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Uso de pélets de testosterona en el climaterio: revisión de la literatura

RESUMEN
Objetivo: Sintetizar la evidencia actual sobre eficacia, seguridad y aspectos regulatorios de la terapia con testosterona en mujeres climatéricas, con énfasis en los pélets subcutáneos. Métodos: Se realizó una revisión narrativa selectiva (2015–2025) de guías, estudios observacionales y una revisión sistemática, utilizando PubMed como fuente principal. Resultados: Existe evidencia sólida que respalda el uso de testosterona sistémica únicamente para el trastorno de deseo sexual hipoactivo en mujeres posmenopáusicas, con beneficios modestos, pero clínicamente relevantes cuando las formulaciones transdérmicas mantienen niveles fisiológicos femeninos. Los pélets —generalmente preparados magistralmente— muestran una farmacocinética impredecible, con picos suprasfisiológicos tempranos, escasa reversibilidad y mayor frecuencia de eventos adversos androgénicos; la seguridad cardiovascular y mamaria a largo plazo sigue siendo incierta. Conclusión: Las formulaciones transdérmicas y titulables deben ser preferidas. Dadas las limitaciones metodológicas y los problemas de seguridad, los pélets de testosterona no deben utilizarse de forma rutinaria mientras no exista evidencia aleatorizada de alta calidad y largo plazo.
Palabras clave: menopausia, terapia con testosterona, trastorno de deseo sexual hipoactivo, pélets subcutáneos

SUMMARY
Objective: To synthesize current evidence on efficacy, safety, and regulatory aspects of testosterone therapy in climacteric women, with a focus on subcutaneous pellets. Methods: A selective narrative review (2015–2025) of guidelines, observational studies and one systematic review was conducted across PubMed. Results: Robust evidence supports systemic testosterone only for postmenopausal hypoactive sexual desire disorder, with modest but clinically meaningful benefits when transdermal formulations maintain physiological female levels. Pellets—typically compounded—show unpredictable pharmacokinetics with early supraphysiologic peaks, limited reversibility, and greater androgenic adverse events; long-term cardiovascular and breast safety remains uncertain. Conclusion: Transdermal, titratable preparations should be preferred. Given methodological limitations and safety concerns, testosterone pellets should not be routinely used pending high-quality, long-term randomized evidence.
Keywords: menopause, testosterone therapy, hypoactive sexual desire disorder, subcutaneous pellets

Rev Hosp Clín Univ Chile 2026; 37: 66 - 75. DOI: 10.5354/2735-7996.2026.81744
Constanza Almuna A., Cristóbal Iglesias A., Cristián Sánchez E., Nedenka Morales G., Hugo Salinas P.

La testosterona es el esteroide gonadal activo más abundante en la mujer, con concentraciones superiores al estradiol(1). Se produce en ovarios y corteza suprarrenal, además de generarse por conversión periférica de andrógenos(2). Sus niveles disminuyen progresivamente con la edad, reduciéndose a la mitad hacia los 40 años respecto de la tercera década de vida(2,3). 

Actúa como precursora del estradiol, mediante aromatización y a través de sus efectos androgénicos directos(2). Sus receptores se distribuyen ampliamente en tejidos genitales, musculares, óseos y sistema nervioso central, participando en funciones sexuales, metabólicas y de bienestar(2). 

En la posmenopausia, la deficiencia androgénica se ha asociado a disminución del deseo sexual, fatiga, irritabilidad y pérdida de masa muscular y ósea(4). El trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH) afecta a más de 16 millones de mujeres mayores de 50 años y su prevalencia se duplica tras la menopausia(5). Aunque la testosterona influye en la respuesta sexual, el deseo y líbido femenina involucran también factores psicológicos y sociales(2,3). 

El potencial terapéutico de los andrógenos en mujeres ha sido investigado desde hace 80 años y los primeros reportes sobre su relación con la líbido femenina datan de 1940-1943(2). El uso subcutáneo de testosterona se documentó ya en 1937 y los implantes se utilizaron durante décadas para tratar síntomas menopáusicos(6). 

