan una eliminación leve de proteínas, considerada fisiológica cuando no supera los 300 mg en 24 horas o se limita a trazas (± o +) en la tira reactiva. Sin embargo, la aparición de resultados de 2+ a 3+ (“++” o “+++”) indica una proteinuria significativa o severa que refleja aumento de la permeabilidad glomerular y exige una evaluación clínica inmediata. 

La proteinuria puede observarse de manera transitoria en cuadros benignos —como fiebre, ejercicio o infección urinaria—, pero su persistencia o magnitud orienta a patología. Entre estas, la preeclampsia ocupa un lugar central: se diagnostica a partir de las 20 semanas cuando existe hipertensión arterial (≥ 140/90 mmHg), la cual debe estar asociada a síntomas de disfunción orgánica. Entre estas alteraciones está la proteinuria ≥ 300 mg/24 h o relación proteína/creatinina ≥ 0,3, siendo la presencia de valores ≥ “++” o “+++” en el examen de orina un criterio de alarma. Este hallazgo traduce daño endotelial glomerular característico y continúa siendo un marcador clave para distinguir la preeclampsia de la hipertensión gestacional simple(23-25). 

Asimismo, la proteinuria intensa puede evidenciar nefropatías preexistentes (lúpica, diabética, glomerulonefritis) o un daño renal gestacional nuevo. En todos los casos, su detección requiere confirmación cuantitativa y seguimiento. 

pH
El pH urinario refleja el equilibrio ácido–base del organismo y depende del metabolismo, la dieta y la función renal. En condiciones normales, la orina presenta un pH variable entre 4,5 y 8,0, con un rango promedio de 6,0 a 6,5, levemente ácido por la excreción de ácidos fijos. Durante el embarazo, los cambios fisiológicos —como el aumento del filtrado glomerular, la alcalinización relativa de la sangre y la mayor excreción de bicarbonato— pueden modificar levemente el pH urinario, aunque éste suele mantenerse dentro de los límites normales(1-3). 

El pH puede aumentar (alcalinización) por dietas ricas en frutas y verduras, infecciones urinarias por bacterias productoras de ureasa (Proteus, Klebsiella), vómitos prolongados o tratamiento con antiácidos. En contraste, un pH ácido (menor a 5,5) se asocia con ayuno, deshidratación, fiebre, dietas hiperproteicas o cetoacidosis diabética(26,27). En gestantes con vómitos intensos o hiperémesis, la pérdida de cloro y la alcalosis metabólica pueden elevar el pH urinario, mientras que en casos de cetonuria o diabetes gestacional tiende a descender. 

La interpretación del pH urinario en el embarazo tiene relevancia clínica por varias razones. En primer lugar, orienta el tipo de uropatógeno probable: la orina alcalina sugiere infecciones por bacterias ureolíticas, mientras que la orina ácida favorece el crecimiento de E. coli. Además, un pH persistentemente anómalo puede indicar trastornos metabólicos o renales, y afecta la formación de cálculos urinarios, predominando los de fosfato en pH alto y los de urato o cistina en pH bajo(26-28). 

Eritrocitos
La presencia de hematuria es un hallazgo relativamente frecuente durante el embarazo y puede tener causas tanto benignas como patológicas. En condiciones normales, el examen de orina puede mostrar 0 a 3 eritrocitos por campo de alto poder (HPF) o su equivalente menos 20 eritrocitos/µL, rango considerado fisiológico y que no requiere intervención(1,3,7). Valores superiores a estos umbrales indican hematuria microscópica y deben ser evaluados según el contexto clínico. 

Durante la gestación, diversos factores pueden favorecer la aparición de hematuria leve sin patología renal significativa, como congestión vascular del tracto urinario, presión mecánica del útero grávido sobre la vejiga, o aumento del flujo renal(1). Esta hematuria transitoria suele resolverse espontáneamente y no se asocia a complicaciones materno-fetales. No obstante, cuando el sedimento muestra resultados persistentes o cuantiosos —por ejemplo, “++” o “+++” de sangre en la tira reactiva—, es necesario descartar causas patológicas(3,7). 

Las etiologías más frecuentes de hematuria en el embarazo son las infecciones urinarias (cistitis o pielonefritis), donde los eritrocitos se acompañan de leucocitos y bacteriuria, y la urolitiasis, que puede provocar micro o macrohematuria asociada a cólico renal(3,7). En casos más graves, la hematuria puede reflejar preeclampsia con compromiso renal, glomerulonefritis o síndrome HELLP, donde el daño endotelial glomerular y la hemólisis microangiopática explican la pérdida de eritrocitos por la orina(1,29,30). 