La testosterona se ha administrado en forma oral, inyectable, transdérmica o mediante implantes (pélets)(7). Estos últimos contienen testosterona cristalina y ofrecen alta adherencia y ausencia de transferencia cutánea(7). 

Durante los últimos 20 años, diferentes preparaciones de testosterona denominadas “bioidénticas” se han expandido en el ámbito comercial(2). Clínicas privadas han promovido los pélets como “chip sexual” o “terapia antienvejecimiento”, muchas veces sin respaldo científico ni control regulatorio(8). El término bioidéntico se utiliza como estrategia de marketing para sugerir naturalidad y seguridad, pese a la falta de evidencia robusta(8). 

Actualmente, el uso de implantes de testosterona ha crecido en EEUU y Latinoamérica(7). Un análisis de siete años reportó más de 1,2 millones de implantes en 376.000 pacientes, 85% mujeres(7). Sin embargo, ninguna formulación de testosterona está aprobada por la FDA, EMA ni ISP para manejo de síntomas menopáusicos(5).

Por otra parte, cuando se considera implementar una terapia con testosterona, dado que su objetivo es restaurar niveles fisiológicos premenopáusicos, individualizando las dosis para minimizar efectos adversos(3), se prefieren las formulaciones transdérmicas en gel o parche, los que permiten alcanzar niveles estables cercanos a 50 ng/dl(2) . En el uso off label en mujeres, la dosis debe corresponder a una décima parte de la masculina(9). 

Si bien existen los pélets de testosterona, estos son productos compuestos sin estandarización ni estudios que demuestren seguridad y eficacia a largo plazo(10). Aunque ofrecen conveniencia y adherencia, se asocian a niveles séricos suprafisiológicos(2) con mayor frecuencia de efectos androgénicos, como hirsutismo, acné y cambios vocales(5). Además, al no poder retirarse fácilmente, la exposición prolongada ante efectos secundarios es un riesgo relevante(11). 

El presente artículo resume los resultados de una revisión actualizada sobre el uso de pélets de testosterona en el climaterio, con el objetivo de presentar una perspectiva actualizada sobre el perfil de eficacia y seguridad de estos, describir sus principales efectos adversos y riesgos, e integrar las recomendaciones actuales sobre el uso de testosterona en el climaterio. 

Se realizó una revisión bibliográfica selectiva y narrativa sobre el uso de testosterona en el climaterio, incluyendo su formulación en pélets. Se privilegiaron revisiones narrativas, guías clínicas, estudios observacionales y una revisión sistemática. La búsqueda se efectuó en PubMed, limitando a publicaciones entre 2015 y 2025. Se emplearon los términos “menopause”, “testosterone therapy”, “hypoactive sexual desire disorder” y “subcutaneous pelets”. 

Los datos extraídos se sintetizaron de forma descriptiva y narrativa para estructurar la revisión, enfatizando en datos sobre el perfil de eficacia y seguridad de los pélets de testosterona, describir sus principales efectos adversos y riesgos, e integrar las recomendaciones actuales sobre el uso de testosterona en el climaterio. 

 

FUNDAMENTOS FISIOLÓGICOS

La base fisiológica para el uso de testosterona en la posmenopausia radica en su papel integrador en la función metabólica, vascular, reproductiva y músculo-esquelética(2). Circula en concentraciones mayores que el estradiol y actúa de forma directa o tras su conversión a estradiol por aromatasa(2). 

La testosterona es sintetizada en los ovarios (25%), la corteza suprarrenal (25%) y principalmente por conversión periférica (50%) a partir de precursores como la androstenediona(2,12). En la posmenopausia, más del 80% de la actividad androgénica proviene de producción intracrina local a partir de DHEA y otros precursores adrenales en tejidos diana(12), lo que explica que las concentraciones séricas no reflejan necesariamente la disponibilidad tisular(12). 

A nivel celular, la testosterona actúa mediante el receptor androgénico (AR), un factor de transcripción nuclear que modula la expresión génica en múltiples tejidos(9). En sistema nervioso central regula la motivación sexual y respuesta al estímulo; en tejido óseo estimula la formación osteoblástica y en músculo promueve la síntesis proteica y la fuerza(9,12). 

El síndrome de deficiencia androgénica en la posmenopausia puede presentarse con TDSH, disminución de energía, alteraciones del ánimo y pérdida de masa magra(6). 

La única indicación basada en evidencia (Nivel I, Grado A) para testosterona sistémica en mujeres es el tratamiento del TDSH posmenopáusico(3). En dosis que aproximan niveles fisiológicos premenopáusicos, la testosterona mejora la función sexual, incluyendo aumentos en deseo, excitación, orgasmo, placer y frecuencia de eventos sexuales satisfactorios, y reducción de angustia personal(3), siendo relevante evitar concentraciones suprafisiológicas asociadas a efectos adversos(5).


TIPOS DE FORMULACIONES DISPONIBLES YFARMACOCINÉTICA DE PÉLETS

Formulaciones transdérmicas: la vía recomendada
Las formulaciones transdérmicas (parches, geles y cremas), constituyen la opción preferida por su farmacocinética estable y su seguridad comprobada(3,9,13,14). Permiten liberación continua y controlada, evitando picos suprafisiológicos, manteniendo niveles en el rango femenino(3,9,13,14). Parches de 300 μg/día o geles al 1% han demostrado eficacia en la mejoría del deseo sexual y bienestar(3,9,13). Esta vía permite suspender el tratamiento ante efectos adversos, lo que constituye una ventaja de seguridad(3,8,9,13). 

Formas inyectables: picos séricos e inestabilidad
Las inyecciones intramusculares de testosterona utilizadas históricamente en varones no se recomiendan en mujeres por su farmacocinética impredecible(3). Tras la administración, se observan amplias oscilaciones séricas, con picos suprafisiológicos y descensos posteriores, generando variación sintomática y mayor incidencia de efectos adversos(3,9). Además, podría inducir reacciones inflamatorias(3,8). 

Pélets subcutáneos: farmacocinética y controversias
Los pélets subcutáneos son implantes sólidos del tamaño similar a un grano de arroz, siendo preparaciones compuestas para liberar testosterona durante tres a seis meses(4,5,10). Su atractivo es la comodidad y la liberación prolongada, pero su farmacocinética es altamente variable e impredecible(4,5,10). Los estudios describen picos séricos tempranos, especialmente entre la cuarta y sexta semana que frecuentemente superan el rango fisiológico femenino(4,5,10). Se han reportado concentraciones de 250-299 ng/ dL a un mes tras pélets de 100 mg(4,5). Estas elevaciones sostenidas favorecen efectos androgénicos, como acné, hirsutismo, alopecia e incluso alteraciones psiquiátricas graves(2,4,11). La absorción y metabolismo presentan importante variabilidad interindividual, dificultando monitorización y ajuste de dosis(4,5,10). A diferencia de terapias tópicas, los pélets no pueden retirarse fácilmente, impidiendo la suspensión rápida ante efectos adversos o sobredosis(5,8,10). 

EVIDENCIA DE EFICACIA CLÍNICA

La evidencia sobre testosterona en mujeres se centra casi exclusivamente en TDSH, única indicación con respaldo de alta calidad(3,9,13). La mayoría de los datos proviene de ensayos clínicos controlados aleatorizados que evaluaron formulaciones transdérmicas o parches de liberación controlada, administradas en dosis que mantienen niveles fisiológicos premenopáusicos(3,9). Metaanálisis y consensos internacionales confirman un efecto positivo sobre función sexual cuando se respeta dicho rango(3,9,13). 

Los beneficios incluyen aumento del deseo sexual, mayor frecuencia de eventos sexuales satisfactorios (en promedio un evento adicional por mes respecto a placebo) y mejoría en placer, excitación, orgasmo, capacidad de respuesta y reducción de la angustia(3,9). Estos resultados se consideran clínicamente relevantes y reproducibles en mujeres posmenopáusicas con diagnóstico de TDSH. No obstante, no hay evidencia que respalde testosterona para bienestar general, rendimiento cognitivo, prevención de pérdida ósea o mejoría del perfil cardiovascular(2,3). 