La persistencia de hematuria después del parto o su asociación con proteinuria significativa justifica una evaluación nefrológica. En síntesis, la presencia de eritrocitos en el sedimento urinario de la embarazada debe interpretarse de manera integral, correlacionando con los hallazgos clínicos, la presión arterial y el urocultivo, pues constituye un signo inespecífico, pero valioso para detectar complicaciones renales u obstétricas tempranas(7,29,30). 

Gravedad específica
La gravedad específica (GE) de la orina refleja la capacidad del riñón para concentrar o diluir los solutos excretados y, por tanto, es un indicador indirecto del estado de hidratación y de la función tubular renal. En mujeres sanas, los valores normales oscilan entre 1,005 y 1,030, siendo el promedio habitual 1,015–1,025. Durante el embarazo, el incremento del filtrado glomerular (30–50%) y la expansión del volumen plasmático producen una orina ligeramente más diluida, con valores de gravedad específica en el rango inferior de lo normal, aunque sin alterar la capacidad de concentración renal(1-3). 

Una gravedad específica baja (menor que 1,010) suele indicar dilución urinaria por alta ingesta de líquidos, diuréticos o diuresis osmótica leve del embarazo. En contraste, valores elevados (mayor que 1,025) pueden observarse en deshidratación, vómitos intensos, fiebre o pérdida excesiva de líquidos, como ocurre en la hiperémesis gravídica o en cuadros febriles prolongados(31,32). 

Desde el punto de vista clínico, la interpretación de la GE es fundamental para validar otros paráwww. metros del examen de orina. En muestras muy diluidas, la concentración de leucocitos, eritrocitos o proteínas puede subestimarse, generando falsos negativos. De igual modo, una GE persistentemente baja (menor que 1,010) puede sugerir incapacidad tubular de concentración, observada en nefropatías crónicas o daño renal asociado a preeclampsia severa(2,33). 

En resumen, durante el embarazo la gravedad específica urinaria se mantiene dentro de los límites fisiológicos bajos. Su desviación significativa, especialmente cuando se asocia a proteinuria, hematuria o cetonuria, requiere investigación adicional, pues puede reflejar alteraciones hidroelectrolíticas, metabólicas o renales que comprometen la homeostasis materno-fetal. 

Cetonas
La presencia de cetonas en la orina refleja un estado metabólico en el cual el organismo utiliza grasas como fuente principal de energía debido a una disminución en la disponibilidad o utilización de glucosa. En condiciones normales, la orina de una mujer embarazada no contiene cetonas detectables, aunque es posible observar trazas ocasionales en situaciones de ayuno prolongado, ejercicio intenso o náuseas con vómitos matutinos. Estos hallazgos aislados suelen ser fisiológicos y transitorios. 

Durante el embarazo, las demandas energéticas aumentan y el metabolismo materno se orienta hacia un estado de resistencia a la insulina mediado por hormonas placentarias. Esto predispone a una mayor movilización de lípidos y a la producción de cuerpos cetónicos —acetoacetato, beta-hidroxibutirato y acetona—, especialmente en ayuno o en periodos de vómitos persistentes(4,6,34). Sin embargo, la cetonuria persistente o en concentraciones elevadas (++ o +++ en la tira reactiva) es patológica y puede reflejar descompensación metabólica. 

Las causas más relevantes en el embarazo son el ayuno prolongado, la hiperémesis gravídica y la diabetes mellitus gestacional o preexistente. En la hiperémesis gravídica, la cetonuria indica depleción energética y deshidratación, y su intensidad se correlaciona con la severidad del cuadro(31,32). En la diabetes gestacional mal controlada, la presencia de cetonas en orina o sangre evidencia déficit de insulina y riesgo de cetoacidosis diabética, una urgencia obstétrica potencialmente mortal, tanto para la madre como para el feto(35). 

Por ello, la detección de cetonas en el examen de orina tiene un valor diagnóstico y pronóstico significativo. En gestantes sanas, su resultado debe ser negativo; cuando es positivo, obliga a descartar hipoglucemia, ayuno, vómitos severos o diabetes, e implementar medidas de rehidratación y control metabólico inmediato. 