La eficacia de la testosterona sistémica se clasifica como evidencia Nivel I, Grado A, sustentada en ensayos controlados y revisiones sistemáticas de alta calidad(3,9), restringida a formulaciones transdérmicas en TDSH con beneficio modesto, pero consistente sobre la función sexual(3,9). 

En contraste, la evidencia sobre pélets subcutáneos es de bajo nivel. Las revisiones concluyen que su efectividad no ha sido demostrada en estudios controlados(2,4,5,10). No existen ensayos clínicos aleatorizados que evalúen beneficios y riesgos de implantes de testosterona en mujeres ni en deseo ni en desempeño sexual(2) y se ha señalado que los riesgos potenciales superan los supuestos beneficios, dada la imposibilidad de titulación y ausencia de controles placebo(2,10). 

La mayoría de los estudios con pélets son cohortes retrospectivas u observacionales con limitaciones metodológicas, ausencia de grupo control y sesgo de selección por reclutamiento en clínicas privadas(2,5,10). 

SEGURIDAD Y EFECTOS ADVERSOS

La seguridad de la terapia de testosterona depende de mantener concentraciones dentro del rango fisiológico femenino(9,13,14): a mayores concentraciones aumentan efectos adversos, principalmente androgénicos, metabólicos y psiquiátricos(2,11,13). 

Efectos androgénicos (comunes y leves/moderados)
Los efectos adversos más frecuentes son androgénicos. Un metaanálisis de ensayos aleatorizados mostró aumento del riesgo de acné (RR 1,46) e hirsutismo (RR 1,69) frente a placebo, sin evidencia de alopecia, clitoromegalia ni voz grave con dosis fisiológicas transdérmicas(9,13). En pélets, la literatura observacional describe incidencias variables: vello facial entre 5,3% y 85,7%, y acné entre 2,6% y 11,2% con dosis de 75-100 mg(4). 

Otros efectos menos frecuentes incluyen alopecia de patrón masculino, aumento de peso y sangrado uterino anormal, generalmente spotting(8,9). En general, estos eventos aparecen en los primeros meses, suelen ser leves y rara vez irreversibles; habitualmente revierten al reducir dosis o suspender tratamiento(7,9,13). 

Efectos severos
Los eventos graves, potencialmente irreversibles, como virilización persistente, engrosamiento de la voz y clitoromegalia, se vinculan a niveles suprafisiológicos sostenidos(2,9,14), descritos sobre todo con pélets. 

En 2024 se reportó el caso de una paciente posmenopáusica con más de 10 años de uso continuo de pélets y niveles suprafisiológicos que desarrolló síntomas ansiosos, delirios paranoides, agitación y pensamientos impulsivos de daño. El cuadro revirtió tras suspender los implantes(11). 

Con formulaciones de testosterona en niveles no fisiológicos se han descrito además colestasis, elevación de transaminasas, neoplasias hepatocelulares y peliosis hepática(2). Aunque estos cuadros se observan principalmente con preparaciones orales o dosis elevadas, se recomienda monitorizar función hepática(3,4,9). 

Seguridad cardiovascular
La seguridad cardiovascular (CV) de la testosterona sistémica en mujeres no está establecida a largo plazo. Los ensayos clínicos han sido de corta duración y excluyeron mujeres de alto riesgo CV, por lo que sus resultados no son generalizables(3,4). Las terapias orales han mostrado efectos negativos sobre el perfil lipídico, por lo que se desaconsejan(3,13). Estudios con dosis fisiológicas transdérmicas no observaron cambios significativos en perfil lipídico a corto plazo(3,13). 

Evidencia observacional sugiere que la testosterona podría mejorar factores de riesgo metabólico, mediante reducción de grasa visceral y resistencia a la insulina(7) y se ha planteado un posible beneficio endotelial, aunque basado en estudios observacionales sin capacidad para establecer causalidad(7). Las guías internacionales insisten que la información sobre seguridad CV más allá de 24 meses es insuficiente y debe interpretarse con cautela(3,9). 

Niveles suprafisiológicos se han asociado a eventos trombóticos, como trombosis venosa profunda(2), por lo que se recomienda evaluación clínica de signos trombóticos durante la terapia(3,4,9).

Seguridad hematológica
La testosterona estimula la eritropoyesis, mediante receptores androgénicos en médula ósea, pudiendo producir eritrocitosis o policitemia(7,9). Sin embargo, un estudio retrospectivo con pélets no demostró incrementos significativos en hematocrito ni necesidad de flebotomía terapéutica(15). Aunque la eritrocitosis clínicamente relevante es poco frecuente, se aconseja control de hemoglobina y hematocrito cada 6-12 meses en todas las mujeres en tratamiento androgénico(4,9). 

Cáncer de mama
La relación entre testosterona y cáncer de mama es controversial. Los ensayos aleatorizados son de corta duración (≤24 meses) y no permiten evaluar riesgo a largo plazo(3,14). Estudios observacionales han comunicado menor incidencia de cáncer mamario invasivo en mujeres tratadas con pélets de testosterona sola o combinada con anastrozol, con tasas de 144- 165 casos por 100.000 persona-años frente a 271 casos por 100.000 persona-años esperados(4,6,12,16). 

No obstante, las limitaciones metodológicas, impiden establecer causalidad o un efecto protector real. Por ello, las guías NAMS e ISSWSH desaconsejan extrapolar estos resultados a la práctica clínica hasta disponer de estudios controlados a largo plazo(9,13), recomendando mantener seguimiento mamográfico estándar y prudencia en mujeres con antecedentes oncológicos(3,14). 

Complicaciones locales y procedimentales
La inserción de pélets es un procedimiento ambulatorio breve, bajo anestesia local, con buen perfil de seguridad. Estudios retrospectivos informan tasas globales de complicaciones <1%, principalmente extrusión y celulitis(1). El dolor local, eritema y hematoma son las molestias más frecuentes y se resuelven en forma espontánea(1). 

MONITORIZACIÓN CLÍNICA Y BIOQUÍMICA

La monitorización clínica y bioquímica es esencial para asegurar eficacia, evitar concentraciones suprafisiológicas y detectar efectos adversos tempranamente(2,9,13,12). Antes de iniciar el tratamiento se requiere evaluación biopsicosocial integral que confirme TDSH y descarte causas alternativas, como conflictos de pareja, depresión o fármacos que afectan la libido, en particular inhibidores de recaptura de serotonina o noradrenalina(3,9). 

La evaluación basal debe incluir testosterona total como referencia inicial para excluir mujeres con niveles normales o altos y controlar el tratamiento, evitando concentraciones suprafisiológicas, aun cuando no se utilice para diagnosticar TDSH(9,13). Se recomienda medir SHBG, ya que niveles elevados pueden disminuir la respuesta clínica(5,9). Además, se debe solicitar hematocritos y hemograma para detectar eritrocitosis(7,15) inicialmente cada 6 meses y luego anualmente, junto con perfil lipídico y pruebas hepáticas para evaluar seguridad metabólica(13). El tamizaje mamográfico debe mantenerse según edad y factores de riesgo(13). 

Para cuantificar testosterona en rango femenino se prefiere cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas en tándem (LC-MS/MS), dado que los inmunoensayos tienen baja precisión en concentraciones bajas(5,9). El objetivo es mantener T total en el rango fisiológico premenopáusico sin superar el límite superior de referencia (habitualmente 27-38,6 ng/dL)(3,9,13). 

La reevaluación se aconseja entre 3 y 6 semanas tras el inicio, para confirmar estabilidad de niveles y evolución de deseo, placer y satisfacción sexual, además de ausencia de eventos adversos(9,13). Si tras 6 meses no hay respuesta clínica significativa o aparecen signos de exceso androgénico (acné, hirsutismo, alopecia, disfonía), se debe reducir dosis o suspender tratamiento(3,9,14). 

Posteriormente, los controles deben repetirse cada 6-12 meses, incluyendo valoración clínica y exámenes de laboratorio(9,13,14). 

CONSIDERACIONES REGULATORIAS Y ÉTICAS

La testosterona para uso femenino no cuenta con aprobación de FDA, EMA ni ISP, debido a la falta de ensayos que demuestren seguridad y eficacia a largo plazo(3,9). Su prescripción es off label y los pélets subcutáneos son, en general, preparaciones compuestas sin control farmacéutico ni estandarización de potencia, pureza y liberación(9,13,14). 