Ácido ascórbico
El ácido ascórbico (vitamina C) es un antioxidante hidrosoluble esencial que participa en múltiples procesos metabólicos, incluyendo la síntesis de colágeno, la absorción de hierro y la protección frente al estrés oxidativo. Durante el embarazo, su concentración plasmática suele disminuir ligeramente debido al aumento del volumen sanguíneo y a las demandas fetoplacentarias. Parte del exceso ingerido se elimina por orina, por lo que la detección de ácido ascórbico en el examen urinario suele reflejar un aporte dietético o suplementario elevado más que una condición patológica(36-38). 

En el examen de orina rutinario, la tira reactiva puede mostrar trazas o resultados positivos de ácido ascórbico, especialmente en gestantes que consumen suplementos prenatales o frutas cítricas. Estos valores carecen de significado clínico directo, pero son relevantes porque el ácido ascórbico puede interferir químicamente con otras determinaciones urinarias, originando falsos negativos en pruebas de glucosa, sangre, bilirrubina, nitritos y leucocitos, debido a su capacidad reductora sobre los colorantes empleados en las tiras reactivas(39,40). 

En consecuencia, un resultado positivo de vitamina C no indica enfermedad, pero obliga a interpretar con cautela los demás parámetros del examen, ya que podría enmascarar hematuria, glucosuria o bacteriuria. No existen valores de referencia clínicos establecidos; se considera normal su ausencia o trazas leves. 

Urocultivo
Corresponde al examen de elección para la detección de la bacteriuria asintomática (BA) en el embarazo, cuya prevalencia oscila entre el 2% y el 10%(41). Su importancia radica en que, a diferencia del uroanálisis convencional (tira reactiva), posee una sensibilidad superior para identificar colonizaciones que, de no ser tratadas, progresan a pielonefritis en hasta un 40% de los casos, aumentando significativamente el riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer(42). 

Se postula que la infección urinaria activa una cascada de inflamación sistémica, estrés oxidativo y liberación de citoquinas proinflamatorias que exacerban la disfunción endotelial y la placentación anómala, llegando a elevar el riesgo relativo de trastornos hipertensivos hasta 3.2 veces(43). 

CONCLUSIÓN
El examen general de orina continúa siendo una herramienta diagnóstica esencial en el seguimiento prenatal, ya que permite detectar de manera temprana alteraciones metabólicas, renales, hepáticas e infecciosas que pueden comprometer la salud materno- fetal. Durante el embarazo, los cambios fisiológicos en la hemodinámica renal y en la función tubular —como el aumento del filtrado glomerular y la disminución del umbral de reabsorción de glucosa— modifican de forma natural la composición urinaria, haciendo necesario interpretar cada parámetro en el contexto clínico de la gestante(1-3). 

La identificación de glucosuria, proteinuria o cetonuria persistentes constituye una alerta de posibles patologías como diabetes mellitus gestacional o preeclampsia, ambas asociadas a morbilidad perinatal significativa(4-6,23-25). Del mismo modo, la detección oportuna de leucocituria y nitritos positivos permite diagnosticar y tratar infecciones urinarias que, si no se abordan a tiempo, pueden evolucionar hacia pielonefritis o parto prematuro(7-12,14-16). 

Otros parámetros, como la bilirrubina, el urobilinógeno y el pH urinario, aportan información complementaria sobre la función hepática, el metabolismo y el equilibrio ácido–base(17-21,26-28). Su análisis conjunto con la gravedad específica y el examen microscópico del sedimento refuerza el valor clínico del uroanálisis como prueba integral de cribado obstétrico. 

El urocultivo corresponde al examen de elección para la detección de la bacteriuria asintomática y aporta la certeza microbiológica necesaria para instaurar un tratamiento antibiótico dirigido. No solo es una prueba diagnóstica de infección, sino también un marcador predictivo de morbilidad materna severa que permite intervenciones tempranas para mitigar el daño vascular y metabólico durante la gestación(41,42). 

En síntesis, la correcta interpretación del examen de orina y el urocultivo en el embarazo exige un conocimiento profundo de los cambios fisiológicos maternos y de las posibles interferencias analíticas. Integrar los hallazgos de laboratorio con la evaluación clínica y obstétrica permite optimizar la detección precoz de complicaciones y reducir los riesgos asociados para la madre y el feto. Por su accesibilidad, reproducibilidad y alto rendimiento diagnóstico, el uroanálisis se mantiene como un pilar en la práctica obstétrica moderna y en la medicina preventiva materno-fetal(32-35). 