En la práctica chilena, ante indicación de terapia androgénica se recomienda derivar a ginecólogo especialista en climaterio o endocrinología y privilegiar formulaciones transdérmicas titulables, en concordancia con guías internacionales(6,9,16). 

Un aspecto ético central es la imposibilidad de retirar el pélet de forma rápida ante niveles elevados o reacciones graves(2,8,10). Toda prescripción requiere consentimiento informado que explique el carácter off label, indicación terapéutica, beneficios limitados, riesgos androgénicos, cardiovasculares y oncológicos, y la existencia de alternativas transdérmicas más seguras(9,11,13). 

RECOMENDACIONES CLÍNICAS

Las recomendaciones se basan en la evidencia disponible y en consensos internacionales (Global Consensus-2019, ISSWSH-2021, NAMS-2023, ACOG-2023, BMS-2022)(8,9,13,14) y buscan guiar un uso racional y seguro de testosterona en mujeres climatéricas, priorizando eficacia, seguridad y práctica ética. 

Indicación terapéutica

La testosterona debe utilizarse solo para TDSH diagnosticado clínicamente en mujeres posmenopáusicas, tras descartar causas biológicas, farmacológicas o psicosociales(3,9,13). No existe evidencia sólida para su uso cosmético, antienvejecimiento ni para mejorar bienestar general(5,8). Las guías destacan que el diagnóstico de TDSH es clínico y que los niveles séricos de testosterona no deben emplearse como criterio diagnóstico aislado(9,13). 

El tratamiento se destina a mujeres con TDSH persistente que genera malestar personal significativo y afecta calidad de vida. Debe indicarse tras evaluación integral, idealmente interdisciplinaria que considere dimensiones psicológica, relacional y sexual(3,9,14). 

Selección de formulación y vía de administración

Se recomiendan formulaciones transdérmicas (geles, cremas, parches) que permiten dosificación precisa y estable dentro del rango fisiológico femenino(3,9,13). Estas presentaciones facilitan el ajuste según respuesta clínica y reducen el riesgo de niveles suprafisiológicos, con perfil de seguridad favorable al evitar metabolismo hepático de primer paso(13,14). 

En cambio, inyecciones intramusculares y pélets subcutáneos no se recomiendan por farmacocinética impredecible, imposibilidad de reversión rápida y mayor riesgo de picos séricos prolongados(4,5,8,10). 

Dosificación recomendada

El objetivo es mantener la testosterona total dentro del rango fisiológico premenopáusico (27-38,6 ng/dL)(3,9,13). Las guías aconsejan iniciar con dosis equivalentes a una décima parte de la masculina, habitualmente 300 µg/día de gel o crema transdérmica(9). No deben emplearse dosis mayores para acelerar la respuesta, ya que aumentan los efectos androgénicos. El ajuste debe individualizarse según respuesta sintomática y niveles séricos, evitando superar el límite superior del rango femenino(3,13).

 
Monitorización clínica y bioquímica

Antes de iniciar tratamiento se deben obtener niveles basales de tesatosterona total, SHBG, hematocrito, perfil hepático y lipídico(9,13). La reevaluación bioquímica se recomienda a las 3-6 semanas y luego cada 6-12 meses(9,13,14). 

El monitoreo clínico debe valorar función sexual, deseo y satisfacción, e incluir pesquisa activa de efectos androgénicos (acné, hirsutismo, alopecia, engrosamiento de la voz, cambios de ánimo). Ante efectos significativos, se debe reducir dosis o suspender terapia(2,4,11). 

Los niveles de testosterona no deben utilizarse para diagnosticar TDSH, sino para monitorear seguridad y evitar exceso androgénico(9,13). 

Duración del tratamiento y criterios de suspensión

La terapia debe suspenderse si no hay mejoría clínica significativa después de seis meses(3,9). No existe evidencia que respalde su seguridad más allá de 24 meses continuos. Por ello se recomienda reevaluar anualmente la necesidad terapéutica(3,13,14). 

Si se reinstaura tratamiento tras una suspensión, debe repetirse el proceso diagnóstico y documentar beneficios previos. En mujeres con niveles suprafisiológicos o efectos graves, la terapia debe interrumpirse de inmediato(2,4,8). 

Pélets subcutáneos y compuestos bioidénticos

Los pélets subcutáneos no deben indicarse en mujeres para ninguna finalidad terapéutica. Se asocian a niveles hormonales impredecibles, imposibilidad de suspensión inmediata y ausencia de estudios controlados de eficacia y seguridad(2,4,5,8,10). 

Asimismo, se deben evitar preparaciones compuestas, incluidas las denominadas bioidénticas, por falta de control de calidad, variabilidad de concentración y ausencia de farmacovigilancia(8,10,14). Estas formulaciones pueden generar niveles erráticos y aumentar el riesgo de efectos adversos graves.

 
Consentimiento informado y práctica ética

Dado que el uso de testosterona en mujeres es off label, el consentimiento informado exhaustivo es obligatorio antes de iniciar la terapia(9,11,13). Debe incluir: 
• Falta de aprobación por agencias regulatorias (FDA, EMA, ISP)(3,8) 
• Beneficios esperados, limitados al TDSH(3,9)
• Riesgos potenciales (virilización, alteraciones hepáticas, efectos psiquiátricos y ausencia de datos de seguridad CV y cáncer de mama a largo plazo)(2,4,11) 
• Dificultad de revertir el tratamiento con formulaciones no titulables como pélets(5,8)
• Existencia de alternativas seguras y reversibles, como preparados transdérmicos regulados(9,13)

La decisión terapéutica debe ser compartida entre paciente y médico, dejando constancia en ficha clínica del consentimiento firmado. Ante dudas diagnósticas o casos complejos, se recomienda la derivación a ginecólogo especialista en climaterio o endocrinología(5,9,14). 

Consideraciones complementarias

En todas las pacientes debe promoverse un enfoque integral que incluya intervenciones no farmacológicas, como educación sexual, terapia de pareja y manejo de factores psicosociales que contribuyen al TDSH(9,13). La combinación de tratamiento hormonal con apoyo psicológico y educación en salud sexual mejora la satisfacción global y reduce la necesidad de terapia prolongada(9). (Ver Tabla 1). 

CONCLUSIÓN

La terapia con testosterona en mujeres posmenopáusicas es un recurso válido únicamente para el TDSH, respaldado por evidencia de alta calidad y consenso internacional. Su eficacia se ha demostrado de forma consistente con formulaciones transdérmicas que mantienen niveles séricos en el rango fisiológico femenino, con un beneficio clínico modesto, pero significativo en deseo, excitación y satisfacción sexual. 

Por el contrario, las formulaciones no titulables, en especial pélets subcutáneos y preparados compuestos, carecen de estudios controlados que acrediten eficacia o seguridad, presentan farmacocinética impredecible, picos suprafisiológicos y no permiten suspensión inmediata ante efectos adversos. Estas características se asocian a mayor riesgo de eventos androgénicos, metabólicos y psiquiátricos, además de ausencia de control de calidad farmacéutico y de farmacovigilancia. 

El manejo clínico debe basarse en diagnóstico integral, indicación ética y principio de precaución. La monitorización periódica de función sexual, concentraciones de testosterona, hemograma y función hepática es esencial para garantizar seguridad. Si no se observa beneficio tras seis meses o aparecen efectos adversos relevantes, la terapia debe suspenderse. 

En síntesis, el uso racional de testosterona en mujeres requiere priorizar formulaciones reversibles, individualizar dosis y asegurar una comunicación clara, mediante consentimiento informado. Solo bajo estos criterios es posible equilibrar eficacia, seguridad y autonomía, evitando prácticas basadas en formulaciones no aprobadas o con escaso respaldo científico. 

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Correspondencia:

Hospital Clínico Universidad de ChileDr. Hugo Salinas Portillo

Hospital Clínico Universidad de ChileDepartamento de Obstetricia y Ginecología, Hospital Clínico Universidad de Chile

Hospital Clínico Universidad de Chile[email protected]

Hospital Clínico Universidad de Chile569 9905 8129