REFERENCIAS
1. Davison JM, Dunlop W. Renal hemodynamics and tubular function in normal human pregnancy. Kidney Int 1980;18:152–61. 
2. Cheung KL, Lafayette RA. Renal physiology of pregnancy. Adv Chronic Kidney Dis 2013;20:209–14. 
3. Kessler YV, T Iu Ivanets, V G Kolod Ko. Reference intervals of main parameters of urine for pregnant women using Sysmex UF- 1000i/500i. Clin Chim Acta 2017;471:170–6. 
4. Metzger BE, Gabbe SG, Persson B, Buchanan TA, Catalano PA, Dammet P E et al. International Association of Diabetes and Pregnancy Study Groups Consensus Panel: Hyperglycemia and adverse pregnancy outcomes. Diabetes Care 2010;33:676–82. 
5. American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Gestational diabetes mellitus: Practice Bulletin No. 190. Obstet Gynecol 2018;131:e49–e64. 
6. Catalano PM, Shankar K. Obesity and pregnancy: mechanisms of short term and long term adverse consequences for mother and child. BMJ 2017;356:j1. 
7. American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Urinary tract infections in pregnant individuals. Clin consens. Obstet Gynecol 2023;142:e65–e78. 
8. Nicolle LE, Gupta K, Bradley SF, L, Colgan R, DeMuri GP, Drekonja D et al. Clinical practice guideline for the management of asymptomatic bacteriuria: 2019 Update by the Infectious Diseases Society of America. Clin Infect Dis 2019;68:e83–e110. 
9. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Prevention of perinatal group B Streptococcal disease: Revised guidelines. MMWR Recomm Rep 2021;70:1–36. 
10. Gilstrap LC, Ramin SM. Urinary tract infections during pregnancy. Obstet Gynecol Clin North Am 2001;28:581–91. 
11. Karikari AB, Saba CK, Yamik DY. Assessment of asymptomatic bacteriuria and sterile pyuria among antenatal attendants in hospitals in northern Ghana. BMC Pregnancy Childbirth 2020;20:239. 
12. Opare-Asamoah K, Vicar EK, Sosu JX, Nyarko E, Mustapha SZ, Mumuni KA et al. Prevalence of urinary tract infections and antibiotic susceptibility patterns of bacterial isolates in first-time ANC attendees in Ghana. BMC Pregnancy Childbirth 2025;25:483. 
13. US Preventive Services Task Force. Screening for asymptomatic bacteriuria in adults: US Preventive Services Task Force recommendation statement. JAMA 2019;322:1188–94. 
14. Kristensen LH, Winther R, Colding- Jørgensen JT, Pottegård A, Nielsen H, Bodilsen J et al. Diagnostic accuracy of dipsticks for urinary tract infections in acutely hospitalised patients: a prospective population-based observational cohort study. BMJ Evid Based Med 2025;30:36-44. 
15. Devillé WL, Yzermans JC, van Duijn NP, Bezemer PD, van der Windt DAWM, Bouter LM. The urine dipstick test useful to rule out infections: a meta-analysis of accuracy. BMC Urol 2004;4:4. 
16. Schmiemann G, Kniehl E, Gebhardt K, Matejczyk MM, Hummers-Pradier E. The diagnosis of urinary tract infection: a systematic review. Dtsch Arztebl Int 2010;107:361–7. 
17. Sherlock S, Dooley J. Diseases of the liver and
biliary system. 12th ed. Oxford: Blackwell
Science; 2011.
18. Burtis CA, Bruns DE, eds. Tietz fundamentals of clinical chemistry and molecular diagnostics. 8th ed. Elsevier; 2019. 
19. Geenes V, Williamson C. Intrahepatic cholestasis of pregnancy. World J Gastroenterol 2009;15:2049–66. 
20. Bacq Y, Zarka O, Bréchot JF, Gronbaek M, Borch-Johnsen K, Muller C F et al. Liver function tests in normal pregnancy: a prospective study of 103 pregnant women and 103 matched controls. Hepatology 1996;23:1030–4. 
21. Haram K, Mortensen JH, Nagy B. Genetic aspects of preeclampsia and the HELLP syndrome. J Pregnancy 2014;2014:910751. 
22. Sibai BM. Diagnosis and management of gestational hypertension and preeclampsia. Obstet Gynecol 2003;102:181–92. 
23. American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Hypertension in pregnancy. Practice Bulletin No. 222. Obstet Gynecol 2020;135(6):e237-e260. 
24. Magee LA, Brown MA, Hall DR, Gupte S, Hennessy A, Karumanchi SA et al. The 2021 ISSHP classification, diagnosis and management recommendations for hypertensive disorders of pregnancy. Pregnancy Hypertens 2022;27:148-69. 
25. Brown MA, Magee LA, Kenny LC, S Karumanchi A, McCarthy FP, Saito S et al. Hypertensive disorders of pregnancy: ISSHP classification, diagnosis, and management recommendations. Hypertension 2018;72:24-43. 
26. Alpern RJ, Moe OW, Caplan MJ, eds. Seldin and Giebisch’s The Kidney: Physiology and pathophysiology. 5th ed. Academic Press; 2013. 
27. Wilson ML, Gaido L. Laboratory diagnosis of urinary tract infections in adult patients. Clin Infect Dis 2004;38:1150-8. 
28. Worcester EM, Coe FL. Nephrolithiasis. Prim Care 2008;35:369–91.
29. Poon LC, Shennan A, Hyett JA, Kapur A, Hadar E, Divakar H et al. The International Federation of Gynecology and Obstetrics (FIGO) initiative on pre-eclampsia: a pragmatic guide for first-trimester screening and prevention. Int J Gynaecol Obstet 2019;145(S1):1–33. 
30. Stehman-Breen C, Miller L, Fink J, Schwartz SM. Pre-eclampsia and premature labour among pregnant wowen with haematuria. Paediatr Perinat Epidemiol 2000;14:136-40. 
31. Verberg MF, Gillott DJ, Al-Fardan N, Grudzinskas JG. Hyperemesis gravidarum, a literature review. Hum Reprod Update 2005;11:527–39. 
32. Tan PC, Vani S, Lim BK, Omar SZ. Ketonuria in hyperemesis gravidarum: associated factors and pregnancy outcome. Eur J Obstet Gynecol Reprod Biol 2010;152:165–9. 
33. Bramham K, Seed PT, Lightstone L, Nelson- Piercy C, Chappell LC. Diagnostic and predictive biomarkers for pre-eclampsia in pregnant women with chronic kidney disease. Kidney Int 2016;89:874–85. 
34. Herrera E, Ortega-Senovilla H. Maternal lipid metabolism during normal pregnancy and its implications to fetal development. Clin Lipidol 2010;5:899–911. 35. Boulvain M, Stan C, Irion O. Ketonuria in pregnant women with diabetes mellitus: association with maternal and fetal outcomes. Am J Obstet Gynecol 1999;181:435–9. 
36. Lykkesfeldt J, Christen S, Wallock LM, Chang HH, Jacob RA, Ames BN. Ascorbate is depleted by smoking and repleted by moderate supplementation: a study in pregnant women. Am J Clin Nutr 2000;71:1181–6. 
37. Ortega RM, Martínez RM, López-Sobaler AM, Andrés P, Quintas ME. Dietary intake and nutritional status of pregnant women with light tobacco consumption: influence of smoking on vitamin C status. Nutrition 1998;14:534–9. 
38. Fain O. Vitamin C in human health and disease is still a mystery? An overview. Nutr J 2021;20:3. 
39. Tighe RM, Fairley KF. Interference of ascorbic acid with the chemical testing of urine. Pathology 1979;11:593–600. 
40. Schrot RJ, Patel K, Foulis P. Ascorbic acid interference with urine dipstick testing. J Am Board Fam Med 2007;20:527–33. 
41. Habak PJ, Carlson K, Griggs, Jr RP. Urinary tract infection in pregnancy. [Updated 2024 Apr 20]. In: StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2026 Jan. Disponible en: https://www.ncbi.nlm. nih.gov/books/NBK537047/ 
42. American College of Obstetricians and Gynecologists. Urinary tract infections in pregnant individuals. Clinical Consensus No 4. Obstet Gynecol 2023;142:435–45. 
43. Arunaa, R., Dakshinamurthy, P. (2025). From infection to hypertension: exploring the association between urinary tract infection and development of preeclampsia. International Journal of Reproduction, Contraception, Obstetrics and Gynecology 14;12:4254–8.

Correspondencia:

Hospital Clínico Universidad de ChileDr. Hugo Salinas Portillo

Hospital Clínico Universidad de ChileDepartamento de Obstetricia y Ginecología, Hospital Clínico U. de Chile

Hospital Clínico Universidad de Chile[email protected]

Hospital Clínico Universidad de Chile569 2978 8208